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viernes, 21 de agosto de 2026

Disco de la semana 495: West Ryder Pauper Lunatic - Kasabian

 


West Ryder Pauper Lunatic Asylum (2009) fue el disco que transformó a Kasabian de una exitosa banda de indie rock británico en un grupo verdaderamente ambicioso. Tras la salida de Christopher Karloff, Sergio Pizzorno asumió el liderazgo creativo y construyó una obra mucho más psicodélica, experimental y cinematográfica que sus trabajos anteriores. El propio grupo describió el álbum como una especie de banda sonora para una película imaginaria, y cada canción representaría a uno de los internos de un manicomio ficticio. El resultado fue un álbum que debutó en el número uno en el Reino Unido y que muchos consideran la obra maestra de la banda.

La primera pieza de este psicodélico puzle es Underdog, toda una explosión de energía. El riff principal recuerda al rock de estadio clásico, mientras los sintetizadores y la percusión aportan una sensación de peligro constante. Tom Meighan canta con actitud desafiante, convirtiendo la canción en una declaración de intenciones. Le sigue Where Did All the Love Go?, una de las mejores composiciones del álbum. Bajo una apariencia festiva y bailable se esconde una reflexión amarga sobre la pérdida de ideales y la desaparición de la empatía en la sociedad moderna. El estribillo es irresistible, pero la canción gana profundidad con cada escucha.

Swarfiga es un interludio psicodélico más que una canción en sí, y quizá sea uno de los momentos más prescindibles de un disco sin apenas relleno. Voces deformadas, efectos electrónicos y una atmósfera inquietante refuerzan la idea de estar dentro de un extraño sanatorio, y sirven para enlazar el material más accesible con las zonas más oscuras del álbum. Tras este breve intermedio, Fast Fuse retoma la fuerza inicial en lo que es uno de los momentos más explosivos del disco. En su vertiente más salvaje, Kasabian combina rock de garaje, glam y psicodelia con una producción sucia y agresiva.

Después de tanta adrenalina, en Take Aim la banda desacelera y presenta una balada oscura y elegante. La voz de Pizzorno aporta vulnerabilidad, mientras los arreglos crean una atmósfera melancólica y casi cinematográfica, en una canción injustamente infravalorada dentro del amplio catálogo de Kasabian. Tras este impactante y oscuro momento de pausa, Thick as Thieves es un tema compacto y adictivo que mezcla influencias de la música electrónica con un groove casi funk. No tiene el impacto inmediato de los sencillos más conocidos, pero funciona como una pieza esencial dentro de la secuencia del álbum gracias a su ritmo hipnótico. A continuación, West Ryder Silver Bullet es la canción que mejor resume el espíritu del disco. Extraña, teatral y llena de cambios de intensidad, incorpora la participación de la actriz Rosario Dawson y desarrolla una atmósfera de western psicodélico.

Vlad the Impaler hace referencia al personaje histórico que inspiró el mito de Drácula, pero Kasabian utiliza la figura como excusa para crear uno de los temas más contundentes de su carrera. Los riffs, los cánticos y la producción crean una sensación de persecución constante. Menos conocida es Ladies and Gentlemen (Roll the Dice), una canción que combina ritmos mecánicos, arreglos psicodélicos y una sensación de decadencia casi circense. Funciona bien como transición entre los momentos más agresivos y la recta final del álbum, que comienza con la experimental Secret Alphabets, una canción de construcción lenta y misteriosa, llena de capas de sonido que aparecen y desaparecen, generando una atmósfera casi onírica. No es una canción inmediata, pero sí una de las más fascinantes para quienes disfrutan explorando los detalles de la producción de los discos.

Capítulo aparte merece Fire, el gran himno de la carrera discográfica de Kasabian. La combinación de ritmo tribal, sintetizadores y coros convierte el tema en una auténtica explosión de energía, y muy pocas canciones del indie británico de los años 2000 poseen un estribillo tan poderoso. Fue el sencillo perfecto para presentar el álbum y sigue siendo una de sus canciones mas emblemáticas. Tras esta maravilla, Happiness cierra en tono introspectivo el disco, sin perder por ello la carga psicodélica que campa a sus anchas a lo largo de West Ryder Pauper Lunatic. El cierre transmite una sensación de calma extraña, como si al fin hubiéramos logrado escapar del manicomio. Es un final perfecto para un álbum con el que Kasabian llegó a su momento "prime", manteniendo su innegable capacidad para producir himnos de rock alternativo, pero añadiendo influencias psicodélicas, cinematográficas y experimentales que le dieron a West Ryder Pauper Lunatic el acabado de una obra completa, una joya oscura, imaginativa, ambiciosa y con una narrativa y una atmósfera muy definidas. En definitiva, fue y es la cima artística de la banda.