sábado, 21 de marzo de 2026

1906.- Army Dreamers - Kate Bush

Army Dreamers







     Army Dreamers vio la luz en septiembre de 1980, y lo hizo discretamente. Quizás estemos ante una de las discretas joyas del álbum Never for Ever, el tercer álbum de estudio de Kate Bush. Este disco supuso un punto de inflexión en su carrera. Tras el éxito de The Kick Inside y Lionheart, Bush buscaba emanciparse creativamente, tomar las riendas de su sonido y de su proceso artístico. Este fue el primer disco en el que figuró como productora, unto a Jon Kelly, y también el primero en la historia del Reino Unido en alcanzar el número uno con una mujer firmando la producción. Un logro simbólico que acompañaba una transición sonora. La incorporación de nuevas tecnologías como el Fairlight CMI (primer sampler y sintetizador digital de polifónico de la historia) se entremezclaron con piezas más orgánicas, entre ellas esta canción, una de las más desnudas y emotivas del álbum.

Grabada entre 1979 y 1980, Army Dreamers nació en un periodo de intensa actividad para Bush, que alternaba promoción, giras y largas sesiones de estudio. A diferencia de otras composiciones del disco, más densas en capas vocales y sintetizadores, aquí optó por una arquitectura minimalista, con un tempo lento, unas cuerdas suaves, una percusión discreta y una voz íntima y contenida. Bush consiguió un equilibrio perfecto entre la calculada delicadeza de la canción  y la crudeza del mensaje. Bush se pone en la piel de una madre que llora la muerte de su hijo, un joven soldado que se alistó buscando oportunidades que la vida civil le negó. La melodía, que por momentos parece una canción de cuna, remarca la ironía trágica: una música tierna que envuelve un mensaje devastador. La letra evita la épica militar y la crudeza, deteniéndose en pequeños detalles cotidianos, en decisiones aparentemente insignificantes que podrían haber cambiado el destino del muchacho. Estamos ante un retrato íntimo de la culpa, la impotencia y la inutilidad de la guerra.

Bush se inspiró en historias reales de jóvenes británicos que, en plena recesión económica, veían en el ejército una salida laboral más que una vocación. La canción no señala al soldado, sino al sistema que lo empuja hacia un futuro sin retorno. Toda una protesta silenciosa. El tema alcanzó el número 16 en las listas británicas y se consolidó como uno de los sencillos más recordados de la primera etapa de Bush. Con el tiempo, ha sido reivindicado como una de las canciones antibélicas más sutiles del pop británico. En 2001, la BBC retiró temporalmente la canción de su programación durante la Guerra de Afganistán, un gesto que reavivó el debate sobre su mensaje y confirmó la vigencia de su crítica décadas después de su publicación. Se hizo un videoclip de la canción, dirigido por la propia Bush, donde alterna imágenes de entrenamiento militar con escenas domésticas, en un montaje donde la artista interpreta tanto al soldado como a la madre. Bush explicó que quería mostrar cómo la guerra “se cuela en los hogares”, incluso cuando parece lejana. El videoclip fue considerado atrevido para la época por su crítico tono crítico y su inquietante estética.

viernes, 20 de marzo de 2026

Disco de la semana 474: Good Company - The Dead South

 


Publicado el 26 de abril de 2014, "Good Company" fue el primer LP de larga duración de The Dead South y el disco con el que cimentaron su identidad y característico estilo de bluegrass y folk modernos, con una inusual formación de banjo, guitarra acústica, mandolina y violonchelo (en lugar de contrabajo) y la ausencia de batería. Dos años después de su publicación, la viralización del vídeo de la canción "In Hell I’ll Be in Good Company" disparó las escuchas y descargas de un disco que ofrece catorce fogonazos de bluegrass de taberna y baladas de corte sombrío.

El disco arranca con "Long Gone", con un fogoso banjo mandando sobre el resto de instrumentos y con la voz áspera de Nate Hilts perfectamente encajada en el perfecto ritmo de la canción. La letra oscila entre la huida sentimental y el humor negro y la exageración satírica, rasgos frecuentes en el cancionero del grupo. Le sigue “Achilles”, más cadenciosa y de estribillo potente, y un destacable cello acompañado de mandolina y banjo en el cuerpo y la melodía de la canción.

El trío inicial lo completa “The Recap”, épica canción de aires tabernarios, con una letra que va creciendo en intensidad, con la música alternando tramos contenidos y estallidos rítmicos, antes de llegar a la ya mencionada “In Hell I’ll Be in Good Company”, la piedra angular del disco y la canción insignia del grupo, un curioso ejercicio musical que algunos han descrito como de "marcha fúnebre bailable" con un estribillo en el que el grupo asume y afronta el tema de la muerte en clave de sátira burlona.

“Manly Way” tiene también la habitual carga satírica de una típica canción de The Dead South, combinada con la también habitual instrumentación tradicional de mandolina y banjo sobre una base rítmica minimalista. Funciona como una especie de transición entre la primera parte del disco y “Travellin’ Man”, momento en el que se adentran en el terreno de la balada, y la voz rasposa de Nate Hilts vuelve a cobrar mayor protagonismo, en un tema en el que también destacan los cuidados coros y un banjo con sabor a carretera solitaria.

“Honey You” es una de las canciones favoritas de los fans del grupo, y es prácticamente imprescindible en sus actuaciones en directo. Tiene un toque dulce y pegadizo en la melodía y en los coros, y el estribillo se queda pegado fácilmente en la memoria del oyente, sin que por ello pierda el tono taciturno y algo lúgubre de la propuesta musical de The Dead South. Para este tema también grabaron un video promocional, que tuvo bastante presencia en las plataformas de consumo de música online. Tras este nuevo momento cumbre del disco, “Ballad for Janoski” es una extensa y contenida balada con un agradable cello, que va creciendo conforme avanzan sus más de cinco minutos de duración.

“Down That Road” retoma el medio tiempo habitual del disco en tono de road movie, descargando la tensión generada por el intenso tema anterior, y abriendo camino para un tramo final más luminoso y animado, que comienza con el manifiesto que es “The Dead South”, plagada de riffs de banjo y cierta sorna auto-paródica, y otro de los himnos característicos de la banda. No menos relevante y pegadiza es “That Bastard Son”, brillante tema folk de estribillo para cantar a coro. Y tras estos tres impactantes fogonazos, el ritmo vuelve a calmarse en “Deep When the River’s High”, profunda y dramática balada en la que el cello camina a sus anchas en agradables oleadas armónicas.

La intensidad no decae en “Into the Valley” y sus más de seis minutos de tensión creciente y apocalíptica. Musicalmente es la pieza más ambiciosa del disco, con una instrumentación de folk de salón cocinada con la calma necesaria y una producción muy limpia y acertada. Podría haber sido un gran final para "Good Company", pero The Dead South aún guardan una bala más en la recámara y, para terminar, nos regalan la bola extra de “Banjo Odyssey”, un torbellino acelerado y satírico sobre la rebeldía juvenil, descrita a través de la explícita historia de una relación amorosa entre primos. Musicalmente es, de nuevo, una gran demostración de su destreza con el banjo, con un estribillo pegadizo y una intensidad que hace que cierre en todo lo alto un disco que, definitivamente, es una "buena compañía" tanto si estás solo en casa sentado junto al tocadiscos, sin estrés ni prisa alguna y con una buena cerveza en la mano.

1905.- Babooshka - Kate Bush


Babooshka es el mayor éxito de Kate Bush en el Reino Unido desde “Wuthering Heights”, pasarán otros cinco años hasta que Bush supere su posición más alta en el puesto número 5 de las listas británicas con “Running Up That Hill”. La popularidad de “Babooshka” en Europa y Australia es significativa, ya que alcanza el Top 10 y el Top 20 en Francia, Italia e Israel, por nombrar solo algunos. Su lista de actuaciones en televisión no tiene parangón con casi ninguna otra canción de Kate Bush. Bush no fue exactamente una estrella fugaz: había mantenido su presencia en los primeros puestos de las listas después de “Wuthering Heights”. Pero esta canción demostró al público que podía trabajar en otros estilos además de la exuberancia precoz de “Wuthering Heights”. En parte, el éxito de «Babooshka» se explica por su afinidad conceptual con «Wuthering Heights». Al igual que el primer sencillo de Bush, «Babooshka» es una obra de ensoñación literaria que narra la disfunción de una relación a través de imágenes derivadas de una obra preexistente (en el caso de Babooshka, la canción folclórica «Sovay»). Ambas canciones presentan protagonistas femeninas celosas cuyas patologías conducen a una ruptura dramática en sus relaciones amorosas. Sin embargo, aunque las dos canciones comparten esencia, difieren significativamente en su composición y realización. «Wuthering Heights» es mucho más pop que «Babooshka». Es una canción profundamente extraña, pero sigue siendo una balada poderosa por excelencia que termina con un solo de guitarra. La instrumentación de «Babooshka» combina un piano, un sintetizador Yamaha CS-80 y la balalaika de Paddy Bush. La canción tiene elementos pop, como su melodía con toques de jazz, pero "Babooshka" deja entrever su rareza desde el principio.

