![]() |
| Army Dreamers |
7 dias, 7 notas
sábado, 21 de marzo de 2026
1906.- Army Dreamers - Kate Bush
viernes, 20 de marzo de 2026
Disco de la semana 474: Good Company - The Dead South
.jpg)
Publicado el 26 de abril de 2014, "Good Company" fue el primer LP de larga duración de The Dead South y el disco con el que cimentaron su identidad y característico estilo de bluegrass y folk modernos, con una inusual formación de banjo, guitarra acústica, mandolina y violonchelo (en lugar de contrabajo) y la ausencia de batería. Dos años después de su publicación, la viralización del vídeo de la canción "In Hell I’ll Be in Good Company" disparó las escuchas y descargas de un disco que ofrece catorce fogonazos de bluegrass de taberna y baladas de corte sombrío.
1905.- Babooshka - Kate Bush
Babooshka es el mayor éxito de Kate Bush en el Reino Unido desde “Wuthering Heights”, pasarán otros cinco años hasta que Bush supere su posición más alta en el puesto número 5 de las listas británicas con “Running Up That Hill”. La popularidad de “Babooshka” en Europa y Australia es significativa, ya que alcanza el Top 10 y el Top 20 en Francia, Italia e Israel, por nombrar solo algunos. Su lista de actuaciones en televisión no tiene parangón con casi ninguna otra canción de Kate Bush. Bush no fue exactamente una estrella fugaz: había mantenido su presencia en los primeros puestos de las listas después de “Wuthering Heights”. Pero esta canción demostró al público que podía trabajar en otros estilos además de la exuberancia precoz de “Wuthering Heights”. En parte, el éxito de «Babooshka» se explica por su afinidad conceptual con «Wuthering Heights». Al igual que el primer sencillo de Bush, «Babooshka» es una obra de ensoñación literaria que narra la disfunción de una relación a través de imágenes derivadas de una obra preexistente (en el caso de Babooshka, la canción folclórica «Sovay»). Ambas canciones presentan protagonistas femeninas celosas cuyas patologías conducen a una ruptura dramática en sus relaciones amorosas. Sin embargo, aunque las dos canciones comparten esencia, difieren significativamente en su composición y realización. «Wuthering Heights» es mucho más pop que «Babooshka». Es una canción profundamente extraña, pero sigue siendo una balada poderosa por excelencia que termina con un solo de guitarra. La instrumentación de «Babooshka» combina un piano, un sintetizador Yamaha CS-80 y la balalaika de Paddy Bush. La canción tiene elementos pop, como su melodía con toques de jazz, pero "Babooshka" deja entrever su rareza desde el principio.
“Cumbres Borrascosas” fue un reencuentro de amantes. “Babooshka” narra el lento desarrollo de una relación disfuncional, que culmina en un glamuroso brote psicótico. El personaje que da título a la canción actúa como si Bush pretendiera escribir finalmente la obra cumbre de Brontë : una mujer mezquina y celosa arruina su relación con su pareja en un frenético ataque de posesividad. Su plan, por supuesto, es descabellado: Babooshka pone a prueba la lealtad de su marido engañándolo con “cartas perfumadas”, Babooshka usa estas cartas para concertar una conversación íntima entre su marido y su personalidad asumida: “igual que/su esposa/pero como era antes de que pasaran los años”. La canción no aclara si Babooshka es reconocida por su marido, limitándose a sugerir que él cede a sus caprichos (es un sumiso absoluto). El narcisismo autodestructivo de Babooshka destruye su relación, creando un ciclo vicioso en el que el miedo al fin de la relación la termina por sí mismo. Los detalles de la ruptura emocional entre la pareja se expresan vagamente. "Babooshka" se basa en el deseo de su protagonista de "poner a prueba a su marido" y solo proporciona detalles ocasionales sobre la relación de la pareja. Cuando el marido lee las cartas falsas, observa que ella se parece a su esposa "antes de las lágrimas/y a cómo era antes de que pasaran los años". Evidentemente, su matrimonio fue feliz en algún momento, antes de que algún cataclismo lo rompiera y los condenara a una unión sin alegría. Antes de que Babooshka se entregara a la sospecha y los celos, tenía la "capacidad de darle todo lo que necesita" Su plan para reconquistarlo es una expresión del deseo de volver a la alegría de sus primeros años de matrimonio, un acto de nostalgia inútil. La fantasía que ella representa no es simplemente tóxica; es regresiva y lamentable.
jueves, 19 de marzo de 2026
1904.- Chica de Ayer - Nacha Pop
El núcleo de Nacha Pop residía en la dualidad creativa de
dos primos: Antonio Vega y Nacho García Vega. Mientras que Nacho aportaba la
energía, el descaro y el pulso más optimista del pop-rock, Antonio era el poeta
introspectivo, capaz de transformar la fragilidad y la soledad en melodías
inmortales. Esta combinación de "luz y sombra" permitió que el grupo
navegara entre el power pop energético y las baladas más profundas de la música
española. La unión de los primos con la incorporación de Ñete a la batería fue
el comienza, el grupo comienza a rodar actuando en festivales y conciertos como
teloneros o artistas invitados, a finales de los 70. A diferencia de grupos
como Almodóvar & McNamara o Kaka de Luxe, que apostaban por el punk amateur
y la estética trasgresora, los Nacha Pop eran vistos como los "buenos
músicos" de la Movida,ensayaban obsesivamente en los locales de la calle
Tablada y se tomaban muy en serio la composición. Esto les ganó el respeto de
la crítica, pero a veces los alejaba de la faceta más "rebelde" o
"provocadora" del movimiento. La discográfica Hispavox se fija en
ellos y en 1980 publican su álbum debut homónimo producido por Teddy Bautista.
