
Publicado en 1972, "666" es el tercer y último álbum del grupo Aphrodite’s Child y su obra más ambiciosa y radical, una auténtica y exhaustiva banda sonora para un film inexistente, en formato de doble LP conceptual inspirado libremente en el "Libro del Apocalipsis", concebido principalmente por Vangelis Papathanassiou y el cineasta y letrista Costas Ferris. Para esta generosa y desproporcionada teatralización musical del apocalipsis, Aphrodite’s Child rompe con el pop psicodélico de sus entregas anteriores, para adentrarse en el rock progresivo y en terrenos mucho más experimentales, mezclando coros épicos con recitados rituales, solos de guitarra apocalípticos y atmosféricos teclados electrónicos. El resultado es algo fragmentario y disperso, con canciones que no pasan de breves viñetas sonoras e interludios para la historia que relata el disco, pero rebuscando en la inmensidad de "666" podemos encontrar, en las canciones que consiguen mantener una estructura más reconocible y standard, momentos musicalmente muy destacables.
No hace falta esperar mucho para eso, porque tras las voces de la multitud que constituyen la breve y oscura introducción de "The System", "Babylon" tiene ya un desarrollo musical que destaca por su marcado ritmo, los coros y una sensación de atmósfera decadente en la ciudad de la corrupción y el pecado. Es sin duda un buen entrante para degustar un disco que sorprende por momentos, como en el siguiente tema "Loud, Loud, Loud", una breve pieza austera y obsesiva en la que una voz femenina hace un recitado mientras los coros masculinos responden repetitivamente "Loud, Loud, Loud, Loud". Las tres piezas iniciales funcionan a la perfección como intro para "The Four Horsemen", uno de los grandes temas del disco y de los más conocidos del álbum y de la carrera de Aphrodite’s Child. La música es solemne y el sonido y la intensidad de la canción van creciendo progresivamente, apoyados en una estructura de canción más clásica y la potente temática de los cuatro jinetes del apocalipsis. La intensa y dramática interpretación vocal de Demis Roussos y una enorme y apocalíptica guitarra eléctrica la convierten en una pieza tan épica como inquietante. Más lírica y contenida es "The Lamb", una representación del sacrificio que aporta la calma antes del apocalipsis, que aún está por llegar. Antes de que llegue la oscuridad, con la breve "The Seventh Seal" (sobre la apertura del séptimo sello) y la bella melodía de "Aegian Sea" termina la primera cara en un tono contemplativo y casi onírico.
La cara B comienza con un breve interludio ("Seven Bowls"), una pieza inquietante ("The Wakening Beast"), y la letanía de un lamento de aires orientales ("Lament"), de nuevo tres temas que abren el camino para una canción más enérgica y desarrollada ("The Marching Beast") en la que guitarras, flautas y teclados componen un caótico y luminoso paisaje sonoro instrumental. La guitarra eléctrica y la batería son las absolutas protagonistas de "The Battle of the Locuts", breve pero intenso tema casi inseparable de "Do it", tema en el que las guitarras y el ritmo de batería acelerado rezuman virtuosismo, energía y aires de jam session. Para nueva sorpresa, de la intensidad de las guitarras hard rock, el disco salta rápidamente a los metales de la breve y anecdótica "Tribulation", una de las breves e inconexas viñetas sonoras del disco. Tras ese nuevo giro musical, "The Beast" retoma cierta estructura clásica con una voz y un tono que recuerdan a las canciones de musicales y a las canciones de Frank Zappa. La voz de "Ofis" y unos ridículos sonidos onomatopéyicos cierran de manera extraña la cara B, dejándonos con la sensación de que el disco aún puede seguir derivando inevitablemente hacia niveles de locura y de experimentación mayores.
"Seven Trumpets" es un recitado de un predicador avisando de la oscuridad y la catástrofe que están por venir, que será anunciada por "siete trompetas". Lo que es seguro es que estas siete trompetas anuncian la llegada de "Altamont", uno de los momentos más intensos y extraños del disco, una canción sin letra más allá de los tarareos de un cantante y el recitado final, y plagada de intensos saxofones y un ritmo angustioso y desafiante. Es además la única referencia a una situación "real", pues remite al famoso concierto de Altamont de 1969, símbolo del fin de la inocencia hippie. "Se acabó el sueño" y la realidad es oscura y delirante, pero la angustia no dura para siempre, y en un nuevo e inesperado giro musical, en "The Wedding of the Lamb" los ritmos medievales dan cierto respiro y luminosidad, como si una ventana se hubiera abierto y dejara entrar unos tibios rayos de sol. Es solo un breve descanso, porque en "The Capture of the Beast", el sonido de cadenas y tambores vuelve a cerrarle el paso a la luz, y en la enloquecida y controvertida "00 Infinity symbol" un personaje femenino interpretado vocalmente por la actriz Irene Cara intenta declamar unos salmos mientras mientras está en pleno éxtasis sexual. Es uno de los temas más extraños e inquietantes del disco, y ni siquiera los teclados, el ritmo pegadizo y la voz y los coros de "Hic et Nunc" cantando con energía "Aquí y ahora" logran ya sacarnos del trance, pero le dan un final agradable y formal a esta tercera cara del disco.
Para la última cara, Aphrodite's Child nos reservan un gran final apoteósico, y como buen disco progresivo no podía faltar una canción de casi veinte minutos: "All the Seats Were Occupied". Más que una canción, es de nuevo una gran escena sonora de una película que se desarrolla únicamente en las cabezas de los oyentes, en una intensa y trabajada mezcla de narración, música y caos. Y tras el momento más épico y álgido del disco, aún les quedó generosidad musical para regalarnos un último trago con "Break", un tema de piano y voz melancólica que en su tramo final nos saca indemnes de un viaje intenso, caótico, a veces brillante, a veces hasta incómodo e incomprensible, pero absolutamente sorprendente y, en conjunto, magistral e irrepetible. Algo tan intenso que terminó por ser también el apocalipsis de Aphrodite's Child, que ardió en las llamas del infierno, para que de las cenizas de la banda surgiera triunfal la figura de Vangelis, para seguir explorando la manera de contar grandes historias a través de la música y poniéndole banda sonora a grandes películas, mucho más reales que "666".