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| Redemption Song Bob marley & The Wailers |
En 1980 Bob Marley & The Wailers ya no eran simplemente una banda de reggae, se habían convertido en todo un fenómeno cultural global. En junio de ese año publican bajo el sello discográfico Island Records Uprising, disco producido por Chris Blackwel. Este trabajo llegó en un momento en el que Marley estaba redefiniendo su sonido y, sin saberlo, escribiendo el capítulo final de su carrera. Grabado entre los Tuff Gong Studios de Kingston, Jamaica y los Compass Point de Bahamas, Uprising tiene esa mezcla tan característica entre la crudeza jamaicana y la sofisticación internacional que Blackwell había perfeccionado durante la década. Sin embargo, esta vez había algo distinto, tenía un tono más introspectivo, más espiritual... casi premonitorio. La maquinaria de los Wailers seguía funcionando como un reloj, Aston “Family Man” Barrett al bajo y Carlton Barrett a la batería sostenían el pulso rítmico con una gran solidez, los teclados de Tyrone Downie y Earl Lindo le daban a las canciones un tono cálido, y mientras, las I-Threes aportaban ese toque celestial que convertía cada estribillo en un pequeño ritual. Sin embargo, bajo esa superficie pulida se percibía un cambio de energía. Marley, debilitado por el cáncer que llevaba años combatiendo, parecía mirar hacia dentro. Quizás el artista nos estaba revelando que ya no solo cantaba para el mundo, sino también para sí mismo.
Y entonces llega Redemption Song, la última pista del álbum, y un punto de inflexión absoluto. En un disco lleno de arreglos cuidados, la decisión de cerrar con una pieza acústica, desnuda, sin banda, fue casi un acto de valentía. Según cuentan varias biografías, Marley compuso la canción en la intimidad de su habitación, con una guitarra que Rita Marley le había regalado. Chris Blackwell, al escuchar la demo, insistió en mantener esa fragilidad intacta. Existe una versión con banda completa, grabada en las mismas sesiones, pero quedó relegada a rareza porque, sencillamente, no podía competir con la fuerza emocional de Marley solo ante el micrófono. Musicalmente, la canción se aleja del reggae y se acerca al folk más puro. Su estructura es sencilla, casi minimalista, pero esa simplicidad es precisamente lo que permite que la voz de Marley (rota, cálida, urgente) ocupe todo el espacio. La letra, una de las más citadas de su repertorio, bebe directamente del pensamiento de Marcus Garvey. La frase “Emancipate yourselves from mental slavery; none but ourselves can free our minds” (Emancipaos de la esclavitud mental; nadie más que nosotros puede liberar nuestras mentes) se ha convertido en un mantra universal, pero en la voz de Marley adquiere una dimensión casi profética. No es solo un mensaje político, es una invitación a la introspección, a la liberación interior. La canción tiene algo de despedida. No es casual que muchos biógrafos la interpreten como el testamento artístico de Marley. Hay versos que parecen escritos desde la conciencia plena de la mortalidad, pero lejos de caer en el lamento, la canción irradia luz. Es un canto a la resistencia, a la dignidad, a la capacidad humana de levantarse incluso cuando todo parece perdido.
Una anécdota que suele mencionarse durante las sesiones de grabación es que Marley tocaba la canción una y otra vez, casi como si necesitara purificarla. Algunos miembros de la banda recuerdan que la toma definitiva fue prácticamente espontánea, y que al terminar, el silencio en el estudio era tan denso que nadie se atrevió a hablar. Sabían que habían presenciado algo irrepetible. El impacto de Redemption Song ha trascendido cualquier etiqueta. Ha sido adoptada por movimientos sociales, versionada por artistas de todos los géneros y utilizada como himno en contextos de lucha y esperanza. Es, probablemente, la canción que mejor cristaliza la esencia de Marley, un artista que entendía la música como herramienta de conciencia, de unión y de transformación.