El disco es bien acogido y la influencia de la new wave y de los teclados
británicos resaltan en el sonido que caracterizó a la Movida Madrileña. En este
primer trabajo se incluye la canción que hoy comentamos. Despues de 6 albums de
estudio y 10 años, llego su adios que no fue por falta de éxito, sino por
agotamiento creativo. Los dos conciertos en la Sala Jaim (Madrid) en octubre
del 88 se convirtieron en un evento histórico. Fue una de las primeras veces
que una banda de pop español grababa un disco en directo con una producción de
altísimo nivel. Tras esto, Antonio y Nacho no volvieron a tocar juntos de forma
oficial hasta la reunión de 2007, una gira de retorno que sirvió de homenaje en
vida a Antonio antes de su muerte en 2009.
Chica de ayer, la canción es una de las más importantes de
la historia de la música en España. De hecho, la revista Rolling Stone la
consideró, en 2012, la segunda mejor canción de la historia del pop español. La
leyenda cuenta que Antonio Vega compuso la canción en 1977, mientras cumplía el
servicio militar obligatorio en Valencia, en la soledad de la garita, lejos del
bullicio de Madrid, Antonio plasmó una melancolía que iba más allá de su edad
(apenas tenía 20 años). Se dice que los primeros versos nacieron en una
servilleta de una cafetería valenciana, inspirados por una chica que veía
pasar. Esa distancia física y emocional dotó a la letra de una pátina de
nostalgia que se convertiría en su sello distintivo. Vega nunca reconoció quién
es la musa que le inspiró. Sin embargo, la descripción que se hace en la
canción de la chica de cabellos dorados permitió a Paloma Concejero, directora
del documental Tu voz entre otras mil, deducir que se trataba de la diseñadora
Maite Echanojaúregui. Musicalmente, "Chica de ayer" es una pieza de
power pop perfecta. Tiene la energía de la New Wave británica pero con una
sensibilidad mediterránea. La estructura es engañosamente sencilla, pero el
brillo de las guitarras de 12 cuerdas y el sintetizador que subraya el
estribillo crean una atmósfera onírica. Sin embargo, lo que realmente la eleva
es la letra. Antonio Vega, el "arquitecto de las palabras", no
escribió una canción de amor al uso, escribió a la vez sobre el paso del tiempo,
la pérdida de la inocencia y la soledad urbana, representado por el Penta, el
emblemático bar de Malasaña mencionado en la letra ("Luego por la noche al
Penta a escuchar..."), se convirtió gracias a esta canción en un lugar de
peregrinación eterna para los amantes del pop. "Chica de ayer" fue el
motor que impulsó a Nacha Pop a la vanguardia de la Movida Madrileña, fue la
prueba de que en España se podía hacer pop con la misma calidad que en Londres
o Nueva York, pero con una identidad propia. Tras la muerte de Antonio en 2009,
la canción adquirió una dimensión casi religiosa. Se ha versionado de mil
maneras (desde Enrique Iglesias hasta Germán Coppini), pero ninguna alcanza la
pureza de la grabación original de 1980 o la intensidad de la versión en
directo de 1988. Es una canción que pertenece a todo aquel que alguna vez ha
sentido que el presente se le escapa entre los dedos mientras recuerda un amor
o un momento que ya es solo un eco.
miércoles, 18 de marzo de 2026
1903.- Holiday In Cambodia - Dead Kennedys
Los Dead Kennedys no fueron solo una banda de punk, fueron el bisturí que diseccionó la hipocresía de la sociedad estadounidense a finales de los 70 y principios de los 80. Formados en San Francisco en 1978, se convirtieron en los arquitectos del hardcore punk con una mezcla única de sátira mordaz, ritmos frenéticos y una sensibilidad casi surf-rock en las guitarras. Liderados por el carismático y provocador Jello Biafra, la banda se distinguió por su habilidad para incomodar,mientras otros grupos gritaban sobre el aburrimiento, Biafra utilizaba el sarcasmo para atacar al imperialismo, el consumismo y la derecha política. El sonido de la guitarra de East Bay Ray, con su distintivo uso del eco y el reverb, junto a la sección rítmica técnica de Klaus Flouride y D.H. Peligro, elevó al grupo por encima del estándar ruidoso del género. Sin embargo, su carrera estuvo marcada por la fricción. En 1985, el lanzamiento de Frankenchrist los llevó a los tribunales por una acusación de "distribución de material perjudicial para menores" debido a un póster de H.R. Giger incluido en el disco. Aunque el caso fue desestimado, las tensiones financieras y creativas terminaron por disolver la banda en 1986. Hoy, su logo —la icónica "DK" diseñada por Winston Smith— sigue siendo un símbolo universal de resistencia. A pesar de las batallas legales posteriores entre Biafra y el resto de los miembros, su música sigue siendo dolorosamente relevante en el clima político actual.
