7 dias, 7 notas
viernes, 26 de junio de 2026
2004.- Va a estallar el Obus - Obus
Disco de la semana 488: My Beautiful Dark Twisted Fantasy - Kanye West
“Fantaseaba con esto en Chicago” es lo primero que dice
Kanye West en My Beautiful Dark Twisted Fantasy, y es lo único que se acerca a
un contexto para las 13 canciones de decadencia hip-hop delirante que siguen.
En el resto mezcla libremente lo materialista y lo existencial. La canción
puede que no responda a muchas preguntas, pero es un comienzo explosivo para
una obra maestra de rap audazmente compleja, temáticamente precisa y, aún más,
musicalmente, con Kanye mezclando G-funk y pop barroco mientras enormes voces
anónimas aparecen para preguntar, “¿Podemos llegar mucho más alto?” como una
versión psicodélica de un coro griego. Se haced referencia a My Beautiful Dark
Twisted Fantasy como uno de los puntos álgidos del hip-hop, sea cual sea el
motivo, Kanye ha lanzado uno de los grandes hitos del rap sin prestar la debida
atención a las fortalezas con las que el álbum podría superarlos. Así que
permítanme ofrecer el siguiente superlativo, un poco menos generoso: Ningún
álbum de rap que haya escuchado puede presumir de una mejor producción que
este. La música es estimulante, a menudo agresiva, nunca predecible, a veces
asombrosamente hermosa. Estas son las mejores pistas sobre las que ningún grupo
de raperos ha rapeado hasta ahora, y si bien el álbum no convierte a Kanye en
un aspirante mayor al título de Mejor MC de lo que era antes confirma sin lugar
a dudas que es el mejor productor de rap. Incluso cuando Kanye trabajaba como
productor interno para Roc-a-Fella, demostró una habilidad prodigiosa para el
hip-hop basado en samples. Resulta que esa fue solo la primera manifestación de
un talento mucho más amplio. Para Kanye, la lógica interna de la música pop
debe ser casi transparente: no parece entender qué hace que cada género
funcione, ni los entiende todos a la perfección, pero tiene una intuición para
crear más tipos de canciones que cualquier otro productor actual. Luce bien en
el hard rock crudo de "Hell of a Life", logra un pop
grandilocuente digno de estadios en "All of the Lights", y aún
encuentra tiempo, con los temas colaborativos "Monster" y
"So Appalled", para lanzar las dos canciones de rap más
contundentes de su carrera.
Incluso cuando Kanye mira hacia atrás, los resultados pueden ser asombrosos. En “Devil in a New Dress”, perfecciona el estilo de sampleo que él mismo inventó, manipulando el tono y el tempo de “Will You Love Me Tomorrow?” de Smokey Robinson hasta que emerge con exuberancia de los altavoces como vino vertido a cámara lenta. Es una hermosa pieza de desarrollo lento que se torna trágica en su tercer acto, cuando las rimas de Kanye cambian la lujuria por el desamor antes de que líneas de guitarra distorsionadas y un potente verso de Rick Ross la cierren (Kanye se hace el duro, pero es evidente que está sufriendo de verdad). Elegida sabiamente como pieza central del álbum, no cabe duda de que la siguiente canción, "Runaway", es la muestra más impactante de Kanye como compositor. La letra autocrítica, que incluye un primer verso obsceno ("Ella encuentra fotos en mi correo electrónico/Le mandé a esta zorra una foto de mi pene"), es demasiado desagradable como para considerarla una pose de antihéroe, y mucho menos autocompasión. La sensación de incómoda cercanía, de que tal vez Kanye no sea consciente de cuánto está compartiendo, se ve reforzada por su canto poco pulido y a veces desafinado. Después de tres versos más un escalofriante interludio de Pusha T de Clipse, aparentemente tan despiadado como novio como traficante de cocaína, Kanye suena agotado. El sencillo “Runaway” termina ahí, pero la versión del álbum experimenta una transformación notable: a la solitaria figura de piano que introduce la canción se une primero un violonchelo amenazante y luego, sorprendentemente, una sección de violines completamente ingrávida. Cuando Kanye regresa, canta a través de un vocoder, y donde antes su voz se tensaba y se quebraba, ahora se convierte en un instrumento puramente melódico capaz de aportar su propia y alegre contribución a la canción. Kanye suena incorpóreo, como si “Huye de mí, nena” no fuera una orden a un amante maltratado, sino el grito de un hombre que intenta escapar del agujero negro de su propio ego implacable. La coda de “Runaway” es una fantasía de escape a través de la catarsis pura, con el vocoder que materializa la capacidad de Kanye para transformar sus defectos personales en arte. Casi igual de lograda —e igualmente obsesionada con el vocoder— es “Lost in the World”, la esperadísima reinterpretación que Kaney hace de “Woods” de Bon Iver.
Es asombroso cómo toma la muestra más extraña del álbum y la transforma en un tema
bailable desafiantemente alegre, con percusión tribal en las estrofas y coros grupales que suenan imponentes. Es una genialidad descabellada tomar la solitaria oda a la alienación de Justin Vernon y usarla como pieza central de una ensoñación colectiva y pegadiza. Es experimental, sin duda, pero también es lo más cerca que el álbum está de la pura indulgencia pop. Resulta aún más sorprendente, entonces, que la canción sea interrumpida por una mordaz misiva política de Gil Scott-Heron, su “Comment #1”, cuya muestra termina descarrilando por completo “Lost in the World” y chocando de frente con la última canción del álbum. A estas alturas, Kanye ha hecho de proxeneta en el Monte Olimpo, se ha casado con una estrella del porno y ha hecho el amor con el Ángel de la Muerte, y en lugar de cerrar el álbum con su tema más alegre, descorre el telón y nos deja mirando un presente sombrío y reconocible. Las palabras de Heron: “Todo lo que quiero es un buen hogar, una esposa, hijos y algo de comida para alimentarlos cada noche… ¿Quién sobrevivirá en Estados Unidos?”. La decadencia de la estrella del pop se revela como una fachada que oculta el familiar país de los préstamos abusivos, los embarazos adolescentes, las sentencias mínimas obligatorias, los barrios marginales desolados, el perfilamiento racial… y la desconcertante pregunta es qué tienen que ver con todo esto las fantasías de poder como las de Kanye. Quizás sostienen a los hombres y mujeres que luchan por sobrevivir incluso mientras apuntalan el sistema que nos obliga a combatirnos unos a otros en sus propios términos. Y si bien esta pregunta se aplica a todas las formas de escapismo, parece especialmente apropiado que el rap la aborde, ya que ha aspirado a dar a la América negra una voz, una banda sonora, un lenguaje y una vía de escape.La verdad es que, como Jay-Z le dijo recientemente a Jon
Stewart, el rap es una forma de arte. Y creo que, como sugirió Stewart en
respuesta, hay mucha gente que ya lo reconoce como tal. Pero reivindicar el rap
—o, de hecho, los cómics, los videojuegos o los videoclips— como perteneciente
a la creciente familia de las "formas de arte" reconocidas es menos
importante de lo que creen sus defensores. Por otro lado, es absolutamente
crucial que los raperos y productores exploten activamente el potencial artístico
que el rap tiene. Importa que artistas como Kanye estén descubriendo nuevas
fronteras en el rap precisamente porque hay mucha gente interesada en controlar
sus límites, asegurándose de que no sea demasiado violento, ni demasiado queer,
ni demasiado intelectual. Y mientras sigan ganando, da igual si el rap suena a
todo volumen en los parques infantiles o se analiza en las clases de literatura
universitaria: el estatus del rap como arte es una cuestión de demostración, no
de definición. Veo a Kanye como un auténtico héroe, pasó la última década
esforzándose, junto con sus fans, por comprender una visión del hip-hop tan
expansiva que podía abarcar géneros enteros, adaptarse a cualquier estado de
ánimo y mezclar libremente la piedad y el humor negro con la ironía y el estilo.