“Cumbres Borrascosas” fue un reencuentro de amantes. “Babooshka” narra el lento desarrollo de una relación disfuncional, que culmina en un glamuroso brote psicótico. El personaje que da título a la canción actúa como si Bush pretendiera escribir finalmente la obra cumbre de Brontë : una mujer mezquina y celosa arruina su relación con su pareja en un frenético ataque de posesividad. Su plan, por supuesto, es descabellado: Babooshka pone a prueba la lealtad de su marido engañándolo con “cartas perfumadas”, Babooshka usa estas cartas para concertar una conversación íntima entre su marido y su personalidad asumida: “igual que/su esposa/pero como era antes de que pasaran los años”. La canción no aclara si Babooshka es reconocida por su marido, limitándose a sugerir que él cede a sus caprichos (es un sumiso absoluto). El narcisismo autodestructivo de Babooshka destruye su relación, creando un ciclo vicioso en el que el miedo al fin de la relación la termina por sí mismo. Los detalles de la ruptura emocional entre la pareja se expresan vagamente. "Babooshka" se basa en el deseo de su protagonista de "poner a prueba a su marido" y solo proporciona detalles ocasionales sobre la relación de la pareja. Cuando el marido lee las cartas falsas, observa que ella se parece a su esposa "antes de las lágrimas/y a cómo era antes de que pasaran los años". Evidentemente, su matrimonio fue feliz en algún momento, antes de que algún cataclismo lo rompiera y los condenara a una unión sin alegría. Antes de que Babooshka se entregara a la sospecha y los celos, tenía la "capacidad de darle todo lo que necesita" Su plan para reconquistarlo es una expresión del deseo de volver a la alegría de sus primeros años de matrimonio, un acto de nostalgia inútil. La fantasía que ella representa no es simplemente tóxica; es regresiva y lamentable.


jueves, 19 de marzo de 2026

1904.- Chica de Ayer - Nacha Pop

 


El núcleo de Nacha Pop residía en la dualidad creativa de dos primos: Antonio Vega y Nacho García Vega. Mientras que Nacho aportaba la energía, el descaro y el pulso más optimista del pop-rock, Antonio era el poeta introspectivo, capaz de transformar la fragilidad y la soledad en melodías inmortales. Esta combinación de "luz y sombra" permitió que el grupo navegara entre el power pop energético y las baladas más profundas de la música española. La unión de los primos con la incorporación de Ñete a la batería fue el comienza, el grupo comienza a rodar actuando en festivales y conciertos como teloneros o artistas invitados, a finales de los 70. A diferencia de grupos como Almodóvar & McNamara o Kaka de Luxe, que apostaban por el punk amateur y la estética trasgresora, los Nacha Pop eran vistos como los "buenos músicos" de la Movida,ensayaban obsesivamente en los locales de la calle Tablada y se tomaban muy en serio la composición. Esto les ganó el respeto de la crítica, pero a veces los alejaba de la faceta más "rebelde" o "provocadora" del movimiento. La discográfica Hispavox se fija en ellos y en 1980 publican su álbum debut homónimo producido por Teddy Bautista. El disco es bien acogido y la influencia de la new wave y de los teclados británicos resaltan en el sonido que caracterizó a la Movida Madrileña. En este primer trabajo se incluye la canción que hoy comentamos. Despues de 6 albums de estudio y 10 años, llego su adios que no fue por falta de éxito, sino por agotamiento creativo. Los dos conciertos en la Sala Jaim (Madrid) en octubre del 88 se convirtieron en un evento histórico. Fue una de las primeras veces que una banda de pop español grababa un disco en directo con una producción de altísimo nivel. Tras esto, Antonio y Nacho no volvieron a tocar juntos de forma oficial hasta la reunión de 2007, una gira de retorno que sirvió de homenaje en vida a Antonio antes de su muerte en 2009.

Chica de ayer, la canción es una de las más importantes de la historia de la música en España. De hecho, la revista Rolling Stone la consideró, en 2012, la segunda mejor canción de la historia del pop español. La leyenda cuenta que Antonio Vega compuso la canción en 1977, mientras cumplía el servicio militar obligatorio en Valencia, en la soledad de la garita, lejos del bullicio de Madrid, Antonio plasmó una melancolía que iba más allá de su edad (apenas tenía 20 años). Se dice que los primeros versos nacieron en una servilleta de una cafetería valenciana, inspirados por una chica que veía pasar. Esa distancia física y emocional dotó a la letra de una pátina de nostalgia que se convertiría en su sello distintivo. Vega nunca reconoció quién es la musa que le inspiró. Sin embargo, la descripción que se hace en la canción de la chica de cabellos dorados permitió a Paloma Concejero, directora del documental Tu voz entre otras mil, deducir que se trataba de la diseñadora Maite Echanojaúregui. Musicalmente, "Chica de ayer" es una pieza de power pop perfecta. Tiene la energía de la New Wave británica pero con una sensibilidad mediterránea. La estructura es engañosamente sencilla, pero el brillo de las guitarras de 12 cuerdas y el sintetizador que subraya el estribillo crean una atmósfera onírica. Sin embargo, lo que realmente la eleva es la letra. Antonio Vega, el "arquitecto de las palabras", no escribió una canción de amor al uso, escribió a la vez sobre el paso del tiempo, la pérdida de la inocencia y la soledad urbana, representado por el Penta, el emblemático bar de Malasaña mencionado en la letra ("Luego por la noche al Penta a escuchar..."), se convirtió gracias a esta canción en un lugar de peregrinación eterna para los amantes del pop. "Chica de ayer" fue el motor que impulsó a Nacha Pop a la vanguardia de la Movida Madrileña, fue la prueba de que en España se podía hacer pop con la misma calidad que en Londres o Nueva York, pero con una identidad propia. Tras la muerte de Antonio en 2009, la canción adquirió una dimensión casi religiosa. Se ha versionado de mil maneras (desde Enrique Iglesias hasta Germán Coppini), pero ninguna alcanza la pureza de la grabación original de 1980 o la intensidad de la versión en directo de 1988. Es una canción que pertenece a todo aquel que alguna vez ha sentido que el presente se le escapa entre los dedos mientras recuerda un amor o un momento que ya es solo un eco.

miércoles, 18 de marzo de 2026

1903.- Holiday In Cambodia - Dead Kennedys



Los Dead Kennedys no fueron solo una banda de punk, fueron el bisturí que diseccionó la hipocresía de la sociedad estadounidense a finales de los 70 y principios de los 80. Formados en San Francisco en 1978, se convirtieron en los arquitectos del hardcore punk con una mezcla única de sátira mordaz, ritmos frenéticos y una sensibilidad casi surf-rock en las guitarras. Liderados por el carismático y provocador Jello Biafra, la banda se distinguió por su habilidad para incomodar,mientras otros grupos gritaban sobre el aburrimiento, Biafra utilizaba el sarcasmo para atacar al imperialismo, el consumismo y la derecha política. El sonido de la guitarra de East Bay Ray, con su distintivo uso del eco y el reverb, junto a la sección rítmica técnica de Klaus Flouride y D.H. Peligro, elevó al grupo por encima del estándar ruidoso del género. Sin embargo, su carrera estuvo marcada por la fricción. En 1985, el lanzamiento de Frankenchrist los llevó a los tribunales por una acusación de "distribución de material perjudicial para menores" debido a un póster de H.R. Giger incluido en el disco. Aunque el caso fue desestimado, las tensiones financieras y creativas terminaron por disolver la banda en 1986. Hoy, su logo —la icónica "DK" diseñada por Winston Smith— sigue siendo un símbolo universal de resistencia. A pesar de las batallas legales posteriores entre Biafra y el resto de los miembros, su música sigue siendo dolorosamente relevante en el clima político actual.