Fresh Fruit for Rotting Vegetables no es solo el debut de los Dead Kennedys, es el manifiesto definitivo del punk inteligente y corrosivo. En un género que a menudo se limitaba al ruido, este álbum introdujo una precisión casi quirúrgica y un sentido del humor negro que dejó cicatrices en la cultura pop. El disco destaca por la voz de Jello Biafra, que suena como un locutor de noticias al borde de un colapso nervioso, y la guitarra de East Bay Ray, que mezcla el punk con influencias de surf y rockabilly siniestro. Juntos, crearon una atmósfera de paranoia y urgencia. Holiday In Cambodia es su canción más popular y posiblemente la más pop, pero conserva una gran dosis de cinismo y punk descarado, solo está presentada de una forma más amigable y accesible que muchas de sus otras canciones. Los retumbos iniciales del bajo y la posterior y vertiginosa subida de guitarra y batería te atrapan y te preparan para del caos, es donde comienza el famoso riff de la canción, que es sin duda icónico e inspiraría a legiones de jóvenes skaters durante años, el riff es siniestro y oscuro, y mientras tanto, la batería suena con una fuerza arrolladora. A medida que la canción avanza hacia la estrofa, las notas descendentes del bajo y la guitarra forman un excelente telón de fondo para la voz del vocalista Jello Biafra, su voz es sin duda única en el mundo de la música, es peculiar y parece saltar de un lado a otro mientras canta. Sin duda, lo mejor de la canción son los preestribillos. Biafra está en modo sarcasmo total, ¡y los arpegios de guitarra con ese dulce tono se te quedarán grabados en la cabeza durante años! El estribillo en sí es bastante simple, con un riff potente en todos los sentidos y una melodía que te hará pensar: "¿Esto es punk? ¡Me gusta!". Hay unos solos de guitarra rapidísimos que se lucen en el estribillo, además de una batería aún más furiosa. La repetición de la melodía del preestribillo es otro punto fuerte que suena genial. Tras una estrofa más, la canción termina de forma rápida y abrupta… ¡muy punk, tío! En realidad, le sienta de maravilla, y no me imagino una canción de esta magnitud terminando de otra manera.
martes, 17 de marzo de 2026
1902 - Johnny and Mary - Robert Palmer
La primera vez que suenan los acordes de Johnny and Mary, algo en el aire parece detenerse. No es una canción que irrumpa con fuerza; más bien se desliza con una calma inquietante, como si contara una historia que ya conocemos, pero que nunca hemos querido escuchar del todo. En la voz de Robert Palmer, esa historia adquiere un tono casi íntimo, como si el cantante estuviera relatando la vida de dos personas desde una esquina silenciosa de la ciudad.
Johnny y Mary no son héroes románticos ni protagonistas de un gran drama. Son, más bien, dos figuras cotidianas atrapadas en la rutina de la vida adulta. Johnny aparece como un hombre que intenta convencerse de que tiene el control de su destino. Cree que puede “ganarle al sistema”, encontrar una forma de escapar de la monotonía y alcanzar algo mejor. Sin embargo, en cada verso se percibe una fragilidad: sus certezas parecen más un intento de autoengaño que una convicción real.
Mary, por su parte, se mueve en otro plano emocional. Observa, duda, reflexiona. Su mundo está lleno de preguntas silenciosas sobre el amor, la estabilidad y el futuro. Mientras Johnny busca respuestas rápidas, Mary parece comprender que la vida no se resuelve con fórmulas simples. Hay una distancia entre ellos que no siempre se dice con palabras, pero que se siente en cada línea de la canción.
Musicalmente, la canción es una pequeña joya del pop sofisticado de comienzos de los años ochenta. La base rítmica electrónica y el sintetizador crean una atmósfera minimalista y ligeramente melancólica. Nada sobra: cada sonido está colocado con precisión para sostener la narración. Ese clima musical refuerza la sensación de estar observando una escena urbana nocturna, donde las luces de neón iluminan historias personales que pasan desapercibidas para el resto del mundo.
La interpretación vocal de Robert Palmer es clave. No dramatiza en exceso ni intenta convertir la canción en un lamento. Al contrario, canta con una serenidad casi distante, como un narrador que describe la vida de Johnny y Mary con cierta comprensión, pero también con una inevitable resignación. Esa forma de cantar convierte la historia en algo universal: cualquiera podría verse reflejado en esos personajes que intentan entender qué hacer con su vida y con sus relaciones.
Con el paso de los años, “Johnny and Mary” ha ganado un aura casi cinematográfica. Es una canción que habla de aspiraciones, de inseguridades y de la tensión entre lo que soñamos ser y lo que realmente somos. En apenas unos minutos, Robert Palmer logra capturar la esencia de muchas relaciones modernas: personas que comparten la vida, pero que a veces caminan en direcciones emocionales diferentes.
Quizás por eso la canción permanece. Porque Johnny y Mary no son solo dos nombres en una letra: son el reflejo de una generación que busca sentido en medio de la rutina, del amor y de las expectativas que nunca terminan de cumplirse. Y en esa búsqueda silenciosa, la canción encuentra su belleza más profunda.
Daniel
Instagram storyboy
lunes, 16 de marzo de 2026
1901 - Calle melancolía - Joaquín Sabina
La Silueta: Un relato de música y muerte
Este es el argumento de "La Silueta", el primer libro que he escrito, tras muchos relatos cortos, reseñas y artículos, firmando como Nevermind en este blog. Como no podría ser de otra manera, la música es un "personaje" omnipresente a lo largo y ancho del libro, así que no hay lugar mejor que 7dias7notas para publicar de manera gratuita el primer capítulo del libro: "La nube negra". Ojalá no podáis dejar de leerlo, porque yo no pude parar de escribirlo.
LA NUBE
NEGRA
Cientos de personas iban de un lado a otro, por el largo pasillo del centro comercial. Caminaban como autómatas desprovistos de su propia humanidad. Seres alienados por el poder de las marcas y la publicidad, consumiendo la basura incesante generada por la televisión y las redes sociales, al ritmo implacable del estridente hilo musical de la gran superficie, que no dejaba de escupir banales canciones fabricadas en serie. Así es como lo veía el Sr. Kite, mientras caminaba entre la gente, en aquel reducto estrafalario de lo que, para él, era una sociedad desquiciada y carente de toda conciencia.
No sabía, a ciencia cierta, cómo había acabado allí.
