La música en historias: La "Zona Punk"


¿Somos los dueños de la elección de nuestros gustos musicales? ¿Escogemos nuestras preferencias voluntariamente, como si la vida fuera una tienda de discos en la que rebuscamos en los estantes?

O por el contrario, ¿Hay algún tipo de fuerza no visible, y sobre la que no ejercemos ningún tipo de control, que nos empuje a conocer un género o artista, estando de algún modo predestinados a escucharlo? En este caso, hagas lo que hagas acabarás llegando sí o sí a un género determinado. Esta es la historia por la cual creo en esta segunda opción.

LA "ZONA PUNK"

Siendo "pre-adolescente", pasaba la primera parte del verano en el chalet de mis tíos en la sierra de Madrid, hasta que mis padres podían tomarse unos días de vacaciones. Un día de tantos, salí con la bicicleta a dar vueltas por la urbanización en la que estábamos. Tras varios kilómetros recorriendo las hileras de chalets con sus anodinos jardines y sus apetecibles piscinas, hice una parada para descansar.

Llevaba un walkman de la época con un cassette recopilatorio de Elton John, al que estaba descubriendo y al que por alguna razón me estaba enganchando, por temas como "Yellow brick road" o "Crocodile Rock" pero muy especialmente por la manera en la que cantaba en tono grave "Blue Eyes", que a nivel vocal me parecía impresionante.

Y de pronto, mirando al suelo, vi un destello que reflejaba los rayos del sol de una manera extrañamente multicolor. Dejé caer la bicicleta, y me acerqué al pequeño objeto redondo que brillaba desde el suelo. Era una chapa de las que llevan un imperdible detrás, pero en la parte delantera emulaba la bandera del Reino Unido y en letras brillantes y coloridas podía leerse "Sex Pistols".

Por aquel entonces, no tenía ni idea de quiénes eran los Sex Pistols, pero de algún modo supe que estaba ante un grupo de música. En aquel momento, lo que más me atraía era el brillo de las letras y la combinación de los colores rojo, azul y blanco de la bandera. En una época en la que no existía Internet, conseguir escuchar algo de aquel grupo se convirtió en un anhelo inalcanzable más que en una posibilidad real, imposible al menos en el entorno aburguesado de una urbanización de la sierra, con la tienda de discos más cercana en una galaxia muy, muy lejana.

Guardé la chapa como un tesoro hasta que acabó el verano y en septiembre, tras el colegio, comenzó la rutina de pasar las tardes en la tienda de fotocopias de mis padres. Entre el variopinto público que acudía a la tienda, había un colectivo que me resultaba mucho más interesante que el resto: Los adolescentes que fotocopiaban las carátulas de las cassettes de música que grababan.

Había un auténtico trasiego de intercambio de cassettes originales, que se grababan mientras se escuchaban, en los radiocassettes de doble pletina. Sólo había que grabarlo en una de aquellas cassettes vírgenes y copiar la carátula, para tener otra perla más en tu colección de mitos del rock en blanco y negro.

Prácticamente el 100% de las carátulas que se fotocopiaban en la tienda eran de heavy metal. Por allí pasaron Iron Maiden (mis favoritos por sacar en todas sus carátulas al famoso monstruo Eddie), AC/DC, Accept, WASP y tantos otros. Sin haber escuchado ninguno de aquellos discos, conocía a todos los grupos y los títulos de sus discos, de hecho hacía dos copias de los que más me gustaban y me quedaba con una, para entretenerme con las ilustraciones e inventarme como sonarían aquellas canciones.

Un día, entró uno de aquellos adolescentes en la tienda. Sacó una cassette del bolsillo, la abrió para sacar la carátula y entregármela diciendo: "Quiero fotocopiar esta carátula". El corazón me dió un vuelco. Sobre un amarillo chillón, aparecía el título, mientras el nombre del grupo aparecía enmarcado en morado:

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No me atreví a pedirle que me dejara el cassette para poder grabarlo, así que tras fotocopiar la carátula vi como la segunda señal del destino se me escapaba entre los dedos. A partir de ahí fui descubriendo los grupos punk más relevantes. Por algún motivo, grupos como Sex Pistols, Clash, Stooges o Ramones me resultaban más interesantes, y con una actitud y un mensaje de protesta más auténticos que la exagerada pose y las referencias medievales de los melenudos que nutrían las huestes del heavy metal.   

Tendría ya unos 14 años cuando, estando vigilando la tienda mientras mi padre trabajaba en el interior, un chaval de aspecto fiero, chaqueta de cuero y cresta en el pelo se acercó a un espacio publicitario que teníamos en la pared frente de la tienda. El espacio estaba recién pintado para posteriormente poner algo de publicidad, y lucía inmaculado en blanco.

Le observé sorprendido cuando, de la cazadora de cuero, sacó un spray de pintura y empezó a agitarlo, con ese sonido característico de clic, clic, clic. Tras agitarlo varias veces, empezó a pulverizar el spray en la pared, escribiendo grandes letras mayúsculas sobre la superficie blanca.

Debería haber avisado a mi padre desde el primer momento en que empezó a escribir en la pared, pero algo en mi interior me decía que debía esperar. Sentía una curiosidad inconsciente por saber qué estaba poniendo, de modo que me quedé mirando sin hacer nada. Cuando terminó, volvió a guardar el spray en el bolsillo de la cazadora de cuero, miró nervioso a todos lados y salió corriendo como alma que lleva el diablo.

Yo también corrí entonces a la trastienda para avisar a mi padre, y soporté estoicamente su regañina por haber dejado que sucediera. Nunca entendió por qué no le había avisado de lo que estaba pasando. Yo tampoco pude explicárselo, pero sentía que debía dejar que aquel tipo terminara lo que estaba escribiendo. En la pared blanca, en grandes letras negras aún chorreantes, el mensaje decía "ZONA PUNK"

 

Nota: El viernes 6 de Noviembre, en 7días7notas, publicaremos la reseña completa del disco y de la trayectoria del grupo.

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