Fresh Fruit for Rotting Vegetables no es solo el debut de los Dead Kennedys, es el manifiesto definitivo del punk inteligente y corrosivo. En un género que a menudo se limitaba al ruido, este álbum introdujo una precisión casi quirúrgica y un sentido del humor negro que dejó cicatrices en la cultura pop. El disco destaca por la voz de Jello Biafra, que suena como un locutor de noticias al borde de un colapso nervioso, y la guitarra de East Bay Ray, que mezcla el punk con influencias de surf y rockabilly siniestro. Juntos, crearon una atmósfera de paranoia y urgencia. Holiday In Cambodia es su canción más popular y posiblemente la más pop, pero conserva una gran dosis de cinismo y punk descarado, solo está presentada de una forma más amigable y accesible que muchas de sus otras canciones. Los retumbos iniciales del bajo y la posterior y vertiginosa subida de guitarra y batería te atrapan y te preparan para del caos, es donde comienza el famoso riff de la canción, que es sin duda icónico e inspiraría a legiones de jóvenes skaters durante años, el riff es siniestro y oscuro, y mientras tanto, la batería suena con una fuerza arrolladora. A medida que la canción avanza hacia la estrofa, las notas descendentes del bajo y la guitarra forman un excelente telón de fondo para la voz del vocalista Jello Biafra, su voz es sin duda única en el mundo de la música, es peculiar y parece saltar de un lado a otro mientras canta. Sin duda, lo mejor de la canción son los preestribillos. Biafra está en modo sarcasmo total, ¡y los arpegios de guitarra con ese dulce tono se te quedarán grabados en la cabeza durante años! El estribillo en sí es bastante simple, con un riff potente en todos los sentidos y una melodía que te hará pensar: "¿Esto es punk? ¡Me gusta!". Hay unos solos de guitarra rapidísimos que se lucen en el estribillo, además de una batería aún más furiosa. La repetición de la melodía del preestribillo es otro punto fuerte que suena genial. Tras una estrofa más, la canción termina de forma rápida y abrupta… ¡muy punk, tío! En realidad, le sienta de maravilla, y no me imagino una canción de esta magnitud terminando de otra manera.


martes, 17 de marzo de 2026

1902 - Johnny and Mary - Robert Palmer

Johnny and Mary - Robert Palmer

La primera vez que suenan los acordes de Johnny and Mary, algo en el aire parece detenerse. No es una canción que irrumpa con fuerza; más bien se desliza con una calma inquietante, como si contara una historia que ya conocemos, pero que nunca hemos querido escuchar del todo. En la voz de Robert Palmer, esa historia adquiere un tono casi íntimo, como si el cantante estuviera relatando la vida de dos personas desde una esquina silenciosa de la ciudad.

Johnny y Mary no son héroes románticos ni protagonistas de un gran drama. Son, más bien, dos figuras cotidianas atrapadas en la rutina de la vida adulta. Johnny aparece como un hombre que intenta convencerse de que tiene el control de su destino. Cree que puede “ganarle al sistema”, encontrar una forma de escapar de la monotonía y alcanzar algo mejor. Sin embargo, en cada verso se percibe una fragilidad: sus certezas parecen más un intento de autoengaño que una convicción real.

Mary, por su parte, se mueve en otro plano emocional. Observa, duda, reflexiona. Su mundo está lleno de preguntas silenciosas sobre el amor, la estabilidad y el futuro. Mientras Johnny busca respuestas rápidas, Mary parece comprender que la vida no se resuelve con fórmulas simples. Hay una distancia entre ellos que no siempre se dice con palabras, pero que se siente en cada línea de la canción.

Musicalmente, la canción es una pequeña joya del pop sofisticado de comienzos de los años ochenta. La base rítmica electrónica y el sintetizador crean una atmósfera minimalista y ligeramente melancólica. Nada sobra: cada sonido está colocado con precisión para sostener la narración. Ese clima musical refuerza la sensación de estar observando una escena urbana nocturna, donde las luces de neón iluminan historias personales que pasan desapercibidas para el resto del mundo.

La interpretación vocal de Robert Palmer es clave. No dramatiza en exceso ni intenta convertir la canción en un lamento. Al contrario, canta con una serenidad casi distante, como un narrador que describe la vida de Johnny y Mary con cierta comprensión, pero también con una inevitable resignación. Esa forma de cantar convierte la historia en algo universal: cualquiera podría verse reflejado en esos personajes que intentan entender qué hacer con su vida y con sus relaciones.

Con el paso de los años, “Johnny and Mary” ha ganado un aura casi cinematográfica. Es una canción que habla de aspiraciones, de inseguridades y de la tensión entre lo que soñamos ser y lo que realmente somos. En apenas unos minutos, Robert Palmer logra capturar la esencia de muchas relaciones modernas: personas que comparten la vida, pero que a veces caminan en direcciones emocionales diferentes.

Quizás por eso la canción permanece. Porque Johnny y Mary no son solo dos nombres en una letra: son el reflejo de una generación que busca sentido en medio de la rutina, del amor y de las expectativas que nunca terminan de cumplirse. Y en esa búsqueda silenciosa, la canción encuentra su belleza más profunda.

Daniel 

Instagram storyboy 


lunes, 16 de marzo de 2026

1901 - Calle melancolía - Joaquín Sabina


Calle melancolía - Joaquín Sabina

Entre las muchas postales nocturnas que dejó el cancionero urbano español de finales del siglo XX, pocas tienen la capacidad evocadora de “Calle de Melancolía”, una de las canciones más emblemáticas de Joaquín Sabina. Publicada en el álbum Malas compañías (1980), esta pieza funciona como un retrato íntimo de la soledad urbana y del desencanto que atraviesa a muchos de los personajes que habitan las canciones del cantautor andaluz.

Desde sus primeros versos, Joaquín Sabina dibuja una escena casi cinematográfica. El narrador habita un espacio gris, una especie de territorio emocional donde la rutina, la nostalgia y el cansancio vital se mezclan. La “calle de Melancolía” no es necesariamente un lugar físico, sino más bien un estado del alma: una metáfora de ese momento en la vida en el que las ilusiones parecen haberse diluido y el presente se vuelve más pesado que el pasado. Como suele ocurrir en la obra de Joaquín Sabina, la geografía sentimental importa más que la geografía real.

La canción destaca por su lenguaje sencillo pero profundamente poético. Joaquín Sabina utiliza imágenes cotidianas —habitaciones, bares, ventanas, calles— para construir una atmósfera de introspección y desencanto. No hay grandes tragedias ni giros dramáticos: el drama aquí es silencioso, casi doméstico. Esa naturalidad en la forma de contar la tristeza es precisamente lo que hace que la canción resulte tan cercana para quien la escucha.

Musicalmente, el tema se mueve dentro de una estructura sobria, donde la melodía acompaña el relato sin imponerse sobre él. La instrumentación discreta deja espacio para que la voz rasgada de Joaquín Sabina y el peso de las palabras se conviertan en el centro de la experiencia. Esa austeridad sonora refuerza la sensación de intimidad, como si el cantante estuviera confesando sus pensamientos en una mesa de bar a altas horas de la madrugada.

Uno de los aspectos más interesantes de la canción es la manera en que combina ironía y melancolía. Aunque el tono general es nostálgico, Joaquín Sabina introduce pequeños destellos de humor y autocrítica. El narrador parece consciente de su propio desencanto y, en lugar de dramatizarlo, lo observa con una mezcla de resignación y lucidez. Esa mirada irónica es una de las marcas más reconocibles del estilo del artista.

Con el paso de los años, “Calle de Melancolía” se ha convertido en una de las composiciones más queridas del repertorio de Joaquín Sabina. No solo resume muchas de las obsesiones temáticas que recorrerán su obra —la noche, la soledad, el amor perdido, la ciudad—, sino que también muestra al compositor en un momento temprano de su carrera en el que ya dominaba el arte de convertir emociones complejas en historias sencillas y memorables.

Escuchar esta canción hoy es como caminar por una calle silenciosa al anochecer: cada verso parece iluminar una ventana distinta del alma. Y en ese paseo lento y reflexivo, Joaquín Sabina nos recuerda que la melancolía, cuando se transforma en canción, también puede ser una forma de belleza.

Daniel 
Instagram storyboy 

La Silueta: Un relato de música y muerte

 



"Empujado a un misterioso juego de música y muerte por las calles de la imaginaria ciudad de Babylon, el detective Norman Yuste deberá perseguir a un asesino en serie conocido como La Silueta, con la inesperada ayuda del dependiente de una vieja y solitaria tienda de discos. A través de la música, Norman irá acercándose cada vez más a la verdad oculta tras los asesinatos, y a los recuerdos de un pasado doloroso que durante años había mantenido enterrado."

Este es el argumento de "La Silueta", el primer libro que he escrito, tras muchos relatos cortos, reseñas y artículos, firmando como Nevermind en este blog. Como no podría ser de otra manera, la música es un "personaje" omnipresente a lo largo y ancho del libro, así que no hay lugar mejor que 7dias7notas para publicar de manera gratuita el primer capítulo del libro: "La nube negra". Ojalá no podáis dejar de leerlo, porque yo no pude parar de escribirlo.

LA NUBE NEGRA

Cientos de personas iban de un lado a otro, por el largo pasillo del centro comercial. Caminaban como autómatas desprovistos de su propia humanidad. Seres alienados por el poder de las marcas y la publicidad, consumiendo la basura incesante generada por la televisión y las redes sociales, al ritmo implacable del estridente hilo musical de la gran superficie, que no dejaba de escupir banales canciones fabricadas en serie. Así es como lo veía el Sr. Kite, mientras caminaba entre la gente, en aquel reducto estrafalario de lo que, para él, era una sociedad desquiciada y carente de toda conciencia.

No sabía, a ciencia cierta, cómo había acabado allí. Las últimas horas habían trascurrido en una negra nebulosa, en uno de sus ya habituales lapsos de memoria, y no recordaba bien el recorrido previo a su errático caminar actual. Antes de la “nube negra”, estaba seguro de que el director de su oficina le había llamado a su despacho y, tan fría como educadamente, le había comunicado el cese de la relación laboral. A sólo cinco años de la jubilación, la noticia le había caído encima como una losa, bajo la que ahora yacían los restos putrefactos de su carrera profesional, convirtiéndole en un desdichado zombi andante, una triste figura que deambulaba lastimosamente por el pasillo del centro comercial.