Las últimas horas habían trascurrido en una negra nebulosa, en uno de sus ya
habituales lapsos de memoria, y no recordaba bien el recorrido previo a su
errático caminar actual. Antes de la “nube negra”, estaba seguro de que el
director de su oficina le había llamado a su despacho y, tan fría como
educadamente, le había comunicado el cese de la relación laboral. A sólo cinco
años de la jubilación, la noticia le había caído encima como una losa, bajo la
que ahora yacían los restos putrefactos de su carrera profesional,
convirtiéndole en un desdichado zombi andante, una triste figura que deambulaba
lastimosamente por el pasillo del centro comercial.
Al escuchar el frío y estudiado discurso del
director, sintió en un primer momento cómo el aire le faltaba en los pulmones,
y pensó que no sería capaz de mantener el control, derrumbándose allí mismo, en
el flamante despacho en el que estaba siendo despedido. Pero no lo hizo. En
lugar de eso, “aguantó el tipo con dignidad, y en el más completo de los
silencios”, según las palabras del propio director, entrevistado por la policía
sólo un día después, en el mismo despacho. “Escuchó resignado y con la mirada
perdida, con una extraña expresión de vacío en el rostro. Cuando me levanté de
mi asiento, él hizo lo propio, y sin mediar palabra alguna, se giró lentamente
y salió del despacho. Y eso fue todo. Recogió sus pocas pertenencias y se
marchó. No podíamos hacer otra cosa, cuando le daban esos episodios de ausencia
era una persona inestable, diría que incluso incontrolable”.
La realidad no hablaba de dignidad, ni de
resignación silenciosa, en la manera de tomarse el despido, sino simplemente de
“ausencia”. El Sr. Kite no estaba ya realmente allí, en el momento posterior a
que el director le anunciara su despido. Como mecanismo de defensa, y cual reflejo
vaso-vagal que provoca un desmayo como medida de “desconexión” ante un estado
límite, provocado por una infección y la consiguiente fiebre, el cerebro del
Sr. Kite evitó la inminente crisis nerviosa concentrando todos los recursos
mentales y sensoriales en un solo punto para, de alguna manera, distraer a su
dueño de todos los demás estímulos disponibles, y poder así salvar aquella
difícil situación sin agravarla. El punto crítico elegido, para tal fin, fue
una grotesca mancha de grasa en la cara corbata del director, comprada (ironías
del destino) precisamente en el centro comercial en el que ahora se encontraba
el Sr. Kite. Tanto se concentró en aquella mancha, que no solo fue la última
imagen que su frágil memoria guardó antes del vacío de la nube negra, sino que
fue, además, la primera disponible en el momento de volver a la consciencia y
observar a los cientos de personas de las que se encontraba rodeado. En ese
momento, interrumpió su errante caminar y se detuvo delante del escaparate de
una tienda de discos, presidido por un cartel enorme que decía “Liquidación
total por cierre”, y pensó: “¿Qué más puede ir mal hoy?”. Entró en la
tienda, y vagó por su interior como alma en pena, mirando con desgana los cd’s en
las estanterías, y deteniéndose a continuación a mirar en uno de los cajones
llenos de vinilos. Mientras rebuscaba, se topó con un vinilo que llamó su
atención, y se detuvo a contemplar su portada. Era el disco “The rise and
fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars” en cuya portada David
Bowie aparecía solo, en plena noche, junto a la entrada de un portal en un frío
callejón londinense. Esbozó una leve y extraña sonrisa, al pensar que así era,
realmente, como se sentía en esos momentos. Sólo y a la intemperie, perdido en
la fría noche de un mundo que giraba en dirección contraria a la suya.
- ¿Puedo
ayudarle en algo? - preguntó una bella y joven dependienta de largos cabellos
rubios y ojos del color de la hierba en otoño, que tras el cierre que anunciaba
el cartel del escaparate, se llevaría seguramente su belleza natural a alguna
de esas franquicias de ropa para adolescentes. O quien sabe si, tras algunos
pequeños retoques de interiorismo, la franquicia no acabaría estando en el
mismo lugar en el que aquel establecimiento daba sus últimas bocanadas de aire,
antes de pasar a mejor vida en el cielo de las tiendas de discos, un lugar cuya
existencia aún estaba por demostrarse, al igual que la del resto de los
prometidos paraísos con los que el hombre mundano sobrellevaba la angustia de
su inevitable temporalidad.
- ¡Cinco
años, me quedaban cinco años! – contestó el Sr. Kite.
-
Perdone, ¿Qué ha dicho? – contestó ella, extrañada por la respuesta de aquel
hombre.
- No, no
puedes ayudarme, ya es demasiado tarde – le contestó el Sr. Kite,
mientras daba vuelta al vinilo, observando en la contraportada a David Bowie
dentro de una típica cabina londinense. ¿A quién estaría llamando en aquel
momento? ¿Y a quién podría llamar él ahora, si no tenía a nadie a quién llamar
y pedir consuelo? Eran solo preguntas al aire, y sin mucho sentido, que se hizo
a sí mismo mientras la dependienta volvía sobre sus pasos, maldiciendo por
tener que aguantar a otro pirado más, y conjurándose para resistir los pocos
días que le quedaban en aquel empleo. Tenía muchas de sus esperanzas puestas en
una entrevista que había hecho días atrás, para trabajar en “Fashion”,
una franquicia de ropa y complementos para modernillos y adolescentes, y la
ilusión por ese posible nuevo empleo le daba las fuerzas necesarias para
sobrellevar la anodina travesía hacia el cierre definitivo de su empleo actual.
El Sr. Kite miró con desgana como la dependienta
se alejaba por el estrecho pasillo de la tienda de discos, y devolvió con
cuidado el vinilo a su sitio en el cajón. Resopló por un instante, a la altura
del umbral de la salida de la tienda, como si necesitara renovar el aire de sus
pulmones, antes de sumergirse de nuevo en las profundidades del pasillo central
del centro comercial, dónde cientos de autómatas continuaban su incesante
trasiego de una tienda a otra, y luego a otra y… ¿Por qué no otra más?
