Antes de sonar la primera nota de "I'm Gonna Love Her for Both of Us", conviene olvidarse de que estamos a punto de escuchar una simple canción de rock. Lo que sigue se parece mucho más a una escena de un musical de Broadway o al clímax de una película romántica llevada deliberadamente al exceso. En el universo creativo de Jim Steinman nunca existieron los sentimientos a medias: todo era más grande, más intenso y más teatral. Y pocas composiciones representan mejor esa filosofía que esta pieza incluida en Dead Ringer (1981).
Desde el comienzo, la canción deja claro que no pretende conquistar al oyente mediante la sutileza. Los arreglos crecen de forma casi cinematográfica, el piano marca el pulso emocional y la producción levanta un muro de sonido que parece diseñado para sostener una tragedia amorosa de dimensiones épicas. Cada elemento empuja hacia el mismo objetivo: convertir una historia íntima en un espectáculo grandioso.
El gran protagonista, sin embargo, sigue siendo Meat Loaf. Su interpretación es una auténtica representación dramática. No canta; interpreta a un personaje consumido por una obsesión que roza el sacrificio. La frase que da título a la canción resume perfectamente el espíritu de Steinman: un amor tan desbordado que está dispuesto a compensar la incapacidad emocional de la otra persona. Es una idea exagerada, casi imposible de sostener en la vida real, pero completamente lógica dentro de este universo donde las emociones nunca conocen límites.
Esa desmesura fue precisamente la marca registrada de la alianza entre Meat Loaf y Jim Steinman. Mientras buena parte del rock de principios de los ochenta buscaba sonar más directo o más moderno, ellos continuaban apostando por composiciones largas, cambios de intensidad, melodías expansivas y letras que parecían escritas para ser interpretadas bajo un foco. Su propuesta siempre dividió opiniones: para algunos era puro exceso; para otros, una forma única de entender el rock como espectáculo total.
Con el paso de los años, "I'm Gonna Love Her for Both of Us" ha quedado algo eclipsada por monumentos como "Bat Out of Hell", "Paradise by the Dashboard Light" o "I'd Do Anything for Love (But I Won't Do That)". Sin embargo, esa relativa discreción no disminuye su valor. Al contrario, permite descubrir una de las composiciones donde mejor se aprecia la química entre un compositor que escribía como si cada canción fuera una obra teatral y un cantante capaz de convertir cualquier melodía en una interpretación inolvidable.
Quizá esa sea la mejor manera de acercarse a esta canción. No esperando una historia de amor convencional, sino aceptando la invitación a un escenario donde los sentimientos siempre se expresan al máximo volumen. Porque en el mundo de Meat Loaf y Jim Steinman no había lugar para las medias tintas: cada canción debía sentirse como el último acto de una gran tragedia. Y "I'm Gonna Love Her for Both of Us" cumple ese papel con una convicción que, más de cuatro décadas después, sigue resultando tan excesiva como fascinante.
Daniel
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