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viernes, 9 de enero de 2026

1835 - Ride Like the Wind - Christopher Cross


Ride Like the Wind - Christopher Cross

“Ride Like the Wind” suena como el comienzo de una película que ya está en marcha. No hay prólogo ni presentación: la canción arranca con un pulso decidido, como si alguien hubiera girado la llave y el motor ya estuviera caliente. Desde los primeros segundos, Christopher Cross propone una huida. No sabemos exactamente de qué, ni hacia dónde, pero la urgencia está ahí, latiendo bajo esa base rítmica que mezcla suavidad californiana con una tensión casi física.

La voz de Christopher Cross entra sin estridencias, clara y contenida, como la de alguien que intenta mantener la calma mientras pisa el acelerador. No grita su libertad, la susurra con convicción. “It is the night, my body’s weak…” canta, y en esa frase ya se dibuja un personaje: alguien cansado, quizá herido, pero decidido a seguir adelante. La noche no es un refugio romántico sino un territorio necesario para escapar, un espacio donde el movimiento importa más que las respuestas.

Musicalmente, la canción es un equilibrio perfecto entre elegancia y empuje. El bajo marca el camino con firmeza, la batería sostiene el avance constante y los teclados aportan ese brillo tan característico del soft rock de fines de los setenta, un sonido pulido que no por eso resulta inofensivo. Hay una sensación de velocidad controlada, como manejar por una ruta infinita con las manos firmes en el volante y la mente lejos de todo.

El estribillo no estalla: se abre. “Ride like the wind” no es una consigna heroica sino una invitación íntima, casi un mantra. La idea de correr “para ser libre otra vez” tiene algo de confesión tardía, de promesa que se hace a uno mismo cuando ya no queda mucho que perder. No es casual que Michael McDonald aparezca en los coros, elevando el final con esa voz que suena a redención posible, a llegada cercana aunque todavía invisible.

Lo interesante de la canción es que nunca explica del todo su historia. Hay referencias a hijos, a una vida que quedó atrás, a un pasado que pesa, pero todo está dicho de forma oblicua, como pensamientos que cruzan la cabeza mientras el paisaje pasa rápido por la ventanilla. Esa ambigüedad es parte de su fuerza: cada oyente puede proyectar su propia fuga, su propio motivo para seguir.

Ride Like the Wind” no trata solo de escapar, sino del impulso vital de seguir moviéndose cuando quedarse quieto ya no es una opción. Es una canción luminosa, pero no ingenua; optimista, aunque nacida del cansancio. Como un amanecer visto desde la ruta, promete algo mejor más adelante, sin garantizar nada. Y quizá por eso sigue funcionando: porque todos, en algún momento, necesitamos creer que basta con avanzar un poco más para volver a sentirnos libres.

Daniel 
Instagram storyboy 

martes, 6 de enero de 2026

1832.- Sailing - Christopher Cross


Christopher Cross era de San Antonio y pasó años trabajando duro en el circuito de clubes de la ciudad, tocando en una banda de versiones de blues-rock. Al parecer, era amigo de gente como ZZ Top y Stevie Ray Vaughan, y cuenta que una vez tocó con Deep Purple, sustituyendo a Ritchie Blackmore en un concierto en San Antonio cuando este estuvo indispuesto. Cross ya tenía veintitantos años cuando firmó con Warner Bros, cuando lanzó su álbum debut homónimo en 1979, declaró a la revista Rolling Stone que ya no le interesaba la música rock, que se conformaba con ser un artista pop puramente comercial. Christopher Cross tiene una voz magnífica que complementa a la perfección la atmósfera de paz y tranquilidad para Sailing, según el propio Christopher Cross, se inspiró en los viajes en velero que hizo con un amigo en su adolescencia, y eso se nota fácilmente en la letra. Sin embargo, también creo que se puede interpretar parte del texto de forma más figurativa que literal. En mi opinión, percibo la sensación de alguien que habla de la paz y la tranquilidad que experimenta al alejarse de sus problemas y del estrés que ha estado atravesando. El arreglo musical potencia esta idea de escapismo, y creo que eso ayuda a que la canción sea más cercana a los oyentes. Cross pasó un par de años escribiendo "Sailing", se le ocurrió la primera estrofa un día en su apartamento, pero no supo encontrar los cambios de acordes adecuados para el puente hasta un tiempo después.