Su infalible oído para los ritmos hizo que, durante tres álbumes seguidos,
estuviéramos demasiado ocupados asintiendo con la cabeza como para darnos
cuenta de la profunda transformación que estaba experimentando el género: no
fue hasta 808s & Heartbreak que alguien lo notó, y solo entonces porque el
ego de Kanye finalmente superó su talento musical (después de todo, este fue el
disco que introdujo el término "solipsismo" en el vocabulario de la
crítica del rap). Ahora que My Beautiful Dark Twisted Fantasy está completo,
incluso ese tropiezo parece finalmente intencionado, como si Kanye hubiera
grabado primero un álbum lo más alejado posible, tanto sonora como
emocionalmente, de su trabajo anterior, anticipándose a encontrar más adelante
un lugar para sus digresiones instrumentales y su dolorosa franqueza. Pero
mientras que el arco emocional atrofiado de 808s & Heartbreak expresaba
poco más que la bilis de un ególatra hacia su exnovia, My Beautiful Dark
Twisted Fantasy le permite a Kanye una paleta temática lo suficientemente
amplia como para confrontar su orgullo y angustia. El álbum se centra en lo
surrealista ("Dark Fantasy" imagina una sesión de espiritismo en un
centro comercial y un cielo eclipsado por garzas) y lo religioso (junto al
propio Kanye, es Satanás quien más se menciona aquí). Todo está al servicio de
una agotadora contienda entre la autoexaltación y la autocrítica, Kanye
abrazando su singular personalidad de estrella del pop/supervillano mientras
lucha por conectar con el potencial creativo que lo hizo merecedor de nuestra
atención en primer lugar. Esto lo confiesa en "Power": "Solo
necesitaba tiempo a solas con mis propios pensamientos/Tengo un tesoro en mi
mente, pero no podía abrir mi propia bóveda". Con My Beautiful Dark
Twisted Fantasy , no hay duda de que ha encontrado la clave.
2003.- Solo quiero caminar - Paco De Lucía

“Solo quiero caminar” no es solo el tema que abre el disco homónimo de 1981 de Paco De Lucía, sino también una declaración de intenciones en su carrera discográfica. Este álbum marca el nacimiento de su mítico sexteto y una auténtica revolución dentro del flamenco: la incorporación del bajo, la flauta, la percusión moderna y el famoso cajón peruano redefine el sonido del género.
jueves, 25 de junio de 2026
2002.- Clara - Joan Baptista Humet
Joan Baptista Humet fue uno de los cantautores más singulares, honestos y conmovedores de la música en España durante las décadas de los 70 y 80. Aunque nació en la Comunidad Valenciana, se crio y desarrolló gran parte de su vida en Cataluña, lo que le permitió navegar con total naturalidad entre el castellano y el catalán, dejando un legado bilingüe de una sensibilidad exquisita. A diferencia de otros coetáneos de la Nova Cançó, Humet no se centró tanto en la canción protesta de corte político, sino en la poesía de lo cotidiano, su estilo se caracterizaba por una voz cálida, melancólica y cercana, armada casi siempre con su guitarra o al piano, cantaba a las cosas sencillas, al paso del tiempo, al amor despojado de artificios y a la vulnerabilidad humana. Su debut discográfico llegó en 1971 con Fulls, un disco en catalán que llamó la atención por su madurez musical. Otros éxitos notables de su repertorio incluyen temas como "Hay que vivir", "Solo soy un ser humano" o "Fins que el silenci lo fot a romper". A pesar de su éxito masivo a principios de los 80, Humet empezó a sentirse desencantado con el rumbo comercial y marketing de la industria discográfica. Fiel a sus principios y buscando preservar su autenticidad, decidió retirarse de los escenarios en 1986 para dedicarse al sector editorial y del marketing. Regresó brevemente en 2004 con el disco Solo por placer, un capricho musical autoeditado que demostró que su talento seguía intacto. Lamentablemente, un cáncer de estómago apagó su voz de forma prematura a los 58 años. Joan Baptista Humet no buscó los grandes focos, pero su autenticidad lo convirtió en un artista de culto imperecedero.
