miércoles, 7 de enero de 2026

1833 - Call Me - Blondie

1837 - Call Me - Blondie

Hay canciones que no se presentan: irrumpen. Call Me, de Blondie, entra así, como una llamada que suena en medio de la noche y no da opción a ignorarla. No sabemos quién marca ni desde dónde, pero al levantar el auricular ya estamos atrapados en su pulso urgente, en esa mezcla de deseo, peligro y glamour urbano que define a la canción desde el primer segundo.

La base rítmica avanza con una seguridad casi insolente. Es música hecha para moverse, pero también para caminar por una ciudad iluminada por neones, con la sensación de que algo importante está a punto de pasar. La guitarra y los sintetizadores no compiten: se persiguen, se rozan, construyendo un clima tenso y excitante. Todo parece empujar hacia adelante, como si quedarse quieto fuera imposible. Call Me no invita; exige atención.

Y entonces aparece Debbie Harry. Su voz no suplica ni explica demasiado: ordena, provoca, seduce. Hay algo profundamente cinematográfico en su manera de decir “call me”, como si la frase fuera menos un pedido que una clave secreta. No se trata solo de una llamada telefónica, sino de una conexión inmediata, casi física. Harry canta desde un lugar de control, de seguridad en su propio magnetismo, y esa actitud impregna cada verso. Ella no espera; ella decide.

La letra, directa y repetitiva, funciona como un mantra. No necesita grandes giros poéticos porque su fuerza está en la insistencia, en esa idea de disponibilidad absoluta que esconde, al mismo tiempo, una amenaza. ¿Qué pasa después de esa llamada? La canción no lo aclara, y ahí reside parte de su encanto. Call Me vive en ese instante previo, en la promesa, en la electricidad del contacto a punto de ocurrir.

Escuchar hoy Call Me es volver a un momento donde el pop se mezclaba sin complejos con el rock, la new wave y una estética callejera elegante y peligrosa. Blondie logra algo raro: sonar sofisticado y visceral a la vez. No hay artificio excesivo, pero sí estilo; no hay frialdad, aunque todo esté medido con precisión.

Al terminar la canción, queda una sensación de movimiento continuo, como si la llamada aún estuviera activa. Call Me no envejece porque no pertenece del todo a una época: es una actitud. Es la seguridad de quien sabe que, al otro lado de la línea, alguien va a contestar. Y aunque no lo haga, la canción ya cumplió su objetivo: dejarnos con el teléfono imaginario en la mano y el pulso acelerado.

Daniel 
Instagram storyboy 

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