Al escuchar el frío y estudiado discurso del director, sintió en un primer momento cómo el aire le faltaba en los pulmones, y pensó que no sería capaz de mantener el control, derrumbándose allí mismo, en el flamante despacho en el que estaba siendo despedido. Pero no lo hizo. En lugar de eso, “aguantó el tipo con dignidad, y en el más completo de los silencios”, según las palabras del propio director, entrevistado por la policía sólo un día después, en el mismo despacho. “Escuchó resignado y con la mirada perdida, con una extraña expresión de vacío en el rostro. Cuando me levanté de mi asiento, él hizo lo propio, y sin mediar palabra alguna, se giró lentamente y salió del despacho. Y eso fue todo. Recogió sus pocas pertenencias y se marchó. No podíamos hacer otra cosa, cuando le daban esos episodios de ausencia era una persona inestable, diría que incluso incontrolable”.

La realidad no hablaba de dignidad, ni de resignación silenciosa, en la manera de tomarse el despido, sino simplemente de “ausencia”. El Sr. Kite no estaba ya realmente allí, en el momento posterior a que el director le anunciara su despido. Como mecanismo de defensa, y cual reflejo vaso-vagal que provoca un desmayo como medida de “desconexión” ante un estado límite, provocado por una infección y la consiguiente fiebre, el cerebro del Sr. Kite evitó la inminente crisis nerviosa concentrando todos los recursos mentales y sensoriales en un solo punto para, de alguna manera, distraer a su dueño de todos los demás estímulos disponibles, y poder así salvar aquella difícil situación sin agravarla. El punto crítico elegido, para tal fin, fue una grotesca mancha de grasa en la cara corbata del director, comprada (ironías del destino) precisamente en el centro comercial en el que ahora se encontraba el Sr. Kite. Tanto se concentró en aquella mancha, que no solo fue la última imagen que su frágil memoria guardó antes del vacío de la nube negra, sino que fue, además, la primera disponible en el momento de volver a la consciencia y observar a los cientos de personas de las que se encontraba rodeado. En ese momento, interrumpió su errante caminar y se detuvo delante del escaparate de una tienda de discos, presidido por un cartel enorme que decía “Liquidación total por cierre”, y pensó: “¿Qué más puede ir mal hoy?”. Entró en la tienda, y vagó por su interior como alma en pena, mirando con desgana los cd’s en las estanterías, y deteniéndose a continuación a mirar en uno de los cajones llenos de vinilos. Mientras rebuscaba, se topó con un vinilo que llamó su atención, y se detuvo a contemplar su portada. Era el disco “The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars” en cuya portada David Bowie aparecía solo, en plena noche, junto a la entrada de un portal en un frío callejón londinense. Esbozó una leve y extraña sonrisa, al pensar que así era, realmente, como se sentía en esos momentos. Sólo y a la intemperie, perdido en la fría noche de un mundo que giraba en dirección contraria a la suya.

- ¿Puedo ayudarle en algo? - preguntó una bella y joven dependienta de largos cabellos rubios y ojos del color de la hierba en otoño, que tras el cierre que anunciaba el cartel del escaparate, se llevaría seguramente su belleza natural a alguna de esas franquicias de ropa para adolescentes. O quien sabe si, tras algunos pequeños retoques de interiorismo, la franquicia no acabaría estando en el mismo lugar en el que aquel establecimiento daba sus últimas bocanadas de aire, antes de pasar a mejor vida en el cielo de las tiendas de discos, un lugar cuya existencia aún estaba por demostrarse, al igual que la del resto de los prometidos paraísos con los que el hombre mundano sobrellevaba la angustia de su inevitable temporalidad.

- ¡Cinco años, me quedaban cinco años! – contestó el Sr. Kite.

- Perdone, ¿Qué ha dicho? – contestó ella, extrañada por la respuesta de aquel hombre.

- No, no puedes ayudarme, ya es demasiado tarde – le contestó el Sr. Kite, mientras daba vuelta al vinilo, observando en la contraportada a David Bowie dentro de una típica cabina londinense. ¿A quién estaría llamando en aquel momento? ¿Y a quién podría llamar él ahora, si no tenía a nadie a quién llamar y pedir consuelo? Eran solo preguntas al aire, y sin mucho sentido, que se hizo a sí mismo mientras la dependienta volvía sobre sus pasos, maldiciendo por tener que aguantar a otro pirado más, y conjurándose para resistir los pocos días que le quedaban en aquel empleo. Tenía muchas de sus esperanzas puestas en una entrevista que había hecho días atrás, para trabajar en “Fashion”, una franquicia de ropa y complementos para modernillos y adolescentes, y la ilusión por ese posible nuevo empleo le daba las fuerzas necesarias para sobrellevar la anodina travesía hacia el cierre definitivo de su empleo actual.

El Sr. Kite miró con desgana como la dependienta se alejaba por el estrecho pasillo de la tienda de discos, y devolvió con cuidado el vinilo a su sitio en el cajón. Resopló por un instante, a la altura del umbral de la salida de la tienda, como si necesitara renovar el aire de sus pulmones, antes de sumergirse de nuevo en las profundidades del pasillo central del centro comercial, dónde cientos de autómatas continuaban su incesante trasiego de una tienda a otra, y luego a otra y… ¿Por qué no otra más?

En el centro de aquel gran pasillo, varias personas esperaban la llegada de uno de los dos grandes ascensores a los que daba acceso esa zona, para dirigirse a las plantas superiores o al aparcamiento subterráneo. De camino hacia los ascensores, metió su mano derecha en el bolsillo lateral del abrigo, y se sorprendió al sentir el contacto con un frío metal, que encontró allí donde debería haber estado el teléfono móvil. No necesitó sacar el objeto del bolsillo para saber que se trataba de una pistola. ¿Cómo había llegado un arma hasta el bolsillo de su abrigo? Sobresaltado, sacó la mano y se tocó nerviosamente la cara, tapándose la boca y apretándose la nariz con los dedos índice y pulgar mientras el resto de los dedos acariciaban su descuidada barba de dos días. Con la mano izquierda, rebuscó en el otro bolsillo, y encontró el móvil que hubiera esperado encontrar en el primero, pero con la excitación producida por el descubrimiento del arma, había olvidado completamente lo que quería hacer con él, y pensó que, en cualquier caso, no habría nadie al otro lado de la línea para poder ayudarle. Bowie ya hacía tiempo que habría abandonado aquella cabina, y era la única persona con la que querría haber hablado en aquel momento, y a ser posible a cobro revertido. Siguió caminando, hacia la zona de acceso a los ascensores, en la que varias personas seguían esperando, mirando al suelo o a las pantallas de sus teléfonos móviles con una mano, mientras con la otra sujetaban bolsas de plástico con los logos de las tiendas en las que las habían llenado de, a su juicio, innecesarios artilugios y complementos, adquiridos a precios descaradamente inflados por las marcas corporativas y sus agresivas estrategias de marketing.

El ascensor destinado a las plantas inferiores llegó casi al momento en que el Sr. Kite pasó a formar parte de la fila de “los que esperaban”. Las puertas automáticas se abrieron, como un gran telón descorriéndose a ambos lados del escenario de una gran obra teatral, mostrando un decorado de planchas metalizadas de color rojizo y un gran panel de botones luminosos en el lado izquierdo, con los que elegir la próxima parada, o el destino final del viaje. El grupo de personas fue entrando ordenadamente en el ascensor, seguidos por el Sr. Kite, y generando entre todos un leve y curioso ruido plástico, producido con el roce de las bolsas de las compras con los bordes de la entrada al elevador. Mirando al cuadro de botones, el desorientado Sr. Kite llegó a la conclusión de que todo lo acontecido, hasta ese momento, había tenido lugar en la planta tercera, porque los botones de las plantas segunda, primera y aparcamiento estaban iluminados en azul, marcando las próximas paradas. Respiró hondo de nuevo, y pidió amablemente a la anciana que tenía al lado que se apartara, para pulsar el botón de su destino. Y ese destino estaba, en realidad, marcado en rojo en aquel panel eléctrico, con cuatro letras blancas que formaban la palabra “stop”. El ascensor se paró en seco, generando una breve sensación sísmica en el interior del habitáculo, con el epicentro del temblor situado bajo los pies de sus ocupantes. Las bolsas de plástico volvieron a chocar entre sí, repitiendo aquel leve pero molesto ruido.

- Pero… ¿Qué hace, hombre? – le espetó un tipo de unos treinta años, dueño de un engominado y a la vez milimétricamente despeinado corte de pelo, unos estratégica y concienzudamente rotos pantalones vaqueros, una camiseta de licra ajustada a sus exagerados y artificiales pectorales, y unos grandes tatuajes de dragones y mujeres desnudas que le cubrían totalmente la piel de ambos brazos. Casi sin pensarlo, la respuesta del Sr. Kite a la pregunta fue sacar el arma del bolsillo del abrigo y encañonar al recauchutado treintañero, que en un acto reflejo soltó sus bolsas y extendió las manos para protegerse y cubrirse el rostro, girando la cabeza hacia un lado mientras gritaba:

- ¡Mierda, tío, controla, no lo decía en serio!