El gran punto de inflexión en su carrera ocurrió en 1980 con el álbum A mi adolescencia. De este trabajo se desprende su obra maestra incontestable: "Clara", una de las canciones más conmovedoras de la música popular en español, más que un éxito comercial, este tema se convirtió en un desgarrador testimonio social de una época marcada por el desencanto. La canción aborda de forma directa, pero con una sensibilidad exquisita, el drama de la adicción a la heroína, un azote que devastó a toda una generación de jóvenes en la España de la Transición. Humet no opta por el reproche ni por el sermón moralista, al contrario, construye un relato impregnado de una profunda ternura, compasión y melancólica poesía. A través de una melodía acústica e intimista que va ganando fuerza dramática, la letra narra el doloroso declive de Clara, una joven atrapada en un callejón sin salida. Versos como "no hay tierra que te pueda retener" o el desgarrador estribillo "Clara, dime qué vas a buscar / en ese mundo tan oscuro" reflejan la impotencia de ver desaparecer a alguien querido en el abismo de la droga. Humet logra capturar la fragilidad de la juventud rota y la soledad de la adicción. El impacto de "Clara" fue inmediato y masivo, escalando a los primeros puestos de las listas de éxitos tanto en España como en América Latina. El público conectó con la honestidad brutal de la historia, ya que casi todos conocían a una "Clara" en su entorno. Hoy en día, el tema permanece como un clásico imperecedero. "Clara" es el reflejo del talento único de Humet para transformar una tragedia colectiva en una pieza eterna musical que sigue encogiéndonos el corazón.
miércoles, 24 de junio de 2026
2001.- Wining - Santana
| Wining, Santana |
La etapa en la que Santana grabó Zebop! es uno de esos momentos en que una banda veterana, curtida en mil escenarios, decidió mirarse al espejo y redefinir su sonido. A comienzos de los años 80, Carlos Santana y su grupo venían de una década marcada por la experimentación espiritual, los devaneos con el jazz‑rock y una búsqueda constante de identidad tras el huracán de rock latino que habían desatado en Woodstock. El éxito masivo de Abraxas quedaba lejos, pero la banda seguía siendo un organismo vivo, inquieto, con una alineación que cambiaba como las mareas y un líder decidido a mantener la llama encendida, y Zebop! (1981) apareció como un regreso a la inmediatez, a la canción directa, al gancho melódico, pero sin querer renunciar al virtuosismo. El álbum se grabó en los estudios The Automatt de San Francisco, un lugar que ya era casi un santuario para la banda. Allí, bajo la producción de Bill Graham y Carlos Santana, se buscó un sonido más compacto, más accesible, con guitarras contenidas, teclados luminosos y una base rítmica que respiraba funk, rock y esencia latina a partes iguales. Las sesiones, según recuerdan varios miembros en entrevistas, fueron sorprendentemente fluida, pues la banda estaba en un momento de cohesión interna poco habitual, y eso se nota en la claridad del sonido, en la limpieza de la mezcla y en la manera en que cada instrumento encuentra su espacio sin saturar el cconjunto.
Dentro de ese marco aparece Winning, una de las piezas más brillantes del álbum y, sin duda, uno de los grandes éxitos de Santana en los 80. La canción, escrita originalmente por Russ Ballard, encontró en manos de Carlos y su banda una nueva vida, más expansiva y más luminosa. La canción es un himno optimista, una declaración de resiliencia envuelta en un envoltorio pop‑rock impecable. La producción apostó por un sonido pulido, con guitarras rítmicas cristalinas, un teclado que aporta brillo y un groove firme. Musicalmente, Winning es un ejemplo perfecto de cómo Santana supo adaptarse a los nuevos tiempos. La guitarra de Carlos no domina la canción, no es incendiaria, sino un trazo fino, casi vocal, que complementa la interpretación del cantante Alex Ligertwood, cuya voz cálida y poderosa se convierte en el verdadero eje de la canción. Ligertwood, que había entrado en la banda poco antes, aportó un registro más pop y más accesible que encajaba a la perfección con la dirección que Santana quiso dar al álbum. Las letras hablan de superación, de levantarse después de la caída, de encontrar luz en medio del caos. Es un mensaje sencillo, directo, pero tremendamente efectivo, especialmente en una época en la que Santana buscaba reconectar con un público más amplio. Una de las anécdotas más comentadas en entrevistas es que Carlos Santana dudó inicialmente sobre incluir Winning en el álbum. Temía que fuera “demasiado pop”, demasiado alejada del espíritu más espiritual y experimental que había guiado su música en los 70. Sin embargo, fue Bill Graham quien insistió en que la canción tenía un potencial enorme y que podía abrir nuevas puertas para la banda. El tiempo le dio la razón: Winning se convirtió en uno de los mayores éxitos de Santana en la década, alcanzando posiciones destacadas en las listas y consolidando la nueva etapa del grupo, que nada tenía que ver con su anterior etapa.
martes, 23 de junio de 2026
2000.- Goo Goo Muck - The Cramps
La historia de Goo Goo Muck es tan confusa como la propia canción, pero podría comenzar con La Familia Addams, mucho antes de ser una serie de televisión extravagante de los años 60, o la exitosa franquicia cinematográfica de Hollywood que dio origen a Wednesday de Netflix , La Familia Addams era una tira cómica de la revista The New Yorker durante las décadas de 1940 y 1950. Una sátira mordaz de la vida familiar en la clase media estadounidense, mientras que los principales medios de comunicación estadounidenses mostraban una América idílica, llena de familias felices con vallas blancas y dientes perfectos, La Familia Addams se burlaba alegremente de estas visiones idealizadas de Estados Unidos y exploraba la América extraña: la cara oscura de la imagen que se mostraba en los anuncios de televisión y cine. También se extendió a la música, pronto, la industria del rock and roll abrazó lo extraño, con bandas que creaban sus propios discos bizarros, disparatados y con temática de terror. A finales de los 50 y principios de los 60 se lanzó un montón de discos de rock and roll salvajes influenciados por las películas de serie B de madrugada y los autocines de películas de terror: canciones sobre marcianos, caníbales y The Blob, con títulos como Werewolf, Green Fuz y Goo Goo Muck .