En el centro de aquel gran pasillo, varias
personas esperaban la llegada de uno de los dos grandes ascensores a los que
daba acceso esa zona, para dirigirse a las plantas superiores o al aparcamiento
subterráneo. De camino hacia los ascensores, metió su mano derecha en el
bolsillo lateral del abrigo, y se sorprendió al sentir el contacto con un frío
metal, que encontró allí donde debería haber estado el teléfono móvil. No
necesitó sacar el objeto del bolsillo para saber que se trataba de una pistola.
¿Cómo había llegado un arma hasta el bolsillo de su abrigo? Sobresaltado, sacó
la mano y se tocó nerviosamente la cara, tapándose la boca y apretándose la nariz
con los dedos índice y pulgar mientras el resto de los dedos acariciaban su
descuidada barba de dos días. Con la mano izquierda, rebuscó en el otro
bolsillo, y encontró el móvil que hubiera esperado encontrar en el primero,
pero con la excitación producida por el descubrimiento del arma, había olvidado
completamente lo que quería hacer con él, y pensó que, en cualquier caso, no
habría nadie al otro lado de la línea para poder ayudarle. Bowie ya hacía
tiempo que habría abandonado aquella cabina, y era la única persona con la que
querría haber hablado en aquel momento, y a ser posible a cobro revertido. Siguió
caminando, hacia la zona de acceso a los ascensores, en la que varias personas
seguían esperando, mirando al suelo o a las pantallas de sus teléfonos móviles
con una mano, mientras con la otra sujetaban bolsas de plástico con los logos
de las tiendas en las que las habían llenado de, a su juicio, innecesarios artilugios
y complementos, adquiridos a precios descaradamente inflados por las marcas
corporativas y sus agresivas estrategias de marketing.
El ascensor destinado a las plantas inferiores
llegó casi al momento en que el Sr. Kite pasó a formar parte de la fila de “los
que esperaban”. Las puertas automáticas se abrieron, como un gran telón descorriéndose
a ambos lados del escenario de una gran obra teatral, mostrando un decorado de
planchas metalizadas de color rojizo y un gran panel de botones luminosos en el
lado izquierdo, con los que elegir la próxima parada, o el destino final del
viaje. El grupo de personas fue entrando ordenadamente en el ascensor, seguidos
por el Sr. Kite, y generando entre todos un leve y curioso ruido plástico,
producido con el roce de las bolsas de las compras con los bordes de la entrada
al elevador. Mirando al cuadro de botones, el desorientado Sr. Kite llegó a la
conclusión de que todo lo acontecido, hasta ese momento, había tenido lugar en
la planta tercera, porque los botones de las plantas segunda, primera y aparcamiento
estaban iluminados en azul, marcando las próximas paradas. Respiró hondo de
nuevo, y pidió amablemente a la anciana que tenía al lado que se apartara, para
pulsar el botón de su destino. Y ese destino estaba, en realidad, marcado en
rojo en aquel panel eléctrico, con cuatro letras blancas que formaban la
palabra “stop”. El ascensor se paró en seco, generando una breve sensación
sísmica en el interior del habitáculo, con el epicentro del temblor situado
bajo los pies de sus ocupantes. Las bolsas de plástico volvieron a chocar entre
sí, repitiendo aquel leve pero molesto ruido.
- Pero… ¿Qué hace, hombre? – le espetó un tipo de
unos treinta años, dueño de un engominado y a la vez milimétricamente
despeinado corte de pelo, unos estratégica y concienzudamente rotos pantalones
vaqueros, una camiseta de licra ajustada a sus exagerados y artificiales
pectorales, y unos grandes tatuajes de dragones y mujeres desnudas que le
cubrían totalmente la piel de ambos brazos. Casi sin pensarlo, la respuesta del Sr. Kite a la pregunta fue sacar el
arma del bolsillo del abrigo y encañonar al recauchutado treintañero, que en un
acto reflejo soltó sus bolsas y extendió las manos para protegerse y cubrirse
el rostro, girando la cabeza hacia un lado mientras gritaba:
- ¡Mierda,
tío, controla, no lo decía en serio!
La
anciana, a su lado, dio un respingo y gritó asustada, y el resto de los
ocupantes del ascensor hicieron lo mismo unas milésimas de segundo después,
como un coro góspel acompañando fielmente a su cantante principal.
Instintivamente, el coro se aplastó contra la esquina opuesta del ascensor,
apretándose unos contra otros y cubriéndose el rostro con las manos, tapándose
los ojos para no mirar, y a la vez seguir mirando, en lo que para el Sr. Kite
fue un ejemplo más de la incongruencia del ser humano, que ve sólo lo que
quiere ver y se engaña a veces no queriendo verlo.
- Para mí ya es tarde, pero aún tengo tiempo de
acabar con esta mediocridad antes de irme – masculló el Sr. Kite. Calculó que
tendría seis balas, porque en las películas de acción las pistolas siempre
tienen esa capacidad. Contó seis personas en el ascensor además de él, así que pensó
que tendría más que suficiente. Sacó el móvil del bolsillo izquierdo, sin dejar
de apuntarles con el arma, ajeno a los gritos y súplicas de todos ellos. Ya no
les oía, porque su cerebro estaba ya concentrado de nuevo en un solo punto de
emergencia, y las voces de aquellos desdichados habían pasado a formar parte de
la nube negra. Buscó una aplicación de reproducción de música, seleccionó una
de las listas disponibles y pulsó en la primera canción. Un lejano ritmo de
batería fue haciéndose cada vez más audible a través del altavoz del móvil, que
reproducía la entrada in crescendo de “Five Years” de David Bowie, que a
cada segundo sonó con más fuerza en el interior del ascensor.