La anciana, a su lado, dio un respingo y gritó asustada, y el resto de los ocupantes del ascensor hicieron lo mismo unas milésimas de segundo después, como un coro góspel acompañando fielmente a su cantante principal. Instintivamente, el coro se aplastó contra la esquina opuesta del ascensor, apretándose unos contra otros y cubriéndose el rostro con las manos, tapándose los ojos para no mirar, y a la vez seguir mirando, en lo que para el Sr. Kite fue un ejemplo más de la incongruencia del ser humano, que ve sólo lo que quiere ver y se engaña a veces no queriendo verlo.

- Para mí ya es tarde, pero aún tengo tiempo de acabar con esta mediocridad antes de irme – masculló el Sr. Kite. Calculó que tendría seis balas, porque en las películas de acción las pistolas siempre tienen esa capacidad. Contó seis personas en el ascensor además de él, así que pensó que tendría más que suficiente. Sacó el móvil del bolsillo izquierdo, sin dejar de apuntarles con el arma, ajeno a los gritos y súplicas de todos ellos. Ya no les oía, porque su cerebro estaba ya concentrado de nuevo en un solo punto de emergencia, y las voces de aquellos desdichados habían pasado a formar parte de la nube negra. Buscó una aplicación de reproducción de música, seleccionó una de las listas disponibles y pulsó en la primera canción. Un lejano ritmo de batería fue haciéndose cada vez más audible a través del altavoz del móvil, que reproducía la entrada in crescendo de “Five Years” de David Bowie, que a cada segundo sonó con más fuerza en el interior del ascensor.

- ¡Mediocridad! - gritó el Sr. Kite, mientras movía el arma de un lado a otro, apuntando a las cabezas de las personas mientras decidía por quién empezar - ¡Tú! – dijo señalando al hombre de la camiseta ajustada y los tatuajes - ¿Cuál es el título de esta canción?

- ¡Por favor, tranquilícese, guarde el arma y no haga una locura! – dijo el hombre, balbuceando. De repente, aquel “musculitos” de pelo engominado había dejado de tutearle.

- ¡Que me digas el título de esta canción! Seguro que te pasas el día escuchando esa mierda de reggaetón en el coche, y no tienes ni idea de lo que está sonando. Lo siento mucho, amigo, pero ésta es la oportunidad que te doy… ¡Jugamos a todo o nada! – le contestó airado, mientras le seguía apuntando con la pistola.

- Yo…Yo… ¡No lo sé…! – dijo el hombre, mientras cerraba los ojos, de los que brotaban ya las primeras lágrimas, a punto de precipitarse por sus mejillas. Sabía perfectamente que, en manos de aquel loco, esa respuesta no le conducía a un destino favorable, y no quería mirar al mensajero de la muerte que tenía frente a sus ojos.

El Sr. Kite apretó con fuerza la empuñadura del arma para afianzarla. El sudor en sus dedos y en la palma de su mano hacía que se le resbalara. Cerró también los ojos por un segundo, tras el cual apretó con fuerza el gatillo. El disparo resonó dentro del ascensor cerrado, y al instante los gritos histéricos de los ocupantes llenaron el reducido espacio y se clavaron como cuchillos en sus tímpanos. El cuerpo del treintañero cayó al suelo como un fardo, junto a las bolsas de plástico que había arrojado al suelo unos segundos antes, salpicadas de miles de gotas de sangre, como si un incómodo sarampión se hubiera adueñado de ellas. El Sr. Kite abrió los ojos y miró nerviosamente a su alrededor, y levantó después la voz por encima de los gritos histéricos del resto de ocupantes del ascensor. La anciana tenía manchas de sangre del treinteañero por todo el rostro, y parecía en grave riesgo de sufrir un desmayo, por lo que el Sr. Kite retomó apresuradamente su discurso:

- ¡Era “Five Years”, de David Bowie! ¿Pero qué narices le está pasando a este mundo? ¡Está en un disco que se debería enseñar en la escuela! – dijo mientras apuntaba el arma hacia la anciana, para continuar con su macabro concurso - ¡Vamos con la siguiente… un rotundo tema de rock y psicodelia, con uno de los mejores solos de guitarra del disco, llevado hasta el límite en la apoteosis final del tema, hasta hacernos creer que el mundo va a estallar… ¡Y hoy lo va a hacer por fin! - dijo a modo de épica introducción radiofónica, mientras en el móvil seleccionaba “Moonage Daydream”. Fueron tan solo los primeros acordes, porque la anciana puso los ojos en blanco antes de poder dar una respuesta, en un claro indicio de estar a punto de desmayarse. La ejecutó casi al tiempo en que la anciana perdía la consciencia, por lo que la mujer tuvo un tránsito casi indoloro hacia la otra vida. Tras esta “piadosa” muerte, llegaría el turno de “Starman”, errada por una estudiante de diminutos pantalones vaqueros cortos y trenzas de colores en el pelo. "El hombre de las estrellas está esperando en el cielo, le gustaría venir a conocernos, pero cree que eso nos destrozaría las mentes" - dijo el Sr. Kite, parodiando el tono de un exaltado predicador, mientras el cerebro de la chica estallaba de un disparo a bocajarro. Misma suerte corrió un hombre claramente obeso, cercano a los cincuenta y con un llamativo y poblado bigote, que no supo reconocer “Ziggy Stardust”, y al que acompañó al más allá su mujer, dueña de una exagerada permanente pelirroja, que en ninguna de sus largas sesiones de peluquería había escuchado “Sufragette City” en el hilo musical del centro de estética de ese mismo centro comercial. Fue la última canción que escuchó en su vida, antes de que la caída de su cuerpo sin vida fuera amortiguada por el blando e inerte cuerpo de su marido, que la esperaba para siempre en el suelo del ascensor.

Y así llegó el momento cumbre, en una escena dantesca dentro de un ascensor con las paredes totalmente salpicadas de sangre, y con los cuerpos de las cinco víctimas esparcidos por el suelo. Dos personas se miraban fijamente entre el amasijo de cadáveres, en un duelo que recordaba a los del “far west”, si en el salvaje y lejano oeste hubieran existido los ascensores. El Sr. Kite apuntaba al otro, con el arma todavía humeante, y una última bala por disparar. El otro, un universitario con gafas de pasta y pelo cortado a cepillo, con la cara manchada de una mezcla de sangre ajena y lágrimas propias, respiraba profunda y entrecortadamente, sin dejar de mirar fijamente al arma de su contrincante, en un intento de concentrarse en un punto concreto para no sucumbir a la locura que le rodeaba, como horas antes había hecho su adversario ante la inesperada y traumática noticia de su despido. La guitarra acústica de “Rock and Roll Suicide” rompió el macabro silencio. El cañón del arma apuntó al chico, como la flecha de una ruleta, que acabara de pararse en la casilla de la bancarrota. El asesino arqueó las cejas y, esbozando una macabra media sonrisa, dijo:

- ¿Y bien? ¿Sabes que canción es?

El chico le miró fijamente y controló, como pudo, su respiración acelerada, encontrando en algún lugar de su cerebro la calma necesaria para jugar la que podía ser su última carta en la vida, antes de responder:

- "Demasiado viejo para perder, demasiado joven para elegir, y el tiempo espera pacientemente tu canción, caminas fuera de la cafetería, pero no has comido nada y has vivido demasiado, eres un suicida del rock and roll" 

El asesino bajó la mirada, y un segundo después hizo lo propio con el arma, visiblemente abatido por la inesperada derrota. Todo había terminado, o eso creía él. La novia del estudiante, conocedora de su enfermiza puntualidad, esperaba preocupada por su inesperado retraso, y en un ejercicio de oportuna impaciencia, le llamó por teléfono en ese preciso instante, desde algún punto del abarrotado centro comercial. La canción que el universitario tenía seleccionada como tono de llamada sonó dentro del ascensor, desde el interior de la cazadora del muchacho. Visiblemente aturdido, el Sr. Kite no reaccionó a la misma velocidad que el chico, que sacó el móvil del bolsillo y, mirándole directamente a los ojos, dijo:

- ¿Y tú, sabes qué canción es ésta?

El Sr. Kite cerró los ojos un segundo y soltó una bocanada de aire y de resignación. Volvió a abrir los ojos de nuevo, y mirando al suelo dijo: “¡Ostia puta! ¿Qué más puede ir mal hoy?”, al tiempo que apuntaba con la pistola hacia su propia cabeza, para que una sola bala se enfrentara, definitivamente, a la nube negra.