Goo Goo Muck fue un éxito de Ronnie Cook and The Gaylads, lanzado en 1962 por Audan Record Company, un pequeño sello discográfico con sede en Bakersfield, California. Los Gaylads eran una banda de rock and roll de Bakersfield con influencias latinas. "Goo Goo Muck" fue escrita por Ronnie Cook y Ed James. La melodía y la parte de saxo de Goo Goo Muck deben mucho a New Orleans , el sencillo debut de Gary US Bonds de 1960 que fue un éxito a ambos lados del Atlántico. Es probable que para todos los involucrados, Goo Goo Muck fuera solo una broma, una tontería, tomar una canción exitosa y ponerle una letra sobre un adolescente que se convierte en un monstruo por la noche. El grupo The Cramps estaba formado por el cantante Lux Interior (nombre real: Erick Lee Purkhiser) y la guitarrista Poison Ivy (nombre real: Kristy Wallace). En pleno auge del punk del CBGB en Nueva York, The Cramps tocaban música que parecía sacada de una pesadilla americana: un monstruo de Frankenstein cosido con blues, doo-wop, rockabilly, country, R&B, música exótica, garage rock, psicodelia, instro-surf y mucho más. Eran unos apasionados de la música, unos auténticos buscadores de discos que recogían vinilos olvidados y los reinventaban para los años 70 y 80, tomando prestados intros, riffs y acordes de temas poco conocidos y transformándolos en algo único. Sus versiones de clásicos perdidos del rock and roll, el garage y el country se han convertido en las versiones definitivas ya que les gustaba añadir un doble sentido obsceno a las canciones que versionaban o adaptaban, asi que Goo Goo Muck fue perfecta para The Cramps, quienes se propusieron subvertir un poco el significado de la canción. The Cramps tomaron la versión original, y la transformaron en una pesadilla siniestra, en la versión de Ronnie Cook, Goo Goo Muck era una especie de monstruo, un ser repugnante que vagaba por las calles de noche, buscando matar. En la versión de The Cramps, la letra original "Soy el cazador de cabezas nocturno que busca una cabeza" se convierte en "buscando una cabeza" y, de repente, los versos "buscando algo rico para comer" adquieren un significado completamente diferente. En la versión de Ronnie Cook, el cantante se convierte en un asesino por la noche. En la versión de The Cramps, son un adolescente cachondo, menos interesado en matar que en correrse . "Goo goo muck" se convierte entonces en un doble sentido: podría ser el nombre del monstruo, pero también podría ser eyaculación ("Será mejor que te agaches/Cuando aparezca/El goo goo muck"). Los Cramps consideraban su música como una forma de magia. «A veces nos acusan de robar ideas de otros», dijo Lux. «Pero nosotros vemos estas cosas como magia»… aquí la hicieron
lunes, 22 de junio de 2026
1999.- Magnetic Fields Part 2 - Jean-Michel Jarre
Jean-Michel Jarre consolida en 1981 su estatus como pionero de la música electrónica a escala global. Fue un año marcado por la innovación técnica, la exploración sonora y un hito geopolítico sin precedentes en la historia de la música contemporánea y es que uno de los grandes hechos, de su carrera ocurrió en octubre de ese año, cuando Jarre se convirtió en el primer músico occidental en actuar oficialmente en la China post-Mao. Sus conciertos en Pekín y Shanghái no solo fueron un evento musical, sino un fenómeno cultural y diplomático masivo. Ante una audiencia atónita en vivo —y millones más a través de la radio estatal—, el artista francés presentó un despliegue visual de rayos láser combinados con sintetizadores y composiciones inspiradas en la cultura local. Este histórico tour, inmortalizado posteriormente en el aclamado álbum doble Les Concerts en Chine (1982), abrió las fronteras asiáticas a la música pop occidental y demostró que la música electrónica no era fría ni elitista, sino un lenguaje universal capaz de romper barreras políticas y unir audiencias de culturas radicalmente distintas. En mayo de 1981, Jarre lanzó su quinto álbum de estudio, Les Chants Magnétiques (Magnetic Fields). Tras el éxito planetario de Oxygène y Équinoxe, Jarre decidió romper con las texturas analógicas y espaciales del pasado para adentrarse de lleno en la incipiente era digital. La gran revolución de este álbum radica en el uso pionero del Fairlight CMI, uno de los primeros sintetizadores de muestreo digital (sampling) de la historia. Esta tecnología permitió a Jarre capturar sonidos del mundo real, manipularlos y convertirlos en notas musicales, el disco se impregna de una atmósfera industrial y urbana, integrando sutilmente ruidos de trenes, relojes, texturas metálicas y voces distorsionadas que conviven con melodías luminosas y secuencias rítmicas muy energéticas. El álbum está estructurado de forma conceptual, la cara A está ocupada casi en su totalidad por "Magnetic Fields Part 1", una monumental suite de casi 18 minutos que transita por múltiples paisajes sonoros, desde la tensión industrial hasta pasajes de una belleza casi matemática, la cara B, por el contrario, ofrece piezas más cortas y accesibles.
"Magnetic Fields Part 2" es, sin lugar a dudas, la pieza más accesible, rítmica y comercial de todo el álbum, emerge como un faro de synth-pop luminoso y energía magnética, diseñada para atrapar al oyente desde el primer segundo. Desgranar esta obra implica entender cómo Jean-Michel Jarre logró fusionar la vanguardia tecnológica con una estructura pop irresistible. El núcleo de la canción se construye sobre una línea de bajo secuenciada, rápida y galopante, que dicta un ritmo bailable y constante, sobre esta base rítmica, Jarre introduce una de sus melodías más pegadizas y optimistas, ejecutada con sintetizadores analógicos que contrastan con la frialdad digital de la época. La estructura progresa acumulando capas sonoras: la melodía principal se repite y se expande, alternando con puentes sónicos que generan una sensación de movimiento perpetuo, como si estuviéramos a bordo de un tren de alta velocidad futurista. El tema respira frescura gracias a los efectos de sonido que entran y salen de la mezcla, creando un espacio tridimensional. Su impacto fue inmediato, se convirtió en el sencillo principal del álbum y en un pilar infaltable de sus masivos conciertos y demostró que la música electrónica de vanguardia no estaba reñida con el baile ni con el éxito de masas, sirviendo como puente directo hacia el pop electrónico que dominaría el resto de la década de los ochenta.
domingo, 21 de junio de 2026
1998.- Primary - The Cure
En 1981 The Cure se sumergieron por completo en la penumbra,
consolidando las bases de lo que hoy conocemos como rock gótico. Tras el sonido
minimalista y frío de Seventeen Seconds (1980), Robert Smith, Simon Gallup y
Lol Tolhurst llevaron su propuesta hacia una atmósfera mucho más densa, fúnebre
y opresiva, marcada por la desilusión y una profunda crisis existencial. El
pilar de este año fue el lanzamiento de su tercer álbum de estudio, Faith,
publicado en abril, los conciertos de la gira Picture Tour reflejaban este
estado de ánimo, la banda tocaba rodeada de humo espeso e iluminación escasa,
dejando al público exhausto ante tanta intensidad emocional. Además, en muchas
fechas proyectaban antes del concierto Carnage Visors, un cortometraje de
animación experimental cuya banda sonora instrumental también fue compuesta por
el grupo. The Cure demostró una audacia artística ciega, rechazando cualquier
intento de comercialización para priorizar la honestidad de su catarsis. Esta
etapa de oscuridad no solo redefinió su identidad musical, sino que sirvió de
puente directo hacia el nihilismo absoluto de Pornography (1982), cerrando el
año como los arquitectos definitivos del post-punk más introspectivo. Lanzado
en abril de 1981, Faith es el tercer álbum de estudio de The Cure y la pieza
central de su célebre "trilogía gótica" (iniciada con Seventeen
Seconds y culminada con Pornography). Este disco captura a una banda sumergida
en una profunda crisis existencial, entregando una obra donde la desolación, el
vacío espiritual y el aislamiento se transforman en arte sonoro. El álbum
destaca por su atmósfera brumosa y ralentizada, magistralmente capturada por la
producción de Mike Hedges y la propia banda. Tras la salida del teclista
Matthieu Hartley, el ahora trío compuesto por Robert Smith, Simon Gallup y Lol
Tolhurst abrazó un minimalismo sombrío. El bajo de Gallup tomó las riendas
melódicas, pesado y dominante, mientras las guitarras de Smith se cubrían de
capas de eco y reverberación, creando paisajes sonoros claustrofóbicos pero
extrañamente hermosos.
