
Musicalmente tampoco busca la solemnidad. Charly García utiliza el nervio del rock y la modernidad sonora que comenzaba a caracterizar sus trabajos de aquella década. La electricidad de la música contrasta con la gravedad de lo que está contando. En lugar de acompañar el miedo con una composición triste, lo enfrenta mediante velocidad, sarcasmo y tensión. Allí donde otro compositor podría haber escrito una canción explícitamente antibelicista, él introduce contradicciones, imágenes urbanas y humor negro.
Escuchada décadas después, No bombardeen Buenos Aires conserva una intensidad sorprendente porque habla de la sensación de indefensión del ciudadano corriente, cuando las decisiones de los poderosos convierten la realidad en algo incomprensible y peligroso,y ese es, desgraciadamente, un sentimiento atemporal y universal. Y, en definitiva, pocas cosas envejecen mejor en el rock que una buena canción capaz de enfrentarse al miedo riéndose, aunque sea nerviosamente, de quienes lo provocan.
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