La música en historias: El Gran Litbarsky




Los hermanos Coen crearon su mítico personaje del "Gran Lebowsky" y marcaron a toda una generación, 7 días 7 notas incluidos. Pero aquí voy a centrarme en un personaje anónimo y querido al que llamaremos "El Gran Litbarsky".

En el año 1991 hubo un disco que fue como un torpedo lanzado a la línea de flotación de nuestra mente. Los artífices de tan brutal artefacto fueron Axl, Slash y compañía con aquel disco genial y desmedido que salió a la venta como dos discos dobles separados pero simultáneos en el tiempo, el enorme "Use Your Illusion I y II".

Aquello fue el zenit de Guns and Roses, el momento de más brillo (con permiso del Appetite for destruction) antes de que todo saltara por los aires en una gran supernova y solo quedara el silencio de los pequeños fragmentos de estrellas. Pero en ese momento no lo sabíamos, y cegados por el brillo incandescente de tantos buenos temas rock con influencias y descaro punk, nos embarcamos en la aventura de ir a verles en concierto.



Vinieron de gira a España el 6 de Julio de 1993. El día D a la hora H, una avanzadilla de dos miembros del grupo de amigos fuimos al Vicente Calderón a esperar en la cola para ser de los primeros en entrar y poder así estar lo más cerca posible del escenario. Quizá nos pasamos un poco porque la hora H fueron las 12 de la mañana, lo cual supuso demasiadas horas deambulando por los aledaños del templo rojiblanco, pero aquello era un momento especial y queríamos ver a nuestros ídolos casi al alcance de las manos.

El tercer miembro asistente era ni más ni menos que "El Gran Litbarsky", pero decidió esperar en casa tranquilamente y acudir mas tarde a la gran cita. Muy probablemente se levantó a la hora en la que nosotros llegamos al estadio y nos pusimos en la cola, desayunó después tranquilamente, escuchó sin prisa a su adorado Sabina, puede que también pusiera a Falco mientras ordenaba su habitación o mientras leía algún libro, justo antes de comer y echarse una reparadora siesta.

Entretanto nosotros peleábamos con la jauría humana que, viendo las colas interminables y que la organización decidió abrir una sola puerta en ese momento, se precipitó en masa hacia esa puerta para entrar al estadio. Mi otro amigo es todo un "Demonio", pero hasta a él la situación le asustó cuando la policía, para evitar el colapso y los incidentes que se estaban generando en la puerta, cargó con la caballería montada que vigilaba el estadio.

El Demonio y yo nos perdimos el uno al otro entre el caos, un caballo me golpeo con los cuartos traseros desplazándome un par de metros, pero finalmente conseguí entrar al estadio. El Demonio me esperaba dentro, en las escaleras de la puerta por la que habíamos conseguido acceder.

Agotados, sudorosos, con las camisetas negras de los Guns and Roses arrugadas y hasta rotas por los enganchones del tumulto, decidimos que el plan establecido iba a tener algunas modificaciones. Nada de ir a la pista a pelearnos por verles más cerca, mejor restañar las heridas en una de las gradas, sentados en los reparadores asientos rojos y blancos.

En quel momento el Gran Litbarsky aún tuvo tiempo de probar en el tocadiscos su flamante nuevo descubrimiento. Su padre había encontrado una caja llena de vinilos que algún descerebrado había abandonado en la basura, y entre los discos había cosas de Cat Stevens, Radio Futura y Tracy Chapman, joven cantautora de color con un disco de debut desgarrador y brillante. Ella también brilló incandescente por aquel tiempo, para apagarse después en posteriores publicaciones. Gracias a la insistencia del Gran Litbarsky descubrimos también nosotros aquel disco.

Con las últimas notas de la guitarra acústica de Tracy, por fin decidió ponerse la chaqueta y salir de casa para encaminarse al Vicente Calderón en transporte público.

Cuando empezaron a tocar los teloneros, Suicidal Tendencies primero y Brian May después, el campo ya tenía una entrada considerable, y encontrar a dos rendidos seguidores habría sido una tarea imposible aunque no hubiéramos cambiado el plan y nos hubiéramos ido a la pista. Perdimos toda esperanza de que El Gran Litbarsky pudiera encontrarse con nosotros.

Nunca pudimos explicar como, y nunca salimos de nuestro asombro, cuando con el Vicente Calderón ya casi lleno hasta la bandera, poco antes de que Brian May atacara "Too much love will kill you", con la tranquilidad y las gafas de sol que se gastaba Eugenio, con la chaqueta y la camisa sin una sola arruga, sujetando un mini de cerveza en una mano y un cigarrillo encendido en la otra, bajó con parsimonia las escaleras de la grada y se sentó a nuestro lado soltando un "que pasa chavales" que nos dejó con la boca abierta.

Por momentos mágicos como este tiene el adjetivo de grande, como Lebowsky, Gatsby o Wyoming. Genio y figura.

Comentarios

  1. Yo también estuve en ese concierto!!!!!
    Gran texto Nevermind

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  2. Que casualidad!!!! Espero que como el Gran Litbarsky tu llegaras cerca del comienzo y te evitaras la odisea de los que nos plantamos allí muchas horas antes. Encima ya sabemos como era por entonces Axl con los horarios...

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