Primary destaca en el album como una anomalía electrizante,
fue el único sencillo del disco y la canción inyecta una dosis de urgencia
rítmica en un repertorio dominado por la lentitud, convirtiéndose en uno de los
cortes más fascinantes y audaces del post-punk británico. La verdadera
genialidad reside en su revolucionaria instrumentación: está grabada por
completo sin guitarras, para lograr ese sonido denso, afilado y puramente
rítmico, Robert Smith y Simon Gallup tocaron simultáneamente dos bajos
eléctricos de cuatro cuerdas, mientras Gallup marcaba una línea de bajo pesada
y constante, Smith utilizaba un bajo afinado más agudo, pasado por pedales de
efecto flanger y distorsión, para ejecutar los acordes y el motivo principal.
El resultado es una muralla sónica asfixiante pero bailable, empujada por la
batería minimalista y acelerada de Lol Tolhurst. Líricamente, la canción
explora la pérdida de la inocencia y el inevitable dolor de envejecer, la
portada del sencillo, que ilustra a tres niñas pequeñas, complementa a la
perfección unos versos que contrastan la pureza de la infancia —los
"colores primarios"— con la fría monotonía de la vida adulta. Smith
canta con una desesperación contenida sobre cómo los niños, al crecer, se ven
obligados a encajar en un mundo gris y corrompido, perdiendo su brillo
original. Con esta canción The Cure demostró que Cure podía sonar agresivo y
enérgico sin recurrir a los clichés del rock convencional. Al despojar al grupo
de la guitarra, su instrumento principal, abrieron un nuevo camino para el rock
gótico, demostrando que la oscuridad también podía ser trepidante, bailable y
profundamente adictiva.
sábado, 20 de junio de 2026
1997.- Chariots of Fire - Vangelis

"Chariots of Fire" es el tema principal de la película del mismo nombre, producción británica estrenada con el nombre de "Carros de Fuego" en España en 1981, dirigida por Hugh Hudson y basada en la historia real de los atletas británicos preparándose para competir en los Juegos Olímpicos de París 1924.
viernes, 19 de junio de 2026
Disco de la semana 487 · Homenaje
1996.- One Day in Your Life - Michael Jackson

Incluida originalmente en Forever, Michael (1975), "One Day in Your Life" fue reeditada como single en 1981, momento en el que alcanzó su mayor éxito, convirtiéndose en una de las joyas menos obvias del catálogo de Michael Jackson, y en una pieza clave para entender su evolución como intérprete, mostrando un lado mucho más profundo, maduro y emocional en su interpretación vocal.
"One Day in Your Life" es una balada sobre el recuerdo y la pérdida, cantada por alguien que asume que ha sido olvidado, pero confía en que algún día la otra persona recordará lo que hubo entre ellos. Es una tristeza serena, sin dramatismo ni lágrima fácil, lo que la hace aún más efectiva de cara al oyente. La intensidad no la marca tanto el mensaje de la letra, como la impresionante interpretación vocal.
Un Michael Jackson aún muy joven logra transmitir una emoción de vulnerabilidad, resignación y esperanza asociadas a un sentimiento de dolor adulto, en una canción que por primera vez anticipa la expresividad emocional de sus baladas más famosas. El acompañamiento orquestal, que incluye suaves arreglos de cuerdas y piano, refuerza sin grandes excesos ni artificios la atmósfera de nostalgia y la grandiosidad de la interpretación de Jackson.
jueves, 18 de junio de 2026
1995.- Los desertores del rock - Barón Rojo
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| Los desertores del rock, Barón Rojo |
España acababa de abrir las ventanas tras décadas de cerrojos, y por ellas entraba un vendaval de guitarras, cuero, libertad y noches interminables. El heavy metal, que en Inglaterra rugía con la NWOBHM, encontraba en Madrid un eco inesperado: cuatro tipos de barrio, con pinta de moteros y un hambre feroz por demostrar que aquí también se podía tocar duro, rápido y con clase. A comienzos de 1981, Barón Rojo no era todavía el gigante que luego incendiaría Europa, pero ya se movía con la determinación de una banda que sabía que tenía dinamita entre las manos. España estaba despertando culturalmente, las salas pequeñas hervían de guitarras y sudor, y el heavy metal empezaba a encontrar su propio idioma en castellano. Cuatro músicos curtidos (los hermanos De Castro, Sherpa y Hermes Calabria) entraron en el estudio con una misión clara: demostrar que aquí también se podía hacer rock duro con ambición, técnica y actitud. El resultado fue Larga vida al rock and roll, un debut que no solo abrió una puerta, la arrancó de cuajo. Grabado con medios modestos pero con una convicción feroz, el álbum capturó a Barón Rojo en estado puro, sin filtros, sin concesiones, sin la presión internacional que llegaría después. Era un disco de carretera, de local de ensayo, de noches largas afinando riffs y de una fe absoluta en el poder del rock.
Larga vida al rock and roll se grabó en los estudios Escorpio de Madrid, un espacio que no tenía la sofisticación de los grandes estudios británicos, pero sí la crudeza del directo. La producción, a cargo de los propios músicos con apoyo técnico del estudio, apostó por un sonido directo, frontal, sin adornos, donde las guitarras rugían como si estuvieran a un metro del oyente y la voz de Sherpa se abría paso con ese filo entre callejero y épico que lo caracterizaba. El disco fue editado por Chapa Discos, sello fundamental para el rock español de la época. Este disco, desde su lanzamiento, dejó claro que Barón Rojo venía a reclamar un trono que aún no existía. Entre los temas del álbum, para mí, destaca uno por su sinceridad, su retrato generacional y su espíritu de resistencia: Los desertores del rock. Es una pieza directa, honesta, sin dobleces. Compuesta por los hermanos De Castro, la canción refleja una realidad muy presente en la escena española de finales de los 70 y principios de los 80, en la que muchos músicos que habían coqueteado con el rock duro lo abandonaban en busca de estilos más comerciales o seguros. El título era un guiño irónico: "si te vas, que te vaya bien, pero nosotros seguimos aquí".
