La música en historias: Malditos coches eléctricos



No me gustan los coches eléctricos, me parecen prototipos de lo que debería ser el futuro, pero tengo la sensación de que nos los están metiendo por los ojos antes de tiempo.

Tienen autonomía para pocos kilómetros, no hay apenás estaciones de recarga, no hay infraestructura preparada para que sean una realidad... nos están vendiendo el prototipo inicial de algo que debería ser pero que todavía no es una realidad y... A quién quiero engañar?, todas estas razones en el fondo dan igual, no son los verdaderos motivos de mi rechazo.

La verdadera razón por la que no quiero ver ni en pintura a los coches eléctricos no es esa, ni tampoco es que esté en contra de proteger al planeta y reducir las emisiones, todo lo contrario, hay que poner medidas contra el nivel de contaminación que día a día soportamos.

La verdadera razón es que, si los coches eléctricos triunfan, ese será el principio del fin de las gasolineras clásicas, y yo las necesito para que algún día toda esa ristra de cantantes que están destrozando el panorama musical vuelva al lugar del que nunca debieron salir:

LOS EXPOSITORES DE CASSETTES DE LAS GASOLINERAS


¿De verdad fue un paso necesario en la evolución del mundo y el ser humano que cantantes melosos de medio pelo, grupos folkloricos fusionados con bakalao, bachateros disco y reggaetoneros machacones salieran de este entorno aislado y controlado para saltar a las listas de ventas?

El mundo era mejor cuando existían estos expositores, pero un día, quizá después de que un insensato comprara uno de los cassettes, y un todavía más insensato dependiente de gasolinera olvidara cerrar el candado del expositor, los cassettes saltaron hacia afuera.

Subieron furtivamente a los coches de los viajeros que repostaban, en un despliegue maligno y sincronizado, y escondidos bajo los asientos, en las guanteras o en los compartimentos laterales llegaron a las grandes ciudades.

Con habilidad militar se desplegaron por las calles, ocultándose tras los árboles y bajo los bancos de los parques, cruzando clandestinamente puentes y calles, hasta que algunas consiguieron colarse en el edificio de una famosa cadena de televisión.

De ahí al bolsillo de algún realizador o productor de contenidos que, tras cometer el error de poner una de estas cassettes en el reproductor de su despacho, cayó sometido a un proceso hipnótico que anuló sus pensamientos y le dejó bajo el control de los pequeños invasores que se rebobinaban con bolígrafos.

Lo demás es historia. OT fue como el Skynet de Terminator, que un buen día generó el apocalipsis cuando las máquinas tomaron el control de la humanidad. El golpe mortal a la música estaba dado y solo unos pocos humanos se agruparon para resistir la sibilina invasión.

Y esa es la razón por la que odio los coches eléctricos, porque no pierdo la esperanza, y con ellos se acabaría toda posibilidad de devolver esta plaga a los expositores de cassettes de las gasolineras.

Llegado el momento en el que la resistencia humana saliera vencedora de esta batalla, solo me plantearía un indulto. Como ocurre cada año en las Fallas de Valencia con uno de los ninots, salvaría una sola canción de la quema, para exponerla en un museo en el que todo el mundo pudiera verla.
Las generaciones venideras tendrían siempre presente su mensaje y no volvería a haber riesgo alguno de que la humanidad volviera a cometer de nuevo este flagrante error.

¿Y qué canción sería? No recuerdo el título, pero dice algo así como:
"Dame, dame gasoooooolinaaaaaaa......."

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