La música en historias: Powerslave #MesIronMaiden






Descubrí a Iron Maiden casi como todo el mundo, a través de la recomendación de un amigo ("¿Que no has escuchado a los Maiden?") y, sobre todo, gracias a la tienda de fotocopias que tenían mis padres cuando yo era pequeño. Ya comenté en un artículo de este blog sobre el Nevermind the bollocks de los Sex Pistols llamado "La Zona Punk" que, cuando los adolescentes acudían a la tienda para fotocopiar las portadas de las cassettes de música, yo  hacía dos copias de aquellas que más me impresionaban, para quedarme con una y entretenerme con las ilustraciones, imaginando como sonarían aquellas canciones sin todavía conocerlas. Prácticamente el 100% de las caratulas de cassette que pasaban por allí eran de heavy metal, y Iron Maiden eran mis favoritos por sacar en todas las portadas al famoso monstruo Eddie, en situaciones diferentes en cada disco. Uno de aquellos impactantes discos era Powerslave, en el que para la ocasión Eddie aparecía transformado en una monumental estatua esculpida en la entrada de una enorme pirámide, escoltado por dos grandes chacales a los lados y dos esfinges que reposan majestuosas a sus pies. Como curiosidad, la portada del disco incluye además muchos detalles escondidos, como el logotipo de su creador (Derek Riggs), referencias a Indiana Jones y hasta una ilustración de Mickey Mouse.​



Dicen que no hay que juzgar a un libro por su portada, y eso aplica también a los discos, pero he de reconocer que es una práctica habitual cuando me lanzo a la búsqueda de discos y artistas que no conozco. Incluso diría que, en los raros casos en los que portada y contenido coinciden en calidad, la satisfacción es doble. Powerslave es uno de esos casos. Un disco a la altura de The number of the beast por el nivel de calidad del contenido, pero muy por encima en cuanto a portada, que además refleja a la perfección la propuesta lírica de las canciones, que contienen la carga épica habitual y se inspiran en algunos momentos en la simbología del Antiguo Egipto y en la figura del faraón y el culto/miedo a la muerte. No en vano, la idea del disco surgió tras una visita del grupo a las Pirámides y al templo de Abu Simbel, en un cuya famosa entrada esculpida en la montaña se basa la portada de Powerslave.


POWERSLAVE

El famoso discurso de Churchill en el que arengaba a sus conciudadanos a luchar en las calles y en todos los sitios posibles contra la amenaza nazi en la Segunda Guerra Mundial ha quedado como intro perfecta de Aces High, uno de los clásicos de la banda y un homenaje a los cazas británicos que defendieron Londres de los bombardeos de los cazas del III Reich. Del patriotismo al antibelicismo, nos llevan al filo de la medianoche en 2 minutes to midnight, otro de los temas bandera del grupo. Entre las dos hacen del arranque del disco uno de los momentos más potentes del conjunto.

Es cuestionable la decisión de colocar Losfer words en tercera posición, quizá es demasiado pronto para un tema instrumental, que aunque no desmerece en calidad ni en fuerza, parte de alguna manera el disco y separa el brillante comienzo del núcleo central de la obra. Tras este paréntesis, con Flash Of The Blade regresan al terreno de las historias épicas que tan bien le sientan al grupo y, en concreto, a este disco. La épica y el enfoque histórico-medieval llega incluso a cotas mayores en The Duellists, en la que, apoyada en una brillante y vigorosa instrumentación, se relata uno de esos duelos con espadas en el que uno de los participantes recuperaba el honor, mientras que el otro encontraba la muerte como premio de consolación por la derrota.


Back In The Village arranca con un riff marca de la casa, y en líneas generales mantiene el tipo, pero palidece ante las brillantes joyas del disco, y el problema es que tiene una justo a continuación para que las comparaciones sean odiosas. El tema que da título al disco, Powerslave, con sus guiños de sonido arabesco y su temática faraónica, es una pieza memorable de principio a fin. Habría sido el final perfecto para el disco, si no fuera porque el final perfecto para el disco estaba por venir.
En Rime Of The Ancient Mariner, sin duda una de las tres canciones que compondrían el podio de obras maestras de los Maiden (junto a Hallowed be the name y The Trooper, en mi humilde opinión), despliegan a lo largo de sus 13 minutos de duración una cantidad de cambios de ritmo y de texturas melódicas ante los que sólo podemos hincar la rodilla en el suelo y rendir pleitesía. El nivel lírico es, de nuevo, apabullante, con una letra basada en el poema de Samuel Taylor Coleridge sobre la maldición que sufren unos marineros de camino a la Antártida, cuando uno de ellos mata accidentalmente a un albatross. Ese signo de mal fario les acompañará durante el viaje y les condenará a la muerte en vida. Y con este épico e impactante cuento tétrico se despiden de nosotros.
En aquellos tiempos, el silencio que dejaba el cassette al final del disco era la antesala de una larga espera hasta la publicación del siguiente disco. Hoy en día, como buenos esclavos del poder, podemos encontrar alivio instantáneo en la escucha on line de cualquier disco de su discografía. Puede que algunos suenen hoy diferentes, descoloridos en parte por el paso del tiempo, pero otros como Iron Maiden, Killers, The Number of the Beast y este Powerslave, parecen haber firmado el mismo pacto de inmortalidad con el diablo que en su día firmó Eddie, y que le permitió ser la icónica imagen de muerte y destrucción de todos esos álbumes. Yo hacía dos copias para preservarlo, porque sabía que, cuando todo fallara, cuando las tropas enemigas bombardearan, saquearan y destrozaran todo cuanto encontraran a su paso, un monstruo cadavérico se erguiría entre las cenizas para sostener amenazante y con puño de hierro la raída bandera de la resistencia humana.

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