El tema te golpea como un puñetazo limpio. Arranca con un riff seco, casi marcial, que marca el paso como una columna de moteros avanzando por la Castellana en plena noche. La base rítmica de Sherpa y Hermes es compacta, sin fisuras, y con ese empuje que solo se consigue cuando la banda está tocando con hambre; y las guitarras de Armando y Carlos se entrelazan alternando riffs tensos con líneas melódicas que nos recuerdan a la NWOBHM. La grabación conserva ese encanto de sus primeros trabajos: un sonido algo áspero, ligeramente saturado, pero lleno de vida. La letra de Los desertores del rock es un pequeño manifiesto que nos habla de quienes abandonan la causa cuando el camino se vuelve cuesta arriba, de los que cambian la chupa de cuero por un traje más cómodo, de los que renuncian al rock cuando deja de ser rentable. Pero lejos de sonar resentida, la canción respira orgullo y fidelidad. Es un recordatorio de que el rock no es una moda, sino una forma de vida. una fomra de vida en la que ellos estaban muy comprometidos.
miércoles, 17 de junio de 2026
1994 - Salir de la melancolia - Seru Giran
martes, 16 de junio de 2026
1993. - La esquina del viento - Medina Azahara
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| La esquina del viento, Medina Azahara |
A principios de los años 80, Medina Azahara era un grupo joven, pero con una personalidad que empezaba a abrirse paso entre la vorágine musical de la España de la Transición. Venían del impacto de su debut homónimo de 1980, un disco que hizo que la crítica les situara como herederos naturales, aunque no imitadores, del legado de Triana. El país cambiaba rápido, las radios buscaban nuevos sonidos y el rock andaluz necesitaba demostrar que seguía latente. En ese clima, la banda entró en los Estudios Eurosonic de Madrid para grabar su segundo álbum: La esquina del viento (1981). El grupo llegaba con más tablas, más ambición y una idea clara, pues querían un sonido más pulido, más profesional, sin perder ese perfume sureño que los distinguía. La producción de Gonzalo García Pelayo y Julio Palacios fue decisiva. Ambos entendieron que Medina Azahara necesitaba crecer sin romper su esencia, y apostaron por un equilibrio entre guitarras limpias, teclados envolventes y una voz, la de Manuel Martínez, que ya empezaba a convertirse en una de las más reconocibles del rock español.
El álbum, editado en 1981, tenía una mezcla de juventud y madurez, y el grupo empezaba a entender la importancia del estudio como un instrumento más. Dentro de ese conjunto, la canción La esquina del viento emerge como una de las mejores piezas del disco. La canción, nacida en aquellas mismas sesiones de Eurosonic, se presenta como ese tipo de tema que un grupo escribe cuando todavía está descubriendo quién es. Entra despacio, casi de puntillas, como si no quisiera interrumpir la conversación que ya llevas contigo. Las guitarras son limpias, te acarician, tienen ese brillo tímido de las cosas sinceras, y con apenas un par de acordes ya te han colocado en un rincón donde parece que siempre corre un poco de aire. Los teclados, lejos de querer protagonismo, funcionan como una luz que alguien enciende al fondo de la habitación, dando un toque de melancolía. La base rítmica avanza con humildad, pues el bajo y la batería caminan juntos, sin alardes, marcando un pulso que parece más un latido que un ritmo. Y gracias a esa contención, la voz encuentra un espacio. Una anécdota que la banda ha contado en más de una ocasión: Manuel Martínez explicó que la canción nació inspirada en una esquina real de Córdoba, un lugar donde solía pasar de joven y que para él simbolizaba decisiones, despedidas y comienzos.
lunes, 15 de junio de 2026
1992 - Bette Davis Eyes - Kim Carnes
domingo, 14 de junio de 2026
1991.- Te Quiero - Jose Luis Perales
Jose Luis Perales inició la década de los ochenta con la madurez artística necesaria para alcanzar nuevas cimas comerciales y creativas, en 1981 continuaba disfrutando del inmenso impacto de su álbum Tiempo de otoño (1980), que contenía joyas que se convirtieron en clásicos instantáneos. Su estilo, caracterizado por una poesía sencilla, cotidiana y profundamente humana, resonaba con una audiencia que encontraba en sus letras un reflejo fiel de sus propios sentimientos, anhelos y desamores. 1981 fue un año de intenso trabajo de promoción y giras, donde su figura se alejó de los clichés de la estrella del pop convencional para abrazar la imagen de un cronista de la vida sencilla. Su voz, suave y modulada, se convirtió en la banda sonora de la transición española y de la apertura cultural en Latinoamérica, donde sus giras de aquellos años fueron recibidas con una devoción casi absoluta. 1981 es el año que simboliza la estabilidad del éxito, Perales ya no necesitaba demostrar nada, su capacidad para narrar historias en menos de cuatro minutos le otorgó un lugar privilegiado en la historia de la música popular. Nido de águilas representa una etapa de madurez y consolidación artística clave en la carrera de José Luis Perales. En un momento donde la industria musical experimentaba con nuevos sonidos, Perales reafirmó su identidad como un narrador de historias cotidianas, manteniendo intacta la sencillez poética que lo define. A través de sus pistas, Perales logra capturar la esencia de la vida rural y la introspección personal, elementos que conectaron profundamente con una audiencia que buscaba sinceridad en medio de los cambios sociales de la época. Es un trabajo honesto, sin pretensiones ni artificios, donde cada letra parece escrita desde la observación pausada de la vida.