"Sailing" va en contra de todo lo que suelo valorar en la música, la canción tiene muy poco movimiento progresivo, no es rápida, ni dura, ni emocionante, tampoco es pesada, ni emocionalmente intensa, ni reveladora. No hay ritmo ni síncopa. "Sailing" trata de encontrar un estado mental de paz y luego intentar prolongar esa sensación lo máximo posible. Estas cosas han hecho de "Sailing" una favorita de los pseudoirónicos que conforman el grupo de rock de yates, esa escena medio en broma que encuentra algo reconfortante en la fluidez sin sobresaltos de una época muy particular de la música popular. No tengo tiempo para esas tonterías. Y aun así, "Sailing", en sus propios términos, es una obra eficaz. Posee cierta fuerza brillante. Cross y Omartian grabaron la canción digitalmente, cuando la mayoría de la gente no lo hacía, y ciertamente suena como algo que solo podría salir de un estudio estéril y hermético. Todo suena rico y limpio: la guitarra suavemente burbujeante, los insistentes dings de triángulo y los bloops de conga, el zumbido contenido de las cuerdas. Cross canta con una voz de tenor apretada, y nunca parece esforzarse demasiado, ni siquiera al llegar al estribillo. En cambio, suena como si murmurara para sí mismo, como si intentara lidiar con el estrés de su vida evocando la serenidad que experimentó ese día en el velero.

Cross ganó cinco premios Grammy, incluyendo un triunfo aplastante en las cuatro categorías generales (Álbum, Disco, Canción del Año y Mejor Artista Nuevo). El cantautor texano también interpretó "Sailing" durante la ceremonia. 


sábado, 3 de enero de 2026

1829.- Never Be the Same - Christopher Cross

 

Never Be The same, Christopher Cross


     Pocos imaginaron que disco de apariencia discreta (una portada verde mar coronada por un flamenco rosa) iba a convertirse en uno de los fenómenos más inesperados del cambio de década. En un momento en que el soft rock setentero empezaba a mutar hacia un pop adulto más sofisticado, Christopher Cross irrumpió con su debut homónimo en 1979, un álbum pulido hasta el extremo, producido con clase y elegancia por Michael Omartian y respaldado por Warner Bros. Era el debut de un desconocido, sí, pero sonaba como el trabajo de alguien que llevaba años perfeccionando su oficio en estudios de primera línea. Grabado en 1979 y publicado con una mezcla de ambición silenciosa y confianza absoluta en sus canciones, el álbum acabaría arrasando en los premios Grammy y definiendo el sonido de un artista que, sin proponérselo, se convirtió en uno de los rostros más reconocibles del naciente adult contemporary. Tras el éxito de Sailing y Ride Like the Wind, llegó Never Be the Same, lanzado como tercer sencillo el 24 de septiembre de 1980. Para entonces, Cross ya había dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad, un compositor con un instinto melódico privilegiado y una sensibilidad que conectaba con un público amplio, adulto y exigente

Never Be the Same alcanzó el número 15 en la lista estadounidense Billboard Hot 100 y se convirtió en un número 1 en la lista Adult Contemporary, donde reinó durante dos semanas. Era la prueba de que Cross no era un fenómeno pasajero. La letra, escrita por el propio Cross, abordaba la imposibilidad de regresar al punto de partida tras una ruptura emocional. Pero lo hacía desde una perspectiva madura, sin dramatismos ni golpes de pecho. La canción es una reflexión íntima sobre el desgaste del amor y la huella que deja. Cross evitaba el sentimentalismo fácil y optaba por el minimalismo, el amor que se desvanece, los años que pasan sin que nadie ocupe el mismo lugar, la certeza de que nadie ya le tocará de aquella manera. Musicalmente es un ejemplo perfecto del soft rock sofisticado que Cross y Omartian estaban perfeccionando. La producción es perfecta, con guitarras limpias, teclados envolventes y una base rítmica que avanza con suavidad pero sin caer en la languidez, y la voz de Cross, siempre más expresiva de lo que su timbre suave podría hacer pensar, transmite nostalgia y vulnerabilidad. Sesiones meticulosas, músicos de estudio de primer nivel y una obsesión por la claridad sonora, convirtió el disco en un referente del llamado yacht rock (estilo de soft rock extremadamente pulido, sofisticado y melódico que surgió en la Costa Oeste de EE. UU. entre mediados de los 70 y principios de los 80, caracterizado.