El libro completo está disponible en Amazon Kindle, tanto en formato kindle como en tapa blanda y tapa dura. Aquí tenéis el enlace directo por si queréis leerlo completo:

La Silueta: Un relato de música y muerte eBook : Yerón, Nacho: Amazon.es: Tienda Kindle



domingo, 15 de marzo de 2026

1900.- More Than I Can Say - Leo Sayer

 


"More Than I Can Say" fue en origen una canción escrita por Sonny Curtis y Jerry Allison, guitarrista y batería de la banda de Buddy Holly "The Crickets". Grabada poco después de la muerte de Holly, "More Than I Can Say" fue el tercer single extraído de "In Style with the Crickets" (1959), el segundo disco de The Crickets. El tema alcanzó el puesto 42 de las listas británicas, y aunque no fue un éxito mayoritario, acabó llamando la atención de artistas como Bobby Vee y Leo Sayer, que grabaron sendas versiones de "More Than I Can Say".

La versión de Bobby Vee data de apenas dos años después y fue incluida dentro del álbum "Bobby Vee" (1961). Como single, alcanzó el puesto 61 del Billboard Hot 100 estadounidense y se convirtió en un gran éxito en Reino Unido, dónde mejoró el resultado logrado por la versión original, llegando hasta el cuarto puesto de las listas británicas, pero si hay una versión que realmente mejora en expresividad y emoción a la versión original de "More Than I Can Say", esa es la que Leo Sayer grabó para su disco "Living in a Fantasy" (1980).

Curiosamente, Leo Sayer descubrió "More Than I Can Say" en un anuncio de televisión que promocionaba un disco de grandes éxitos de Bobby Vee, y al escucharla supo que esa era la canción clásica que estaba buscando para completar su disco. La versión de Sayer mejoró a su vez los resultados de las dos anteriores, manteniéndose cinco semanas en el puesto nº 2 del Billboard Hot 100, y tres semanas en lo más alto del Billboard Adult Contemporary chart. No le fue mal tampoco en el Reino Unido, llegando al segundo puesto del UK Singles Chart.

sábado, 14 de marzo de 2026

1899.- Let's Lynch The Landlord - The Dead Kennedys

Let's lynch the landlord, The Dead Kennedys 




     El debut de The Dead Kennedys, Fresh Fruit for Rotting Vegetables (1980), es uno de los discos más influyentes del punk estadounidense. El disco, grabado entre mayo y junio de 1980 en Möbius Music, un estudio de San Francisco, captura toda la energía de una banda en un momento en que el punk norteamericano empezaba a endurecerse hacia lo que pronto se llamaría hardcore. La producción corrió a cargo de Norm y del propio East Bay Ray, cuyo enfoque buscaba mantener la crudeza del directo sin sacrificar claridad en las guitarras, lo que se convertiría en una seña de identidad de la banda. Según entrevistas posteriores, la banda trabajó con presupuestos muy ajustados, lo que obligó a grabar rápido y con pocas tomas. Aun así, el sonido final destaca por su nitidez: guitarras brillantes con reverberación surf, un bajo afilado y una batería seca y directa. Con el tiempo irían aparciendo una gran variedad de ediciones y reediciones, lo que da una idea del impacto del álbum y del grupo. Por otra parte, la teatralidad de Jello Biafra, con su voz aguda y sarcástica, se convierte en el eje narrativo del disco.

El álbum fue publicado inicialmente por Cherry Red Records en Reino Unido y más tarde por Alternative Tentacles, el sello de Biafra, en Estados Unidos. Su recepción crítica fue inmediata, hay quien lo describió como un clásico del punk político, feroz en su mensaje y sorprendentemente variado en lo musical. Canciones como Holiday in Cambodia, California Über Alles o Kill the Poor se convirtieron en himnos de la contracultura. Pero nos vamos a centrar en una pieza del álbum menos agresiva y más irónica: Let’s Lynch the LandlordAunque su título pueda sugerir violencia explícita, Let’s Lynch the Landlord es, como casi toda la obra de Dead Kennedys, sátira política. La canción surge de la frustración real con los caseros negligentes de San Francisco a finales de los 70, en plena crisis de vivienda. El grupo vivía en barrios deteriorados, con alquileres abusivos y propietarios que ignoraban reparaciones básicas. La exageración del título fue uilizado como un recurso humorístico para denunciar una situación injusta. 

Musicalmente, la canción es una rareza dentro del álbum. En lugar del hardcore acelerado, Dead Kennedys optaron por un ritmo más relajado, con toques rockabilly o surf-punk, con unas guitarras limpias y un groove hasta bailable. East Bay Ray ha comentado en entrevistas posteriores que buscaba un sonido que contrastara con la letra, reforzando la ironía. La letra describe situaciones cotidianas de abandono: falta de agua caliente, instalaciones rotas, inspecciones corruptas… pero lo hace con humor negro. El estribillo es provocador pero no debe leerse literalmente, es una caricatura del hartazgo de los inquilinos. En entrevistas, Biafra ha explicado que la canción criticaba tanto a los caseros como al sistema político que los protege, una idea reforzada por líneas de la canción que aluden a la compra de favores en el ayuntamiento. 

Una anécdota recurrente en biografías del grupo es que algunos oyentes conservadores interpretaron la canción como una incitación real a la violencia, lo que llevó a la banda a explicar repetidamente su carácter satírico. Paradójicamente, también se convirtió en una de las canciones favoritas de quienes no solían escuchar punk, precisamente por su ritmo accesible.

viernes, 13 de marzo de 2026

Una recomendación rockera y sabrosa



Hoy os traemos una recomendación muy curiosa, un libro sobre música con un enfoque bastante peculiar y sorprendente. “Las Recetas de Loretta Clark” (Comida en clave pop rock) recopila cuarenta recetas inspiradas en platos y alimentos que han dado título a canciones y discos del rock, el pop y el cancionero popular tanto nacional como internacional.

Las recetas de Loretta Clark: Cocina en clave pop rock (Spanish Edition): Clark, Loretta: 9798860672604: Amazon.com: Books

En la introducción, Loretta Clark cuenta cómo surgió la idea para escribir este peculiar libro. Aficionada por igual a la música y a la cocina, casi nunca hacía una sin escuchar la otra, y una noche, mientras preparaba la cena antes de sentarse a comer frente al televisor, empezó a sonar en la radio la canción TV Dinners” (“Cenas de televisión”) de ZZ Top, en lo que para ella fue “una mágica y casual conexión entre la comida y la música, que hizo que prendiera en mí la idea de escribir un libro que combinara ambas pasiones”.

Días después de aquella coincidencia, y mientras leía Vida, la autobiografía de Keith Richards, encontró en las palabras del genial guitarrista el impulso definitivo para poner en marcha su idea y, según sus propias palabras “recoger el guante que, días antes, me habían lanzado los ZZ Top”. Hacia el final del libro, cuando ya no tenía mucho más que contar, Richards se desmarcaba de las autobiografías al uso con una inesperada receta sobre cómo le gustaba preparar las salchichas. Al leer la receta, Loretta tuvo claro que su misión en la “Vida” no era otra que “encontrar la mayor cantidad posible de referencias a platos y comidas en el mundo de la música”, para después buscar las recetas y recopilarlas en un libro.

Así nació “Las recetas de Loretta Clark”, un trabajo de búsqueda y recopilación que no se queda en la mera mención y descripción de las canciones, sino que incluye las recetas completas de los platos, con todos sus ingredientes e instrucciones para prepararlos de una manera clara y sencilla. Y para los que penséis que la cosa va solo del “Cocidito madrileño” de Manolo Escobar o el Arroz con bacalao de Lolita, os sorprenderá que las recetas incluyan “recomendaciones” de intérpretes y grupos internacionales como Prince, De La Soul, Weezer, Guns and Roses, B’52, Led Zeppelin, The Beatles o The Supremes, y de artistas patrios como Joaquín Sabina o Siniestro Total, en un apetecible menú de música y cocina al que te recomendamos que le hinques el diente en formato kindle o tapa blanda, en Amazon.es:

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Disco de la semana 473: Norah Jones y su álbum debut Come Away with Me


Disco de la semana 473: Norah Jones y su álbum debut Come Away with Me

A veces, la música no necesita gritar para ser escuchada. A principios de los años 2000, mientras las listas de éxitos estaban saturadas de pop sintético, guitarras cargadas de distorsión y coreografías milimétricas, una joven pianista neoyorquina apareció con un álbum que parecía grabado en una madrugada eterna.
Hablamos de "Come Away with Me", el debut de Norah Jones. Un disco que no solo vendió millones de copias y barrió en los Grammys, sino que redefinió lo que el gran público entendía por "música sofisticada". Si buscas un refugio sonoro, una banda sonora para la introspección o simplemente belleza pura, este es el disco que debes tener en tu colección.

Un oasis en medio del caos
Publicado en 2002 bajo el legendario sello Blue Note, este álbum llegó en un momento de fatiga auditiva. Lo que Norah Jones propuso fue un retorno a la calidez analógica. No hay trucos de producción aquí; lo que escuchas es la madera del piano, el roce de los dedos sobre las cuerdas del contrabajo y una voz que se siente como un secreto compartido al oído.

La producción de Arif Mardin es magistral por su invisibilidad. Logró capturar la esencia de una artista que se mueve cómodamente entre el jazz, el folk, el country y el pop, sin dejar que ninguna etiqueta la aprisione. Es un disco "híbrido", pero se siente totalmente cohesivo gracias a esa atmósfera nocturna y melancólica que lo envuelve de principio a fin.