Te quiero es, sin lugar a dudas, uno de los pilares fundamentales del cancionero de José Luis Perales y una de las composiciones más emblemáticas de la música en español, se convirtió rápidamente en un himno universal, trascendiendo generaciones y fronteras gracias a su sencillez desarmante y su capacidad para sintetizar lo que, para muchos, es la esencia misma del amor. Lo que hace que sea un gran tema no es la complejidad de sus arreglos, sino la profundidad de su mensaje, logra despojar el concepto de amor de cualquier artificio o pretensión poética, presentándolo como un sentimiento cotidiano, honesto y profundamente humano. La letra funciona como una enumeración de verdades esenciales: el amor no es un concepto abstracto, sino algo que se manifiesta en la cercanía, en la mirada, en el silencio compartido y en la complicidad de dos personas que se conocen profundamente. Musicalmente, la pieza destaca por su elegancia minimalista. La instrumentación acompaña a la voz de Perales con una suavidad que permite que cada palabra cobre un significado especial. Su interpretación vocal, contenida pero cargada de matices, transmite una calidez que conecta de inmediato con la sensibilidad del oyente. Es una balada que no busca la grandilocuencia, sino la intimidad, convirtiéndose en el refugio emocional de quienes encuentran en sus versos una forma propia de decir lo que a veces, por miedo o sencillez, callamos. El cantautor nos regaló una canción que funciona como un espejo: al escucharla, no solo oímos a un artista consagrado, sino que nos reconocemos en esa necesidad vital de expresar el afecto más puro.
sábado, 13 de junio de 2026
1990.- Esto no es Hawaii (que guay) - Loquillo
Esto no es Hawaii (que guay) es uno de los himnos más emblemáticos y viscerales de la historia del rock en español. Lanzada en 1981 por Loquillo y Los Trogloditas, la canción no solo consolidó al «Loco» como una figura central de la escena musical. Para entender esta canción, hay que situarse en la Barcelona de mediados de los ochenta, mientras en Madrid la Movida se celebraba con euforia, neones y una despreocupación casi pueril, Loquillo y sus Trogloditas ofrecían una visión más cruda, urbana y, sobre todo, honesta. «Esto no es Hawaii» surge como una crítica directa a esa actitud acomodaticia y superficial que empezaba a permear la escena cultural, el título es, en sí mismo, una declaración de principios: frente a la idealización de una vida paradisíaca, exótica y fácil que prometía la modernidad mal entendida, la canción planta los pies en el asfalto sucio y real de la ciudad. Musicalmente, la pieza es una joya de sencillez efectiva, con una base rítmica contundente, una línea de bajo hipnótica y guitarras que destilan el aroma del rockabilly clásico pero con una actitud punk, la canción es directa, sin adornos innecesarios. Es un ejercicio de estilo que busca la inmediatez: entrar al grano, golpear fuerte y dejar un poso de amargura elegante, pero lo que la eleva por encima de otros temas de la época es su letra. Loquillo, siempre dotado de esa voz grave y pausada que destila chulería y melancolía a partes iguales, despliega una lírica que destila cinismo. El estribillo, con ese irónico «¡Qué guay!», funciona como una burla constante hacia aquellos que intentaban encajar en modas pasajeras, adoptando actitudes importadas o pretendiendo que la vida era una fiesta continua sin consecuencias y aborda la alienación urbana, no hay palmeras, ni playas idílicas, ni el brillo artificial de los hoteles de lujo, lo que hay es un bar de carretera, gente desencantada y la sensación de que, al final del día, todos estamos atrapados en una realidad mucho más gris y mundana de lo que nos vendieron. Es un retrato generacional de aquellos que, sintiéndose ajenos a los dictámenes de la moda oficial, decidieron forjar su propia identidad a través del rock and roll.
Más allá de ser un éxito comercial, «Esto no es Hawaii» se convirtió en una bandera para los marginados de la cultura oficial. Loquillo se posicionó, a través de este tema, como el antihéroe perfecto: aquel que no busca caer bien, que no se pliega a las exigencias de la industria y que prefiere mantener la integridad artística aunque eso suponga ser el «malo» de la película. Su relevancia hoy en día radica en su honestidad, un recordatorio de que, a menudo, la realidad no es el paraíso que nos venden en las pantallas, y que la verdadera autenticidad reside en aceptar y defender nuestra propia «incapacidad» para encajar en moldes preestablecidos. La producción de la canción, con esa mezcla perfecta entre la herencia del rock de los 50 y la urgencia de los 80, logra que, cuatro décadas después, no suene caduca. Sigue teniendo ese filo cortante que invita a subir el volumen, apretar los dientes y caminar por la calle con la seguridad de quien sabe que, aunque el entorno sea hostil y las promesas vacías, siempre queda la música para salvarnos.
viernes, 12 de junio de 2026
Disco de la semana 486: Call the Comet - Johnny Marr

“Call the Comet” es el tercer álbum en solitario de Johnny Marr, publicado en 2018 tras sus trabajos previos The Messenger (2013) y Playland (2014). Grabado en "Crazy Face Factory", su propio estudio en Manchester, el disco refleja a un Marr ya consolidado como artista independiente, tras décadas a la sombra de The Smiths. Johnny Marr intentó con este disco ir más allá de la mera entrega de una buena colección de canciones, y dotó a "Call the Comet" de un concepto narrativo algo abstracto pero muy interesante, basado en un futuro cercano en el que los protagonistas de las canciones tienen inquietudes sociales y buscan mejores formas de vivir en sociedad, hasta el punto que muchos oyentes creyeron ver en el disco un mensaje post-Brexit.

1989.- De niña a mujer - Julio Iglesias
El año 1981 fue un periodo de consolidación estelar para Julio Iglesias, quien para entonces ya se había convertido en un fenómeno musical global, trascendiendo las fronteras del idioma y consolidando su estatus como un icono de la canción romántica internacional. Durante este año, el artista madrileño mantuvo una agenda frenética que reflejó su inmensa popularidad en diversos mercados. Un hito destacado de 1981 fue su participación en el Festival de Viña del Mar en Chile, donde no solo cautivó al público latinoamericano, sino que también protagonizó momentos memorables en la televisión local, como su recordada colaboración y entrevista con el Dúo Dinámico. Su capacidad para conectar con audiencias de diferentes culturas se vio reforzada con actuaciones de alto nivel, incluyendo su presencia en la Gala de la Cruz Roja en Montecarlo, invitado por la princesa Grace de Mónaco. En el ámbito discográfico, 1981 fue un año prolífico. Publicó álbumes como De niña a mujer y Fidèle, además de diversas recopilaciones para mercados internacionales como Zärtlichkeiten (en alemán) y Begin the Beguine. Estas publicaciones reflejaron su estrategia de adaptar su repertorio a idiomas locales, una táctica que le permitió penetrar con éxito en mercados tan diversos como el europeo y el latinoamericano. Más allá de los escenarios, 1981 fue también un año de introspección personal; el cantante publicó sus memorias en la revista Protagonistas, donde compartió facetas inéditas de su vida, incluyendo recuerdos de su juventud y su accidentado inicio en el mundo de la música. Fue, en resumen, un año donde Julio Iglesias terminó de pulir la imagen del "gentleman" romántico y seductor que lo acompañaría durante las siguientes décadas, equilibrando una carrera discográfica masiva con una presencia constante en los eventos sociales y culturales más exclusivos del mundo.
