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martes, 24 de marzo de 2026

1909.- Pongamos que hablo de Madrid - Joaquín Sabina


En 1980 Joaquín Sabina estaba intentando forjarse una carrera como cantautor en la España de la transición, tras un período en el que estuvo viviendo en Londres, y de la publicación de un prescindible primer disco ("Inventario", 1978) que no apuntaba ningún destello de lo que después sería una brillante carrera musical. Sin embargo, en su segundo intento ("Malas Compañías", 1980) ya encontramos algunas de sus mejores canciones ("Qué demasiao", "Pasándolo bien") y dos piezas excelsas que se convertirían en auténticos himnos ("Calle Melancolía" y "Pongamos que hablo de Madrid").

Pongamos que hablo de Madrid, con letra de Sabina y melodía de Antonio Sánchez, retrata un Madrid costumbrista y cotidiano, cosmopolita y acelerado, con un punto triste y sórdido en la descripción de los personajes y las situaciones cotidianas que albergaba en los albores de los años ochenta. El Sabina recién llegado parece no encontrar salida en un micro mundo en el que "las niñas ya no quieren ser princesas, y a los niños les da por perseguir el mar dentro de un vaso de ginebra", un escenario oscuro y apocalíptico en el que "la muerte pasa en ambulancias blancas" y hay jeringuillas en los lavabos de los bares.

La carrera de Sabina comenzó a despegar con canciones como "Pongamos que hablo de Madrid", y el Sabina emigrante fue enamorándose poco a poco de la vida bohemia y colorida que encontró detrás de la ciudad oscura que le había recibido en un primer momento, y en la versión en directo del disco "Sabina y Viceversa" (1986) cambió los últimos versos de la canción para rendirse definitivamente a una ciudad que le había terminado calando hasta los huesos, convirtiendo el lúgubre y descarnado "Cuando la muerte venga a visitarme, que me lleven al sur dónde nací. Aquí no queda sitio para nadie..." en un sentido "Cuando la muerte venga a visitarme, no me despiertes, déjame dormir. Aquí he vivido, aquí quiero quedarme... Pongamos que hablo de Madrid".