- ¡Mediocridad! - gritó el Sr. Kite, mientras
movía el arma de un lado a otro, apuntando a las cabezas de las personas
mientras decidía por quién empezar - ¡Tú! – dijo señalando al hombre de la
camiseta ajustada y los tatuajes - ¿Cuál es el título de esta canción?
- ¡Por
favor, tranquilícese, guarde el arma y no haga una locura! – dijo el hombre,
balbuceando. De repente, aquel “musculitos” de pelo engominado había dejado de
tutearle.
- ¡Que
me digas el título de esta canción! Seguro que te pasas el día escuchando esa
mierda de reggaetón en el coche, y no tienes ni idea de lo que está sonando. Lo
siento mucho, amigo, pero ésta es la oportunidad que te doy… ¡Jugamos a todo o
nada! – le contestó airado, mientras le seguía apuntando con la pistola.
- Yo…Yo…
¡No lo sé…! – dijo el hombre, mientras cerraba los ojos, de los que brotaban ya
las primeras lágrimas, a punto de precipitarse por sus mejillas. Sabía
perfectamente que, en manos de aquel loco, esa respuesta no le conducía a un
destino favorable, y no quería mirar al mensajero de la muerte que tenía frente
a sus ojos.
El Sr. Kite apretó con fuerza la empuñadura del
arma para afianzarla. El sudor en sus dedos y en la palma de su mano hacía que
se le resbalara. Cerró también los ojos por un segundo, tras el cual apretó con
fuerza el gatillo. El disparo resonó dentro del ascensor cerrado, y al instante
los gritos histéricos de los ocupantes llenaron el reducido espacio y se
clavaron como cuchillos en sus tímpanos. El cuerpo del treintañero cayó al
suelo como un fardo, junto a las bolsas de plástico que había arrojado al suelo
unos segundos antes, salpicadas de miles de gotas de sangre, como si un
incómodo sarampión se hubiera adueñado de ellas. El Sr. Kite abrió los ojos y
miró nerviosamente a su alrededor, y levantó después la voz por encima de los
gritos histéricos del resto de ocupantes del ascensor. La anciana tenía manchas
de sangre del treinteañero por todo el rostro, y parecía en grave riesgo de
sufrir un desmayo, por lo que el Sr. Kite retomó apresuradamente su discurso:
- ¡Era “Five Years”, de David Bowie! ¿Pero qué narices le está pasando a este mundo? ¡Está en un disco que
se debería enseñar en la escuela! – dijo mientras apuntaba el arma hacia la
anciana, para continuar con su macabro concurso - ¡Vamos con la
siguiente… un rotundo tema de rock y psicodelia, con uno de los mejores solos
de guitarra del disco, llevado hasta el límite en la apoteosis final del tema,
hasta hacernos creer que el mundo va a estallar… ¡Y hoy lo va a hacer por fin!
- dijo a modo de épica introducción radiofónica, mientras en el móvil
seleccionaba “Moonage Daydream”. Fueron tan solo los primeros acordes,
porque la anciana puso los ojos en blanco antes de poder dar una respuesta, en
un claro indicio de estar a punto de desmayarse. La ejecutó casi al tiempo en
que la anciana perdía la consciencia, por lo que la mujer tuvo un tránsito casi
indoloro hacia la otra vida. Tras esta “piadosa” muerte, llegaría el turno de “Starman”,
errada por una estudiante de diminutos pantalones vaqueros cortos y trenzas de
colores en el pelo. "El
hombre de las estrellas está esperando en el cielo, le gustaría venir a
conocernos, pero cree que eso nos destrozaría las mentes" - dijo el Sr. Kite, parodiando el tono de un exaltado
predicador, mientras el cerebro de la chica estallaba de un disparo a
bocajarro. Misma suerte corrió un hombre claramente obeso, cercano a los cincuenta
y con un llamativo y poblado bigote, que no supo reconocer “Ziggy Stardust”,
y al que acompañó al más allá su mujer, dueña de una exagerada permanente
pelirroja, que en ninguna de sus largas sesiones de peluquería había escuchado
“Sufragette City” en el hilo musical del centro de estética de ese mismo
centro comercial. Fue la última canción que escuchó en su vida, antes de que la
caída de su cuerpo sin vida fuera amortiguada por el blando e inerte cuerpo de
su marido, que la esperaba para siempre en el suelo del ascensor.
Y así llegó el momento cumbre, en una escena
dantesca dentro de un ascensor con las paredes totalmente salpicadas de sangre,
y con los cuerpos de las cinco víctimas esparcidos por el suelo. Dos personas
se miraban fijamente entre el amasijo de cadáveres, en un duelo que recordaba a
los del “far west”, si en el salvaje y lejano oeste hubieran existido
los ascensores. El Sr. Kite apuntaba al otro, con el arma todavía humeante, y
una última bala por disparar. El otro, un universitario con gafas de pasta y
pelo cortado a cepillo, con la cara manchada de una mezcla de sangre ajena y
lágrimas propias, respiraba profunda y entrecortadamente, sin dejar de mirar
fijamente al arma de su contrincante, en un intento de concentrarse en un punto
concreto para no sucumbir a la locura que le rodeaba, como horas antes había
hecho su adversario ante la inesperada y traumática noticia de su despido. La
guitarra acústica de “Rock and Roll Suicide” rompió el macabro silencio.
El cañón del arma apuntó al chico, como la flecha de una ruleta, que acabara de
pararse en la casilla de la bancarrota. El asesino arqueó las cejas y,
esbozando una macabra media sonrisa, dijo:
- ¿Y bien? ¿Sabes que canción es?
