El disco de la semana 118: Rancid "And out come the wolves"



Los años 90 fueron una época brillante de la música que no ha sido suficientemente reconocida, o al menos así me lo parece, aunque puedo estar influido por el hecho de ser la época que más intensamente viví la música como adolescente y universitario. Tanto en los largos e intensos fines de semana en los bares de Getafe, como en las partidas de mus en las explanadas de hierba de la Universidad Autónoma, el intercambio de influencias y recomendaciones musicales era constante.

En esa época explotaron varios fenómenos musicales de corta duración pero de gran intensidad, que dejaron discos míticos para la historia. Hablamos de los años de coexistencia del grunge (Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Smashing Pumpkins) con el brit pop (Blur, Oasis, Pulp, Suede), el heavy rock de mega grupos como Guns and Roses o Metallica, y lo que se denominó el resurgir o la segunda oleada punk (Green Day, Offspring, NOFX, Rancid). Pocas épocas de la música tienen un elenco de grupos y discos tan relevantes, salvo los reconocidos años 60-70 de los Beatles, Stones, Zeppelin, Deep Purple, Pink Floyd o los Who.

Otras bandas coetáneas tuvieron mayor reconocimiento mediático, el Dookie de Green Day o el Smash de Offspring son discos míticos de la época, pero el tercero en discordia y el auténtico tapado de este podio es el "Out come the wolves" de Rancid. Un discazo de principio a fin o una colección de himnos punk basados en influencias de Clash, Pistols o Ramones, con una buena dosis de ska en algunos de los temas.

Rancid comenzaban a abrirse paso en el mundo de la música y a llamar la atención de las grandes discográficas, que iniciaron una carrera frenética y una presión agobiante para convencerles de que ficharan por una de ellas. El grupo decidió acabar firmando por un sello independiente (Epitaph Records) y aislarse para grabar el disco, mientras "fuera se acercaban los lobos" (título del disco basado en un poema de Jim Carroll, recitado por la banda durante la canción "Junkie Man" y que hace referencia a esa presión de los lobos ejecutivos de las discográficas ansiosos por hincarles el diente y chuparles la sangre).

Y así facturaron los 19 temas del disco. Canciones de no más de tres minutos en el mejor de los casos, urgencia punk combinada con la calidad de las interpretaciones de los músicos, con mención especial para el bajista, que construye líneas imaginativas y de brillante ejecución en todos los temas, con independencia de que en algunos de ellos esté más enterrado por las fieras guitarras y en otros se le de la relevancia y primer plano que su habilidad merece. Todo ello combinado con los arquetipos punk clásicos, con voces que parecen haber grabado los temas después de una larga noche de fiesta y unos coros que son más de barra de bar que de escuela de canto.

Es un disco que se recuerda principalmente por sus singles ("Time Bomb", "Ruby Soho"y "Roots Radicals" son auténticos himnos de la banda en sus conciertos) pero del que podría destacarse prácticamente cualquier canción. Temas como "Olimpia WA", "Lock, step and gone" o "Avenues and Alleyways" con sus "oy oy oy" al más puro estilo AC/DC son temas que te levantan del asiento, y eso es aplicable a la mayor parte del resto. No hay respiro, salvo en la breve calma de los temas ska salteados a lo largo del disco, como es el caso de la mencionada "Time bomb" o la brillante "Old Friend".

No podían faltar las crestas (en la icónica portada que es en realidad un homenaje a otra mítica foto de un EP de Minor Threat) y los imperdibles que hicieron famoso al punk. Aunque en realidad lo que son imperdibles son los discos tan grandes que ha dejado el género, desde la primera oleada del "Never mind the bollocks" de los Pistols o el "London Calling" de los Clash, hasta la segunda de este "And out come the wolves".

Estamos ante una banda que entregó aquí su obra cumbre e irrepetible. O mejor dicho imperdible. Igual disgusto me llevaría si perdiera este disco que si perdiera alguno de los grandes discos punk de finales de los 70.

Dicen que si recuerdas los 60 es que no los viviste. Aplicado a los 90, diría que si los viviste y no recuerdas discos como éste, quizá deberías olvidar esa década de tu vida porque no parece que la aprovecharas demasiado...

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