El álbum comienza con "Don't Know Why", la canción que lo cambió todo. Es una pieza de una sencillez engañosa. La voz de Norah Jones suena vulnerable pero segura, navegando sobre una melodía de piano que se siente instantáneamente familiar. Es el himno de los arrepentimientos silenciosos, de las oportunidades perdidas que no duelen, sino que se aceptan con una resignada sonrisa.
Seguimos con temas como "Seven Years", donde la influencia del folk es más evidente. La guitarra acústica lleva el peso, recordándonos que Norah Jones es mucho más que una "cantante de jazz". Hay una cualidad narrativa en sus letras que evoca paisajes rurales y memorias de la infancia.
Pero es en la canción que da título al disco, "Come Away with Me", donde se alcanza el clímax atmosférico. Es una invitación a la escapatoria. Si cierras los ojos, puedes sentir la lluvia contra el cristal mientras ella te pide que huyas a un lugar donde la música sea lo único que importe. El uso del espacio y el silencio en esta pista es una lección de minimalismo musical.

Momentos destacados de álbum:
"Cold Cold Heart": Una versión magistral del clásico de Hank Williams. Norah Jones toma una joya del country y la transforma en una balada de club de jazz de las tres de la mañana. Demuestra que el dolor es un lenguaje universal, sin importar el género musical.
"Turn Me On": Aquí la temperatura sube ligeramente. Con un toque de blues y soul, Norah Jones explora el deseo con una elegancia que pocas artistas logran. Es sensual, orgánica y profundamente humana.
"The Nearness of You": El cierre perfecto. Solo Norah Jones y su piano interpretando un estándar de Hoagy Carmichael. Es una interpretación tan íntima que casi sientes que estás invadiendo su privacidad al escucharla.

¿Por qué deberías escucharlo hoy?
Podrías pensar que un disco de hace más de dos décadas ha perdido vigencia, pero la magia de Come Away with Me reside en su atemporalidad. No suena a "2002". No hay sintetizadores obsoletos ni efectos de voz que delaten su edad. Podría haber sido grabado en 1955 o ayer por la tarde.

Es el disco perfecto para bajar las revoluciones en un mundo de notificaciones constantes y ritmos frenéticos, Norah Jones te obliga a respirar.
Es un álbum que se siente como un amigo que no necesita hablar para consolarte.
Iniciarse en el Jazz, si el jazz te parece un género intimidante o complejo, este es el "puente" ideal. Es accesible, melódico y profundamente emocional.

Cuando Norah Jones subió al escenario de los Grammys en 2003 para recoger ocho estatuillas, no solo estaba ganando ella; estaba ganando la música honesta. Come Away with Me demostró que el público todavía tenía hambre de autenticidad.

A diferencia de muchos éxitos de ventas que se desvanecen con el tiempo, este álbum ha envejecido como los buenos vinos (metafóricamente, ¡y porque es el acompañamiento ideal para una copa!). Ha vendido más de 27 millones de copias en todo el mundo, convirtiéndose en uno de los debuts más exitosos de la historia, y por una buena razón: es perfecto.

"A veces la música más poderosa es la que se atreve a ser silenciosa."
 
Come Away with Me no es solo un disco, es un estado mental. Es una invitación a detener el reloj, apagar las luces y dejarse llevar por una de las voces más prodigiosas de nuestra era. Si aún no lo has escuchado de principio a fin, te envidio, estás a punto de descubrir uno de esos álbumes que te cambian la forma de escuchar música.
Mi recomendación, es que busques una tarde lluviosa, unos buenos auriculares y dale al play. No necesitas nada más.

Daniel 
Instagram storyboy 

1898.- Back in Black - AC/DC

 


"Back in Black" es la canción que le da título al séptimo disco de estudio de AC/DC ("Back in Black", Atlantic Records, 1980) y el primero de la banda australiana tras la muerte de Bon Scott, el genial vocalista de sus discos de los setenta. La canción, que fue el segundo single que se publicó del álbum. fue un homenaje al malogrado cantante, fallecido de manera repentina e inesperada en febrero de 1980.

El single de "Back in Black" llegó a alcanzar el puesto 37 del Billboard Hot 100 estadounidense, el 65 de las listas australianas y el 27 en las del Reino Unido. Reforzada por su icónico riff de guitarra y la carga emocional de la letra que Brian Johnson escribió a petición de los hermanos Angus y Malcolm Young, se convirtió al instante en una de las canciones más relevantes y características de la discografía de la banda, y en un tema imprescindible en todos y cada uno de sus conciertos hasta la actualidad.

El ya mencionado riff de guitarra está considerado uno de los mejores de la historia del rock, siendo reconocido al instante desde el primer rasgueo de guitarra por varias generaciones de fans de la banda australiana, que posiblemente tocó techo con el álbum y la canción "Back in Black", todo un himno del metal clásico y una pieza imprescindible en cualquier colección de discos.

jueves, 12 de marzo de 2026

1897.- Food for Thought - UB40


Hay canciones que no solo suenan bien: dicen algo importante, incluso cuando el oyente no está preparado para escucharlo. UB40 debutó con esa filosofía bajo el brazo, y pocas piezas lo representan mejor que Food for Thought, uno de esos temas que entran suaves, casi elegantes, pero dejan una incomodidad persistente cuando la letra empieza a asentarse.

La canción abre con un clima melancólico construido sobre el pulso relajado del reggae, pero lejos del tono festivo que muchos asocian al género. Aquí no hay playa ni celebración: hay una atmósfera gris, casi invernal, que envuelve al oyente en una sensación de reflexión amarga. El bajo marca un paso firme y repetitivo, mientras la guitarra rítmica y los vientos aportan una textura sobria, medida, como si cada nota estuviera colocada con intención política.

La voz principal entra sin dramatismo exagerado, con una serenidad que contrasta con la dureza del mensaje. Y es precisamente ese contraste lo que hace que la canción golpee más fuerte. UB40 no necesita gritar para denunciar; su tono contenido resulta incluso más incisivo. La interpretación vocal transmite cansancio moral, una mezcla de decepción y lucidez frente a las desigualdades que describe.

Porque Food for Thought no es solo música: es comentario social. La letra cuestiona la hipocresía de las celebraciones navideñas en una sociedad donde la pobreza, el hambre y el abandono infantil siguen siendo parte del paisaje cotidiano. En lugar de recurrir a metáforas crípticas, la banda opta por imágenes directas que incomodan sin perder elegancia. Hay una crítica clara a la caridad superficial y a las tradiciones que maquillan problemas estructurales más profundos.

Resulta llamativo cómo la canción mantiene su vigencia décadas después. El contexto político y social que la inspiró puede haber cambiado de forma, pero no de fondo. Esa capacidad de trascender su época convierte al tema en algo más que un éxito temprano: es una declaración de identidad artística. UB40 dejaba claro desde el principio que su propuesta no sería solo bailable, sino también consciente.

Musicalmente, el tema también muestra la fusión característica de la banda: reggae con sensibilidad pop y una producción limpia que permite que cada instrumento respire. No hay excesos ni virtuosismo innecesario; todo está al servicio del mensaje. Esa contención le otorga una elegancia particular, una sobriedad que refuerza el peso emocional de la letra.

Incluida en su álbum debut Signing Off, la canción funciona como carta de presentación perfecta: un grupo joven, políticamente despierto y decidido a usar la música como herramienta de conciencia social.

Escuchar Food for Thought hoy es como abrir una ventana a una realidad que preferimos ignorar. No busca consolar ni ofrecer soluciones fáciles. Su propósito es otro: sembrar una inquietud duradera, obligarnos a mirar alrededor con más honestidad. Y en ese sentido, pocas canciones logran cumplir tan bien lo que su título promete: dejarnos, literalmente, alimento para el pensamiento.

Daniel 
Instagram storyboy 

miércoles, 11 de marzo de 2026

1896.- Hit Me with Your Best Shot - Pat Benatar

 


"Hit Me with Your Best Shot" fue escrita por Eddie Schwartz y grabada por la cantante estadounidense Pat Benatar para ser incluida en el disco "Crimes of Passion" (1980), el segundo álbum de estudio de Benatar y su trabajo más exitoso, alcanzando el séptimo puesto de la lista Cash Box y el noveno del Billboard Hot 100, vendiendo más de un millón de copias en Estados Unidos. También fue un gran éxito en Canadá, país en el que entró en el top 10, y un éxito moderado en Australia, donde entró en el Top 40.

"Hit Me with Your Best Shot" fue el segundo sencillo promocional del álbum, logrando un éxito inmediato y, a la vez, duradero en el tiempo. No solo es uno de los temas más reconocidos y recordados de Pat Benatar, imprescindible tanto en recopilaciones posteriores como en sus actuaciones en directo, sino que a día de hoy sigue siendo una canción habitual de los espectáculos de béisbol y fútbol americano en Estados Unidos.