El chico le miró fijamente y controló, como pudo,
su respiración acelerada, encontrando en algún lugar de su cerebro la calma
necesaria para jugar la que podía ser su última carta en la vida, antes de
responder:
- "Demasiado viejo para perder, demasiado joven para elegir, y el tiempo espera pacientemente tu canción, caminas fuera de la cafetería, pero no has comido nada y has vivido demasiado, eres un suicida del rock and roll"
El asesino bajó la mirada, y un segundo después
hizo lo propio con el arma, visiblemente abatido por la inesperada derrota.
Todo había terminado, o eso creía él. La novia del estudiante, conocedora de su
enfermiza puntualidad, esperaba preocupada por su inesperado retraso, y en un
ejercicio de oportuna impaciencia, le llamó por teléfono en ese preciso
instante, desde algún punto del abarrotado centro comercial. La canción que el
universitario tenía seleccionada como tono de llamada sonó dentro del ascensor,
desde el interior de la cazadora del muchacho. Visiblemente aturdido, el Sr.
Kite no reaccionó a la misma velocidad que el chico, que sacó el móvil del
bolsillo y, mirándole directamente a los ojos, dijo:
- ¿Y tú, sabes qué canción es ésta?
El Sr. Kite cerró los ojos un segundo y soltó una
bocanada de aire y de resignación. Volvió a abrir los ojos de nuevo, y mirando
al suelo dijo: “¡Ostia puta! ¿Qué más puede ir mal hoy?”, al tiempo que apuntaba con la pistola hacia su propia cabeza, para
que una sola bala se enfrentara, definitivamente, a la nube negra.
El libro completo está disponible en Amazon Kindle, tanto en formato kindle como en tapa blanda y tapa dura. Aquí tenéis el enlace directo por si queréis leerlo completo:
La Silueta: Un relato de música y muerte eBook : Yerón, Nacho: Amazon.es: Tienda Kindle
domingo, 15 de marzo de 2026
1900.- More Than I Can Say - Leo Sayer

"More Than I Can Say" fue en origen una canción escrita por Sonny Curtis y Jerry Allison, guitarrista y batería de la banda de Buddy Holly "The Crickets". Grabada poco después de la muerte de Holly, "More Than I Can Say" fue el tercer single extraído de "In Style with the Crickets" (1959), el segundo disco de The Crickets. El tema alcanzó el puesto 42 de las listas británicas, y aunque no fue un éxito mayoritario, acabó llamando la atención de artistas como Bobby Vee y Leo Sayer, que grabaron sendas versiones de "More Than I Can Say".
sábado, 14 de marzo de 2026
1899.- Let's Lynch The Landlord - The Dead Kennedys
![]() |
| Let's lynch the landlord, The Dead Kennedys |
viernes, 13 de marzo de 2026
Una recomendación rockera y sabrosa
Hoy os traemos una recomendación muy curiosa, un libro sobre música con un enfoque bastante peculiar y sorprendente. “Las Recetas de Loretta Clark” (Comida en clave pop rock) recopila cuarenta recetas inspiradas en platos y alimentos que han dado título a canciones y discos del rock, el pop y el cancionero popular tanto nacional como internacional.
En la introducción, Loretta Clark cuenta cómo surgió la idea para escribir este peculiar libro. Aficionada por igual a la música y a la cocina, casi nunca hacía una sin escuchar la otra, y una noche, mientras preparaba la cena antes de sentarse a comer frente al televisor, empezó a sonar en la radio la canción “TV Dinners” (“Cenas de televisión”) de ZZ Top, en lo que para ella fue “una mágica y casual conexión entre la comida y la música, que hizo que prendiera en mí la idea de escribir un libro que combinara ambas pasiones”.
Días después de aquella coincidencia, y mientras leía “Vida”, la autobiografía de Keith Richards, encontró en las palabras del genial guitarrista el impulso definitivo para poner en marcha su idea y, según sus propias palabras “recoger el guante que, días antes, me habían lanzado los ZZ Top”. Hacia el final del libro, cuando ya no tenía mucho más que contar, Richards se desmarcaba de las autobiografías al uso con una inesperada receta sobre cómo le gustaba preparar las salchichas. Al leer la receta, Loretta tuvo claro que su misión en la “Vida” no era otra que “encontrar la mayor cantidad posible de referencias a platos y comidas en el mundo de la música”, para después buscar las recetas y recopilarlas en un libro.
Así nació “Las recetas de Loretta Clark”, un trabajo de búsqueda y recopilación que no se queda en la mera mención y descripción de las canciones, sino que incluye las recetas completas de los platos, con todos sus ingredientes e instrucciones para prepararlos de una manera clara y sencilla. Y para los que penséis que la cosa va solo del “Cocidito madrileño” de Manolo Escobar o el “Arroz con bacalao” de Lolita, os sorprenderá que las recetas incluyan “recomendaciones” de intérpretes y grupos internacionales como Prince, De La Soul, Weezer, Guns and Roses, B’52, Led Zeppelin, The Beatles o The Supremes, y de artistas patrios como Joaquín Sabina o Siniestro Total, en un apetecible menú de música y cocina al que te recomendamos que le hinques el diente en formato kindle o tapa blanda, en Amazon.es:
Disco de la semana 473: Norah Jones y su álbum debut Come Away with Me
1898.- Back in Black - AC/DC
.jpg)
"Back in Black" es la canción que le da título al séptimo disco de estudio de AC/DC ("Back in Black", Atlantic Records, 1980) y el primero de la banda australiana tras la muerte de Bon Scott, el genial vocalista de sus discos de los setenta. La canción, que fue el segundo single que se publicó del álbum. fue un homenaje al malogrado cantante, fallecido de manera repentina e inesperada en febrero de 1980.
