sábado, 3 de enero de 2026

1829.- Never Be the Same - Christopher Cross

 

Never Be The same, Christopher Cross


     Pocos imaginaron que disco de apariencia discreta (una portada verde mar coronada por un flamenco rosa) iba a convertirse en uno de los fenómenos más inesperados del cambio de década. En un momento en que el soft rock setentero empezaba a mutar hacia un pop adulto más sofisticado, Christopher Cross irrumpió con su debut homónimo en 1979, un álbum pulido hasta el extremo, producido con clase y elegancia por Michael Omartian y respaldado por Warner Bros. Era el debut de un desconocido, sí, pero sonaba como el trabajo de alguien que llevaba años perfeccionando su oficio en estudios de primera línea. Grabado en 1979 y publicado con una mezcla de ambición silenciosa y confianza absoluta en sus canciones, el álbum acabaría arrasando en los premios Grammy y definiendo el sonido de un artista que, sin proponérselo, se convirtió en uno de los rostros más reconocibles del naciente adult contemporary. Tras el éxito de Sailing y Ride Like the Wind, llegó Never Be the Same, lanzado como tercer sencillo el 24 de septiembre de 1980. Para entonces, Cross ya había dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad, un compositor con un instinto melódico privilegiado y una sensibilidad que conectaba con un público amplio, adulto y exigente

Never Be the Same alcanzó el número 15 en la lista estadounidense Billboard Hot 100 y se convirtió en un número 1 en la lista Adult Contemporary, donde reinó durante dos semanas. Era la prueba de que Cross no era un fenómeno pasajero. La letra, escrita por el propio Cross, abordaba la imposibilidad de regresar al punto de partida tras una ruptura emocional. Pero lo hacía desde una perspectiva madura, sin dramatismos ni golpes de pecho. La canción es una reflexión íntima sobre el desgaste del amor y la huella que deja. Cross evitaba el sentimentalismo fácil y optaba por el minimalismo, el amor que se desvanece, los años que pasan sin que nadie ocupe el mismo lugar, la certeza de que nadie ya le tocará de aquella manera. Musicalmente es un ejemplo perfecto del soft rock sofisticado que Cross y Omartian estaban perfeccionando. La producción es perfecta, con guitarras limpias, teclados envolventes y una base rítmica que avanza con suavidad pero sin caer en la languidez, y la voz de Cross, siempre más expresiva de lo que su timbre suave podría hacer pensar, transmite nostalgia y vulnerabilidad. Sesiones meticulosas, músicos de estudio de primer nivel y una obsesión por la claridad sonora, convirtió el disco en un referente del llamado yacht rock (estilo de soft rock extremadamente pulido, sofisticado y melódico que surgió en la Costa Oeste de EE. UU. entre mediados de los 70 y principios de los 80, caracterizado.

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