"De niña a mujer", es una de las composiciones más emblemáticas y definitorias de la carrera de Julio Iglesias. No solo dio título a uno de sus álbumes más exitosos, sino que se convirtió en una pieza clave para entender la narrativa del artista: la transición de la juventud a la madurez vista a través del prisma de la nostalgia y el romanticismo. La canción destaca por su melodía suave y envolvente, arropada por unos arreglos de cuerdas que le otorgan una elegancia atemporal. Líricamente, el tema explora la complejidad del paso del tiempo. A diferencia de sus baladas puramente pasionales o de despecho, "De niña a mujer" posee un componente introspectivo y casi pedagógico. Julio narra la transformación de una joven, observando cómo los juegos de la infancia dan paso a una nueva consciencia emocional y sentimental. Esta temática resonó profundamente con una generación de oyentes, ya que capturó esa universalidad de ver a alguien querido crecer, cambiando su mirada y su forma de entender el amor. Es una canción sobre el ciclo de la vida, tratada con la delicadeza que caracterizaba el estilo interpretativo de Iglesias en su apogeo: intimista, susurrante y profundamente sugerente. Lo que hace que esta canción destaque sobre otras de su repertorio es su tono lírico. Julio Iglesias logró despojarse de artificios para ofrecer una interpretación que se sentía cercana, casi como si estuviera contando un secreto a cada uno de sus seguidores. Existe una fascinante dualidad en torno a "De niña a mujer" que ha generado debates durante años. Aunque popularmente se ha instalado la creencia de que es una oda de amor paternal dedicada a su hija, Chábeli Iglesias, la realidad es más compleja y tiene un matiz romántico hacia su entonces esposa, Isabel Preysler. Existe una fascinante dualidad en torno a "De niña a mujer" que ha generado debates durante años. Aunque popularmente se ha instalado la creencia de que es una oda de amor paternal dedicada a su hija, Chábeli Iglesias, la realidad es más compleja y tiene un matiz romántico hacia su entonces esposa, Isabel Preysler.
jueves, 11 de junio de 2026
1988.- I missed Again - Phil Collins
Para Phil Collins, 1981 fue el año que lo cambió todo. Hasta ese momento, era conocido principalmente como el virtuoso baterista y carismático vocalista de la banda de rock progresivo Genesis. Sin embargo, una crisis personal y una explosión de creatividad lo empujaron a dar un salto al vacío que redefiniría su carrera y el sonido de la década. El motor de este cambio fue el doloroso divorcio de su primera esposa, solo en su casa, rodeado de cajas de ritmos y sintetizadores, Collins comenzó a componer canciones intensamente confesionales a modo de terapia. El resultado fue su álbum debut como solista, Face Value, lanzado en febrero de 1981. Lo increíble de este año es que Collins nunca dejó Genesis. Mientras su carrera solista despegaba, la banda lanzó el exitoso álbum Abacab en septiembre, demostrando que Phil podía dominar las listas de éxitos por partida doble. En apenas doce meses, Phil Collins pasó de ser el líder de un grupo de rock respetado a convertirse en una superestrella pop global por derecho propio, demostrando que el desamor se podía transformar en oro musical. Lanzado en febrero de 1981, Face Value no solo fue el debut solista de Phil Collins, sino el exorcismo musical de su doloroso divorcio, el álbum es un viaje crudo y experimental que transita entre el desamor más profundo y la catarsis rítmica, alejándose del rock progresivo de Genesis para abrazar el pop, el R&B y el funk. Su espina dorsal es la icónica "In the Air Tonight", un tema minimalista construido sobre una caja de ritmos Roland que estalla en el quiebre de batería más famoso de la historia. Fue aquí donde se perfeccionó el gated reverb, ese sonido de batería potente y cortado en seco que definió la estética sonora de toda la década de 1980. A pesar de su atmósfera oscura en baladas como "You Know What I Mean", el disco sorprende por su versatilidad. Con su icónica portada en primer plano, Face Value demostró que la vulnerabilidad extrema podía transformarse en un éxito comercial masivo.
Lanzado como el segundo sencillo del disco, "I Missed Again" es una pieza clave para entender el equilibrio perfecto que Phil Collins logró en su debut solista, el álbum está profundamente marcado por la oscuridad de su divorcio, pero esta canción demuestra su asombrosa capacidad para disfrazar la frustración y el rechazo amoroso bajo el empaque de un tema sumamente bailable, alegre y lleno de groove. La maqueta original de la canción se titulaba tentativamente "I Miss You, Babe" y nació en el piano de la sala de Collins. Desde un inicio, el tema canalizaba su devoción por el R&B de la Motown y el soul americano. Para llevar esa visión al siguiente nivel, Collins reclutó a los Phenix Horns, la mítica sección de vientos de la banda Earth, Wind & Fire, el resultado fue una inyección de energía explosiva: los metales afilados y precisos se entrelazan con una línea de bajo frenética y, por supuesto, la batería contundente e impecable del propio Collins. Líricamente, la canción aborda el sentimiento de humillación y el cansancio de "volver a fallar" en el amor, la letra retrata a alguien que intenta impresionar a una mujer, solo para terminar en el mismo lugar de siempre: solo y frustrado. Sin embargo, en lugar de hundirse en la autocompasión que inunda otras baladas del disco, Collins elige reírse un poco de su propia desgracia. Ese toque de ironía quedó perfectamente plasmado en su icónico video musical, filmado en un estudio completamente blanco, el videoclip muestra a un Phil Collins extremadamente relajado, haciendo mímica de los instrumentos de manera exagerada y juguetona. El video se convirtió en un clásico de los primeros días de la MTV por su frescura, alejándose de las producciones pretenciosas de la época y consolidando la imagen de Collins como el "tipo común y corriente" con el que cualquiera podría identificarse. Un detalle técnico brillante de "I Missed Again" es su sección final. Mientras los vientos se desvanecen, se puede escuchar un sutil pero virtuoso solo de saxofón tenor interpretado por Ronnie Scott, una auténtica leyenda del jazz británico y fundador del famoso club londinense que lleva su nombre.