jueves, 12 de marzo de 2026
1897.- Food for Thought - UB40
miércoles, 11 de marzo de 2026
1896.- Hit Me with Your Best Shot - Pat Benatar

"Hit Me with Your Best Shot" fue escrita por Eddie Schwartz y grabada por la cantante estadounidense Pat Benatar para ser incluida en el disco "Crimes of Passion" (1980), el segundo álbum de estudio de Benatar y su trabajo más exitoso, alcanzando el séptimo puesto de la lista Cash Box y el noveno del Billboard Hot 100, vendiendo más de un millón de copias en Estados Unidos. También fue un gran éxito en Canadá, país en el que entró en el top 10, y un éxito moderado en Australia, donde entró en el Top 40.
martes, 10 de marzo de 2026
1895.- Vienna - Ultrabox
A principios de los 80, cuando géneros emergentes como la cold wave, el post-punk, el rock gótico y el nuevo romanticismo empezaron a emerger del pantano punk cada vez más fresco, hundiéndose en una manía inducida por las drogas. Ultravox fue una de esas bandas que explotó con inmenso poder, extinguiendo a los dinosaurios de los 70, para luego experimentar una crisis de la mediana edad. Y una cuya música combinaba la agudeza del rock con el melodismo del pop ambicioso. La música resuena, cautivándonos con sonidos por descubrir. A finales de los años 70 y principios de los 80, un tal Midge Ure se unió a la banda, que aún luchaba por sobrevivir y era prácticamente desconocida, Midge era un guitarrista talentoso con una voz original y potente, y al aparecer en Ultravox, se convirtió en una especie de catalizador explosivo, gracias al cual la banda adquirió nuevos y deslumbrantes colores y despegó. La banda grabó el álbum Viena, posteriormente considerado su obra maestra, en Colonia, Alemania. Se puede sentir el lugar. Se puede sentir profundamente. Austeridad y garbo a la vez, precisión alemana mezclada con elegancia británica, espacios electrónicos típicamente teutónicos, aunque los músicos eran, después de todo, isleños típicos. Álbum con combina a la perfección ambición musical y un arte increíble con el atractivo mediático pop en el mejor sentido de la palabra. Es punk y vanguardista, progresivo y artístico, y también bastante agradable y radiofónico, pero esto es de principios de los 80 y prueba viviente de cómo el punk se estaba popularizando, como PIL de Jaś Zgniłek. Desde el principio, Midge Ure y su equipo se lanzan con un ritmo post-punk apasionado y contundente, que recuerda a los Stranglers o a otros Clash. Todo esto, sin embargo, está generosamente salpicado de un distintivo toque post-prog que se escucharía unos años más tarde en bandas neo-progresivas británicas. Por momentos, es verdaderamente caribeño en calidez y serenidad, pero momentos después, los músicos desatan el frío de toda la inminente ola de frío oscuro y la tormenta gótica. Cuanto más nos adentramos en la esencia del álbum, el chirrido de la guitarra es reemplazado constantemente por inquietantes salpicaduras de sintetizador, mientras que los instrumentos en vivo dan paso a sonidos electrónicos sintéticos. Y aunque normalmente preferiría una experiencia más melódica y vibrante, aquí los gélidos espacios del teclado son perfectamente apropiados, como si gritaran: "¡Llega una nueva década, acostúmbrate!".
Aunque nunca llegó a la cima de las listas, "Vienna" es, sin embargo, el mayor triunfo de Ultravox. "Vienna" destaca por crear una atmósfera que sugiere reflexión, desesperación y anhelo. La moderación compositiva de la canción es su punto fuerte, evitando que sus momentos más sensacionales resulten un melodrama exagerado. Esto no solo se aplica a la ejecución musical. La atmósfera, bellamente lograda, de "Vienna" se crea en parte gracias a una letra que sugiere emociones en lugar de delinear detalles contundentes. Las palabras no explican explícitamente el tema de la canción, ya que la letra se centra en transmitir el sentimiento mediante la elección de palabras y el fraseo, en lugar de explicar exactamente qué reflexiona el narrador. La canción se originó a partir de un episodio donde un conocido de Ure recordó mal el título de la canción "Rhiannon" de Fleetwood Mac. El cantante formuló lo que se convirtió en el estribillo de la canción, luego escribió el resto de la canción alrededor de eso con sus compañeros de banda. En su autobiografía de 2004, If I Was… , Ure explicó: "['Vienna'] era una canción de amor, la historia de un romance de vacaciones, sobre ir a un lugar hermoso y conocer a alguien especial". La letra de Ure estaba completamente basada en la fantasía; enfatizó: "Nunca había estado en Viena, nunca había tenido un romance de vacaciones". Quizás lo más decepcionante para los periodistas musicales, Ure reveló que no hay ningún subtexto político en "Vienna". Ure admitió en su libro que él y sus compañeros de banda mintieron en entrevistas sobre el significado de la canción, lanzando por ahí cualquier dato sobre la Viena de principios de siglo que pudieron evocar para "parecer interesantes".
lunes, 9 de marzo de 2026
1894.- Just the Two of Us - Grover Washington Jr.

"Just the Two of Us" fue escrita por Bill Withers, William Salter y Ralph MacDonald, y grabada en Elektra Records por el músico de jazz Grover Washington Jr. para su disco Winelight (1980) con el propio Bill Withers en la voz. William Salter y Ralph MacDonald compusieron la música y se la pasaron a Withers, que escribió la letra de la canción.
domingo, 8 de marzo de 2026
1893.- You Shook Me All Night Long - AC/DC
![]() |
| You Shook Me All Niht Long, AC/DC |