En 2022, en protesta por los tiroteos masivos que se estaban produciendo en algunas zonas de Estados Unidos, Pat Benatar declaró que no volvería a interpretar "Hit Me with Your Best Shot" en directo, alegando que no podía proclamar ese título ("Alcánzame con tu mejor disparo") en la situación que estaba viviendo el país, por más que se tratara de una metáfora que nada tenía que ver con la violencia y el uso de las armas.

martes, 10 de marzo de 2026

1895.- Vienna - Ultrabox

A principios de los 80, cuando géneros emergentes como la cold wave, el post-punk, el rock gótico y el nuevo romanticismo empezaron a emerger del pantano punk cada vez más fresco, hundiéndose en una manía inducida por las drogas. Ultravox fue una de esas bandas que explotó con inmenso poder, extinguiendo a los dinosaurios de los 70, para luego experimentar una crisis de la mediana edad. Y una cuya música combinaba la agudeza del rock con el melodismo del pop ambicioso. La música resuena, cautivándonos con sonidos por descubrir. A finales de los años 70 y principios de los 80, un tal Midge Ure se unió a la banda, que aún luchaba por sobrevivir y era prácticamente desconocida, Midge era un guitarrista talentoso con una voz original y potente, y al aparecer en Ultravox, se convirtió en una especie de catalizador explosivo, gracias al cual la banda adquirió nuevos y deslumbrantes colores y despegó. La banda grabó el álbum Viena, posteriormente considerado su obra maestra, en Colonia, Alemania. Se puede sentir el lugar. Se puede sentir profundamente. Austeridad y garbo a la vez, precisión alemana mezclada con elegancia británica, espacios electrónicos típicamente teutónicos, aunque los músicos eran, después de todo, isleños típicos. Álbum con combina a la perfección ambición musical y un arte increíble con el atractivo mediático pop en el mejor sentido de la palabra. Es punk y vanguardista, progresivo y artístico, y también bastante agradable y radiofónico, pero esto es de principios de los 80 y prueba viviente de cómo el punk se estaba popularizando, como PIL de Jaś Zgniłek. Desde el principio, Midge Ure y su equipo se lanzan con un ritmo post-punk apasionado y contundente, que recuerda a los Stranglers o a otros Clash. Todo esto, sin embargo, está generosamente salpicado de un distintivo toque post-prog que se escucharía unos años más tarde en bandas neo-progresivas británicas. Por momentos, es verdaderamente caribeño en calidez y serenidad, pero momentos después, los músicos desatan el frío de toda la inminente ola de frío oscuro y la tormenta gótica. Cuanto más nos adentramos en la esencia del álbum, el chirrido de la guitarra es reemplazado constantemente por inquietantes salpicaduras de sintetizador, mientras que los instrumentos en vivo dan paso a sonidos electrónicos sintéticos. Y aunque normalmente preferiría una experiencia más melódica y vibrante, aquí los gélidos espacios del teclado son perfectamente apropiados, como si gritaran: "¡Llega una nueva década, acostúmbrate!".

Aunque nunca llegó a la cima de las listas, "Vienna" es, sin embargo, el mayor triunfo de Ultravox. "Vienna" destaca por crear una atmósfera que sugiere reflexión, desesperación y anhelo. La moderación compositiva de la canción es su punto fuerte, evitando que sus momentos más sensacionales resulten un melodrama exagerado. Esto no solo se aplica a la ejecución musical. La atmósfera, bellamente lograda, de "Vienna" se crea en parte gracias a una letra que sugiere emociones en lugar de delinear detalles contundentes. Las palabras no explican explícitamente el tema de la canción, ya que la letra se centra en transmitir el sentimiento mediante la elección de palabras y el fraseo, en lugar de explicar exactamente qué reflexiona el narrador. La canción se originó a partir de un episodio donde un conocido de Ure recordó mal el título de la canción "Rhiannon" de Fleetwood Mac. El cantante formuló lo que se convirtió en el estribillo de la canción, luego escribió el resto de la canción alrededor de eso con sus compañeros de banda. En su autobiografía de 2004, If I Was… , Ure explicó: "['Vienna'] era una canción de amor, la historia de un romance de vacaciones, sobre ir a un lugar hermoso y conocer a alguien especial". La letra de Ure estaba completamente basada en la fantasía; enfatizó: "Nunca había estado en Viena, nunca había tenido un romance de vacaciones". Quizás lo más decepcionante para los periodistas musicales, Ure reveló que no hay ningún subtexto político en "Vienna". Ure admitió en su libro que él y sus compañeros de banda mintieron en entrevistas sobre el significado de la canción, lanzando por ahí cualquier dato sobre la Viena de principios de siglo que pudieron evocar para "parecer interesantes".


lunes, 9 de marzo de 2026

1894.- Just the Two of Us - Grover Washington Jr.

 


"Just the Two of Us" fue escrita por Bill Withers, William Salter y Ralph MacDonald, y grabada en Elektra Records por el músico de jazz Grover Washington Jr. para su disco Winelight (1980) con el propio Bill Withers en la voz. William Salter Ralph MacDonald compusieron la música y se la pasaron a Withers, que escribió la letra de la canción.

Como sencillo, salió publicada en febrero de 1981 y alcanzó el segundo puesto del Billboard Hot 100 estadounidense, manteniéndose en ese puesto durante tres semanas. Withers, Salter y MacDonald ganaron el premio Grammy a la Mejor Canción R&B en la 24ª entrega anual de los Premios Grammy con "Just the Two of Us". y la canción de Grover Washington Jr. fue nominada a mejor canción del Año y a la Mejor Interpretación Vocal Pop Masculina (Bill Withers) pero no logró hacerse con el galardón.

"Just the Two of Us" está considerado por muchos la canción que lideró el auge del "smooth jazz" de primeros de los ochenta, y fue el único Top 40 que Grover Washington Jr. consiguió a lo largo de toda su carrera. Para Bill Withers supuso también un importante espaldarazo comercial, y la incluyó en una versión más corta en su disco de grandes éxitos "Bill Withers' Greatest Hits" y en recopilaciones posteriores de sus mejores canciones.

domingo, 8 de marzo de 2026

1893.- You Shook Me All Night Long - AC/DC

You Shook Me All Niht Long, AC/DC



     Apenas unos meses antes de la salida de Back in Black en 1980, la muerte de Bon Scott había dejado a la banda al borde del abismo. Muchos pensaron que aquel era el final. Pero los hermanos Young no estaban dispuestos a enterrar la electricidad que llevaban dentro. Con la llegada de Brian Johnson, un vocalista curtido en pubs británicos y con una garganta hecha de grava y dinamita, el grupo se encerró en los Compass Point Studios de las Bahamas bajo la batuta del perfeccionista Mutt Lange. El resultado fue un disco que resucitó y catapultó a AC/DC a la inmortalidad. Back in Black suena como si la banda hubiera decidido enfrentarse al destino a base de amplificadores al máximo. La producción de Lange, más pulida que en trabajos anteriores, dio a AC/DC un filo sonido más potente y afilado, pero sin traicionar su esencia. Y entre los monumentales riffs y los rítmicos cañonazos del álbum, una canción emergió como el puente perfecto entre el viejo espíritu y la nueva etapa: You Shook Me All Night Long.⁸

El tema dejaba claro que AC/DC no había perdido ni un ápice de su instinto. El riff inicial de Angus Young era simple, directo, imposible de olvidar, basta con tres acordes bien puestos para incendiar cualquier altavoz, mientras la base rítmica de Phil Rudd en la batería, Cliff Williams al bajo, y Malcolm Young a a la guitarra, le daba a la canción una solidez que solo una banda en plena forma podía ofrecer. La voz de Brian Johnson, en su debut discográfico con AC/DC, era toda una declaración de intenciones. Su timbre rasgado, casi salvaje, aportaba una energía nueva al grupo. En entrevistas posteriores, Johnson relataba que la grabación de este tema fue uno de los momentos en los que sintió que realmente encajaba en la banda. La letra, como es habitual en la banda, jugaba con metáforas mecánicas y automovilísticas para hablar de deseo, química y noches que dejan huella. No era poesía elevada, ni pretendía serlo, simplemente era rock’n’roll en estado puro: directo, divertido, exagerado y con ese toque de picardía que siempre caracterizó al grupo. 

Una parte de la crítica defendía, sobre esta canción, que Bon Scott habría dejado ideas previas, aunque la banda siempre mantuvo que la composición fue obra de Johnson y los Young. Sea como sea, la canción respira ese espíritu gamberro que siempre definió a AC/DCHay anécdotas jugosas alrededor del tema. Una de las más comentadas es la del videoclip original, grabado en 1980, que la banda ha reconocido con humor como “muy de su época”: modelos, poses imposibles y una estética que hoy parece salida de un anuncio de televisión ochentero. Con el paso del tiempo, la canción se convirtió en un himno universal, llegando a ser descrita como “una de las piezas más perfectas de AC/DC”, y es la prueba viviente de que AC/DC no solo sobrevivió a la tragedia: volvió más fuerte, con un sonido más afilado y más decidido que nunca.